El pueblo quiere saber de qué se trata

Breve historia del conflicto por Malvinas

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El pueblo quiere saber de qué se trata

La esperable comparación de Milei con Galtieri en la cobertura mediática nacional e internacional tras los anuncios del presidente el 4 de septiembre, nos ofrece un recurso interesante para pensar realmente cómo se encuentra Argentina en relación a la causa Malvinas. En  rigor, la comparación es odiosa: equipara una operación militar de una dictadura, con el uso activo de medidas que - en definitiva - estaban a disposición por ser leyes democráticas, e invocando un principio constitucional. Sin embargo, no debe desperdiciarse esta oportunidad de revisitar la guerra, ya que expuso de primera mano cómo funciona la jerarquía atlantista.

Es cierto que la dictadura tenía urgencias reputacionales, pero también se enfrentaba a una serie de provocaciones británicas destinadas a boicotear los diferentes avances diplomáticos para la transferencia de las islas que habían tomado lugar en los '60s y '70s. El tema estaba presente en la agenda política-diplomática, y no por una acción premeditada de la junta. El punto de inflexión fue a mediados de la década del '70, irónicamente, por el descubrimiento de posibles yacimientos hidrocarburíferos en la región. A partir de ese momento, la estrategia diplomática británica comenzó a virar en favor de la "autodeterminación" de la población implantada, que era en realidad un eufemismo para legitimar a los intereses económicos detrás de la ocupación, explicitados en el informe Shackleton.

La Junta Militar vio una ventana de oportunidad fundada en buena parte por la embajadora estadounidense en la ONU Jeane Kirkpatrick, que explicitó su apoyo a Argentina en los foros internacionales. El modo en que EEUU comenzó a usar los conflictos coloniales después de 1945 como forma de ejercer leverage sobre sus rivales geopolíticos sin dudas inspiró a los militares argentinos. La crisis de Suez jugó un rol fundamental al erigir a los estadounidenses como el único "árbitro" occidental.

En 1956, el presidente egipcio Gamal Abdel Nasser nacionalizó el canal de Suez, previamente bajo administración británica y chokepoint clave en la distribución del petróleo desde el golfo Pérsico. Una coalición anglo-francesa-israelí intervino para recuperar el control del canal y deponer a Nasser. Esto disgustó a un Eisenhower ocupado en contener el reclamo de la Unión Soviética. Era un momento de alta tensión por la intervención rusa en Hungría, y para EEUU convalidar una aventura militar de sus aliados significaba una pérdida de autoridad mayúscula. Washington y Moscú amenazaron a Londres, con munición económica los primeros y con munición nuclear los segundos, y a principios de 1957 la coalición se retiró. La crisis de Suez puso fin a la pretensión británica de actuar como gran potencia mundial autónoma, inaugurando la  "relación especial" en su forma moderna: ya no es una alianza entre pares, sino un sistema de influencia mutua anclado en la subordinación atlántica de Londres hacia Washington.

En 1823, en los albores de la Doctrina Monroe (pensada para prevenir la intervención militar de la Santa Alianza en los territorios del viejo Imperio Habsbúrgico), el ministro de relaciones exteriores George Canning afirmó que estaría dispuesto a hacerla cumplir con los cañones de la Royal Navy. John Quincy Adams (padre fundador y entonces Secretario de Estado) desconfió de los motivos británicos (Londres había quemado y bombardeado Washington apenas once años antes) y recomendó una declaración unilateral en vez de conjunta -pero materialmente, la supremacía naval todavía quedaba en manos de Albión. 

Más de 150 años después, en Malvinas, veríamos la situación inversa:: el apoyo en material balístico y de inteligencia de señales/geoespacial representan la superación del paradigma de supremacía naval pura de los británicos, y se volvería una palanca fundamental de la proyección de poder estadounidense alrededor del mundo.

Downing Street iba a tener que elegir entre sostener económicamente capacidades aéreas y navales disuasivas frente a una acción bélica de Argentina, o pagar el costo político de poner en riesgo el control efectivo de las islas.

Horas antes del desembarco, Reagan llamó a Galtieri intentando disuadirlo de la acción militar. La transcripción de esa conversación da cuenta de que el vínculo con Londres iba a primar, a pesar de las buenas relaciones cultivadas con la Argentina. Así, EEUU intervino de forma decisiva en favor de Inglaterra. Podríamos especular que sin su apoyo,  se habría vuelto tortuoso y extenso un conflicto con Argentina - conflicto que Argentina planteó de forma audaz, apostando a una lógica de disuasión extendida pero con un respaldo militar, logístico y diplomático insuficiente para sostener el control de las islas. Lo que la llamada no explicita, pero uno puede intuir, es que Washington nunca quiere aliados que "se corten solos".

La idea de que para la Junta Militar la Operación Rosario representara algo más que un intento desesperado por legitimarse y permanecer en el poder no ha sido suficientemente explorada. En toda guerra, el costo humano y moral tiende a nublar las implicancias estratégico-militares, especialmente para el lado derrotado. Buscadas o no, Malvinas le dió a Argentina dos enseñanzas fundamentales: 

  • Una experiencia valiosa en el combate moderno y multidominio contra una potencia naval de primer orden (desaprovechada por una mala gestión posterior del sistema de defensa)
  • La certeza de que la protección militar de las islas era siempre una decisión costosa para los británicos. Downing Street iba a tener que elegir entre sostener económicamente capacidades aéreas y navales disuasivas frente a una acción bélica de Argentina, o pagar el costo político de poner en riesgo el control efectivo de las islas.

Per Mare, Per Terram

Base de la RAF - Mount Pleasant (Monte Agradable, Islas Malvinas)

El discurso presidencial del viernes pasado no se parece en nada al pronunciado por Galtieri el 2 de abril de 1982 desde el balcón de la Casa Rosada. Las diferencias entre ambos oradores pueden atribuirse a los criterios estilísticos que impone la democracia liberal, distintos a los de una dictadura. Puede que hoy haya un mejor manejo narrativo. Pueden ser muchas cosas, pero para mí hay un dato biográfico de Milei que vuelve a todo este asunto muy interesante.

En una de sus tantas intervenciones mediáticas de hace unos años, Milei contó a través de una traumática anécdota cómo vivió el anuncio de la invasión. La impresión de que era un conflicto imposible de ganar en el frente militar le pareció una obviedad al joven Milei, pero al externalizarlo fue severamente reprendido por su padre. El destino tardaría algunas semanas en darle la razón, y varias décadas en presentarle una oportunidad de revancha.

Inicialmente, la Operación Rosario se valió del factor sorpresa. Las islas se encuentran a más de 12.000km de Portsmouth y a 6.000km de la base de la RAF en Ascensión. Al momento de la invasión, cuando la muchedumbre festejaba en la Plaza de Mayo, en Malvinas había sólo una guarnición de 85 Royal Marines, soldados bien entrenados pero con una función más policial que de defensa. El despliegue inicial de las fuerzas argentinas ocurrió sin sobresaltos (las únicas bajas fueron del lado argentino); la junta militar apostó a emplazar una gobernación militar, previendo que Londres no escalaría y se vería forzado a negociar la cesión de las islas. Los isleños, que comenzaban a ser un sujeto político "a conquistar" por los dos lados del Atlántico, ahora estaban frente a la opción de seguir siendo gobernados por Thatcher o probar una nueva aventura con Galtieri. No obstante, la respuesta de Maggie fue contundente: un grupo de tareas anfibio, un grupo de portaaviones, un grupo de submarinos, y dos brigadas de tierra zarparon desde Portsmouth y Gibraltar, sumando más de 100 buques en total.

Con la foto de 1982, resulta incómodo pensar nuevamente en EEUU como un aliado diplomático fiable para recuperar las islas.

Para defender un emplazamiento colonial de 2000 habitantes, Reino Unido debió movilizar de forma apresurada casi dos tercios de su flota. La Brigada de Royal Marines desplegada en Malvinas (3 Commando Brigade) fue reasignada de su puesto original en Noruega, con funciones de respuesta rápida frente a la URSS en caso de conflicto. En la delicada economía de recursos bélicos en países con intereses globales, esta clase de escenarios representan serias ventanas de vulnerabilidad.

Terminada la guerra, los británicos decidieron reforzar la seguridad de la isla construyendo una base de la RAF en Monte Agradable, con instalaciones que permiten el despliegue múltiples cazas supersónicos y de aviones de repostaje, así como capacidades de guerra electrónica y vigilancia aeroespacial. Cualquier iniciativa argentina posterior debería enfrentarse a un escenario de inferioridad aérea y a una guarnición de 1000 hombres. Hoy, la Royal Navy posee un cuarto de su capacidad operativa respecto a 1982, pero RAF Mount Pleasant suple la necesidad de desplegar un portaaviones y transportar tropas desde Europa.

Con la foto de 1982, resulta incómodo pensar nuevamente en EEUU como un aliado diplomático fiable para recuperar las islas. Al mismo tiempo, es aún más difícil imaginar un escenario donde se pueda torcer el brazo de los ingleses teniendo a EEUU en contra. Acá la comparación con Galtieri es útil, pero no por su equivalencia sino por dónde divergen.

El gobierno argentino aprovecha un claro declive de la posición británica en la diplomacia atlantista y su propia cercanía operativa con Washington para dar curso a una iniciativa que, de no prosperar, tampoco le impide desescalar. El Brexit amputó la capacidad del Foreign Office de influir en el ámbito europeo; los enormes esfuerzos militares y diplomáticos (que incluyen sanciones económicas a empresas y empresarios afines a Rusia) no están logrando dar una salida al conflicto en Ucrania. La puesta en duda de la continuidad de la Base Diego García en el Índico (en otro caso turbulento de retirada colonial) y la negativa a su uso por parte de EEUU para lanzar desde allí ataques al bloqueo iraní en Ormuz son probablemente la gota que rebalsó el vaso.

Cuando Trump afirma que Reino Unido no podría defender las islas de la misma manera que en el '82, abre dos lecturas aparentemente contradictorias pero políticamente efectivas. Plantea la realidad de tener una capacidad francamente ociosa en Mount Pleasant (con un costo de mantenimiento anual estimado en más de 100 millones de dólares), dado el estado de desguace de las capacidades navales argentinas; pero además, en el caso hipotético de un rearme en nuestro país, una respuesta acorde por parte de la Royal Navy tendría consecuencias catastróficas para la seguridad del Atlántico Norte en un momento donde las tensiones con Rusia están en niveles comparables (o quizás superiores) a los de la guerra fría.

"Galtieri took the Union Jack"

La cadena nacional que vimos la semana pasada es el primer acto formal de Milei relativo a la cuestión Malvinas. En su discurso plantea una disputa por las islas en un área de operaciones diferente a la propuesta en 1982. No lo presenta como una gesta meramente emocional, no es una arenga que busque el clamor popular: es un llamamiento institucional, fruto de un mandato constitucional y haciendo un uso táctico de leyes sancionadas por el Congreso e impulsadas por su actual oposición.

Es precisamente esa oposición la que parece obstinada en marcar estos hechos como "poco sinceros" o"incompatibles con cómo piensa Milei" - sea, políticamente calculados. Podría ser simplemente eficacia y olfato político, pero también un intento de engañar al electorado, o de forzar a la oposición a que apoye medidas "agrias" bajo la extorsión chauvinista. Pero hasta ahora los efectos han sido bien distintos.

Se registró una caída modesta en la cotización de las acciones de Rockhopper y Navitas - las compañías extranjeras que pretenden explotar la zona en disputa -, y el sector empresario argentino se expresó casi unánimemente a favor de las medidas anunciadas. La respuesta del foreign secretary Ed Milliband fue insípida: un tweet recordando que Reino Unido adhiere al principio de autodeterminación de los isleños. Hoy temprano, Whitehall anunció que, junto a Canadá y varios países de la Unión Europea, impondrán un paquete de sanciones contra Tel Aviv en respuesta a la crisis humanitaria en Palestina, recrudecida por los ataques del 7/10/2023.

Burnham asume la conducción de un gobierno crónicamente inestable (es el sexto Primer Ministro en 10 años), en medio de un fervor nacionalista que sacude a Europa continental. Los conservadores más duros le reclamarán simultáneamente que no rife los dominios coloniales y al mismo tiempo, que reduzca el déficit y el costo de vida.