No son horas
Cuando me desvelo de madrugada puedo despertar de dos maneras: aterrorizado por el inminente final de la especie humana, o pensando cosas relacionadas a mi trabajo. En el primer caso, me pongo a leer el Libro de las Revelaciones; en el segundo, navego mi feed de X.com para ver si alguien escribió algo interesante en su Substack. A las 5am del sábado, me desvelé en mi humor "laboral".
Antes que pudiera ponerme a scrollear la pantalla del teléfono, veo un video de la Casa Blanca con Donald Trump en un atril, sin nadie alrededor, con un maquillaje poco habitual, sin corbata y con una gorra blanca que reza "USA" en letras serifas.
El look, según reporta La Derecha Diario, se explica por la apretada agenda del presidente norteamericano, quien luego de ser anfitrión de un mitin en su complejo residencial en Mar-a-Lago, se retiró para atender la operación militar que descabezó al régimen chiíta.
Una operación anunciada en la trasnoche, planificada a los tumbos -de espaldas a su electorado y al resto del sistema político- que hasta ahora le costó 3 vidas a las fuerzas armadas norteamericanas. La opinión pública comienza a darse cuenta de la visible falta de agencia de Trump, que comienza a tener el tipo de exposición de un fusible próximo a saltar.

Hay que darle crédito al vicepresidente Dick Cheney por haber logrado digitar una operación de una escala mucho mayor, iniciada después de las 8am de un martes, bajo la luz otoñal de Manhattan. Una farsa mucho más truculenta pero más efectiva, que logró legitimar las más variadas tropelías en medio oriente sin mayor oposición partidaria y mediática, garantizando la reelección de su títere.
Evidentemente el trabajo a contraturno no da buenos resultados.