North Korea State of Mind
¿Por qué nos fascina Norcorea?
A mediados de este año, salió a la luz que diversas empresas tecnológicas norteamericanas habían sido timadas por espías norcoreanos. Los hábiles norcoreanos robaban identidades, montaban perfiles falsos y se candidateaban a puestos vinculados a programación y ciberseguridad. Parecería que para cumplir con todas las misteriosas pretensiones de los departamentos de RRHH uno debe ser un mentiroso profesional asistido por un equipo criminal multidisciplinario - el org chart de uno de estos grupos nos muestra que cada célula tenía al menos un encargado de optimizar currículums. Resulta que buscar trabajo sí es un trabajo de tiempo completo, y podría mantener ocupado a todo un equipo. Por supuesto, una vez contratados, esos espías no pretendían generarle valor a los stakeholders, sino robar secretos de industria y triangular fondos hacia Norcorea.
Si bien los contratistas estatales y las empresas de ciberseguridad resultaban blancos particularmente atractivos, una vez comenzaron a buscarlos, aparecieron norcoreanos por todas partes. En Amazon, en Google, y en consultoras a las que gigantes de industria delegaban tareas que requerían acceso a sus sistemas.
Esta pieza perfectamente podría tratar sobre las impericias de los departamentos de recursos humanos, que someten a quienes buscan empleo a un circo de entrevistas redundantes y engorrosas tareas impagas, pero son incapaces de conducir un background check. Prefiero seguir pensando en Norcorea.
El robo del milenio
En los últimos 15 años, tanto el FBI como expertos forenses independientes le atribuyeron al menos 6 ciberataques multimillonarios a los norcoreanos, y una miríada de operaciones pequeñas.
Como todo contrincante digno, los norcoreanos son versátiles. Comenzaron a infiltrarse en empresas norteamericanas durante 2020, aprovechando el boom del trabajo remoto. Además, el trabajo remoto les permitía triangular fondos ágilmente, esquivando mecanismos anti-lavado que sólo se activan con movimientos particularmente generosos y sospechosos.
Hablando de movimientos generosos y sospechosos, hace tres días, el 29 de octubre de 2026, unos seis mil trescientos millones de dólares escaparon de las billeteras de Binance. Esta suma inimaginable estaba distribuída en 10 blockchains distintas.
Siempre se dijo que la desprotección ante el ciberdelito era el precio a pagar por dinero digital incensurable, pero al parecer esas reglas sólo corren para tu tía que fue despeluchada por un adolescente de Laos. Cuando el monto es importante y hay intereses reales en juego, el FBI interviene y súbitamente, aquello que estaba descentralizado se centraliza. Luego del vaciamiento de un exchange de crypto, los fondos espurios suelen ser trazados y congelados, a contramano de las promesas de la blockchain. Esto ha sucedido luego de hackeos anteriores y ya está sucediendo en el aftermath del robo a Binance.
Orientalismo
Los hackers norcoreanos distan de ser la primera amenaza cibernética oriental. Oriente es exótico y es peligroso, una combinación letal. Oriente arremete contra nosotros blandiendo armas que desconocemos, en nombre de causas que nos resultan incomprensibles. Recuerdo cuando en 2011, desde este hemisferio, miramos el funeral masivo de Kim Jong-il y proclamamos que si los norcoreanos eran seres humanos con vidas internas ricas y complejas, de seguro sus lágrimas eran falsas. Estaban oprimidos, ¿No es así? En Norcorea la vida es miserable - ¿Hasta dónde puede llegar el síndrome de Estocolmo? Desde el vamos, nos resultaba incomprensible que cientos de miles de personas lloraran a un líder político. Me pregunto qué habría sucedido si algún rogue agent le gatillaba en la cara a Kim Jong-il. ¡Lo extensas que habrían sido esas columnas de opinión!
Podríamos decir que los hackers norcoreanos ocupan el lugar que a mediados de los 2010s se le asignó a las "granjas de trolls" rusas. Cuando se alertaba sobre las granjas de trolls, también se alertaba sobre las noticias falsas y los periodistas enarbolaban la bandera de la lucha contra la desinformación. Hoy parecería que ese barco ya zarpó.
A ver, las "granjas de trolls" existían y existen. De hecho, hoy cualquiera puede montarse una granja de trolls en su casa - es el parripollo de los estudiantes del ITBA. También existen los hackers que trabajan para el gobierno norcoreano. Pero me interesa cómo la narrativa sobre estas amenazas se configura en el imaginario occidental. ¿Qué le hacemos a la verdad cuando la encontramos?
En Orientalism - lectura obligatoria - Edward Said apunta que los análisis espectulativos que Occidente hace sobre Oriente están marcados por:
- Exageración de la diferencia - La diferencia entre Occidente y Oriente es fundamental, absoluta e ineludible.
- Presunción de superioridad occidental - "Inside every gook, there is an American trying to get out"
- Representación estereotipada - Cuando estudiamos cualquier cosa que sucede en Oriente (ya sea en Rusia, en el mundo Árabe o en Corea del Norte), la pensamos como la consecuencia de códigos ortodoxos y estereotipos. Pensamos en los individuos como representantes predecibles y fanatizados de un sistema simbólico relativamente homogéneo y estático.
Estos tres vicios explican perfectamente nuestros sentires sobre Norcorea. Son fanáticos religiosos, atrapados en un mundo paralelo, hackeando por el líder como quien muere por Alá - ojalá hubiesen tenido la suerte de ser occidentales. Tampoco ayuda el hecho de que la nación asiática sea impenetrable.
Imaginando Norcorea


En 2015, el New York Times publicó una serie de fotografías de objetos cotidianos que David Guttenfelder había tomado en distintos viajes a Corea del Norte. La mistificación en la que hemos envuelto a esta nación desconocida y hostil ha llegado a tal punto que consideramos digna de ser noticia la foto de un kit dental de viaje, o de una caja de fósforos.
Hay algo artificial y onírico en todas las imágenes que salen de Corea del Norte - hayan sido producidas por el mismo gobierno norcoreano o por escépticos corresponsales occidentales. Vemos ciudades vacías con las pretenciones futuristas del siglo pasado. Monumentos a mesías ajenos en plazas que parecerían servir sólo como los escenarios de desfiles militares. Lo poco que vemos nos da la sensación de que nadie vive en Norcorea. Y nuestro sentido común nos lleva a concluir que cualquiera que viva en Norcorea está loco.
Tras veinticinco años de fracasos, la Guerra contra el Terror en Medio Oriente está por concluir. Creo que estamos a unos meses de que algunos lunáticos y algunos despistados caigan en cuenta de que todo el mundo perdió, incluido ellos.
Quizás sea por su cercanía con China, o por su utilización de tecnología a la que se supone que no deberían tener acceso, quizás sea porque compensaron por su atraso tecnológico perfeccionándose en los crímenes del futuro - pero algo me dice que en los próximos años vamos a estar imaginando a esta gente todo el tiempo.