¡Andá a saber!

No es cierto que “nunca pasa nada”. Pasan cosas todo el tiempo pero no es para tanto.

¡Andá a saber!

Feliz domingo,

Mi canción de hoy es “far away” de Ch111oe:

Antes de empezar con el tema francamente embarazoso que monopolizará esta edición, me gustaría introducir un par de noticias/observaciones interesantes.

Cosas que vimos venir

  • Las startups de DefenseTech están captando un 10% del venture capital europeo, un récord que confirma algunas de nuestras predicciones.
  • El último número de la revista WSJ estelariza en su portada a un Mick Jagger espontáneo, mal iluminado y mínimamente retocado. Es el planeta de Jurgen Teller, sólo vivimos en él.
  • Como comentó Gergely Orosz en Twitter esta mañana (y supe advertir en un sinfín de artículos), vamos a ver una degradación profunda de la internet de acceso libre. En este contexto, la atomización del ecosistema mediático va a co-existir con una pretensión de monetización mucho más agresiva que aquella a la que estamos acostumbrados. Esto podría llevar a una nueva concentración - y, como advierte Gergely, significa una oportunidad para el bundling de suscripciones y el desarrollo de plataformas premium de procesamiento de fuentes pagas.
  • Recién, Maya Hawke (actriz hija de Ethan Hawke y Uma Thurman) advirtió que los casting directors usan el conteo de seguidores de Instagram de los actores como criterio para castearlos o no. Además de actuar, ahora el elenco debe garantizarle una audiencia cautiva a una producción. Por supuesto, las celebridades siempre traccionaron audiencias - pero la construcción de la celebridad era un trabajo de publicistas, agentes y otros burócratas de Hollywood, no una responsabilidad exclusiva del actor y del pasante que le gestiona Instagram. Todo esto es una locura y una clara consecuencia de un aparato que ha decidido que ya no es capaz de operar dentro de la cultura y generar demanda. Un asco, vayan a laburar.

Como fuese, vamos a lo que nos compete:

Rugpull presidencial

Aunque parezca mentira, tomo clases de canto. No me interesa particularmente cantar. El asunto es que trabajo de hablar con diversa gente durante mucho tiempo todos los días – y a mediados del año pasado comencé a ahogarme en medio de reuniones. De un momento al otro, dejaba de salirme la voz – no por nerviosismo, si no porque sencillamente me gusta hablar rápido y carecía del entrenamiento vocal para hacerlo. Tengo una fijación por estar sobre-calificado, así que si voy a hablar, quiero poder cantar.

Mi profesora de canto es absolutamente adorable y tiene más o menos mi edad. Entonces, en algún momento de la semana pasada, comenzamos a charlar sobre cómo, según ella, ahora todo el mundo se toma demasiado en serio el día de los enamorados. Horas después, confirmé sus sensaciones.

Tuve una gran cena del día de los enamorados, en uno de los pocos restaurantes que aún tenía capacidad y no te encorsetaba en un menú grotesco. La peor gastronomía es aquella diseñada para un ritual que designé, de forma muy poco elegante, como "jetoneo con hembra". Sabés a lo que me refiero: Pésimo sushi, tartar microscópico, comida ortomolecular... platos que tienen sentido en los estadíos más tempranos del ritual de apareamiento, más no en un matrimonio. Cenamos al aire libre hasta que empezó a llover. Luego, nos apostamos bajo una Monstera a terminar un pinot noir olvidable pero cumplidor. Fui feliz.

Volvimos a casa y me anoticié de que el presidente de todos los argentinos había promovido una memecoin bajo el pretexto de un proyecto para traer inversiones al país. Como toda memecoin, se trató de un rugpull. Y como todo movimiento vagamente pro-crypto de parte de una figura pública, fue celebrado por un ecosistema de founders poco rigurosos. Algunos meramente avalaron la criptomoneda con platitudes. Otros se apuraron a facilitar la compra del activo.

El rugpull terminó relativamente pronto, y el payday fue el más jugoso en la joven historia de las memecoins.

Este suceso puede analizarse en varios niveles. Yo voy a concentrarme en cómo afecta las narrativas predominantes del ecosistema crypto.

Aquí no pasó nada

Cuando uno considera el potencial backlash de cualquier evento, dentro de las posibilidades tiene que contemplar que quizás no pase nada. Así que mi primer escenario potencial es que este asunto no va a cambiarle la vida a nadie.

Esto no me gusta, no me parece interesante, y creo que quienes sostienen que no va a pasar nada perpetúan esta necedad a costa de ignorar sucesos evidentes. Pasan cosas todo el tiempo. Lo que ocurre es que la gente espera alguna gran hecatombe, un momento que se sienta especial y trascendente mientras ocurre. Ya tuvimos varios así. Algunos nos gustaron, otros no tanto. Pero también vale la pena considerar que uno puede estar viviendo una hecatombe en cámara lenta durante meses sin darse cuenta, y va a importar igual.

Si estamos promediando un desastre de ebullición lenta, lo sabremos dentro de mucho tiempo. Y cuando llegue ese momento, esto ya será parte del pasado y diremos: Bueno, esa fue la última vez que pasó algo. Gracias a Dios ahora no pasa nada.

Aborten las integraciones

El sueño de la adopción masiva de cripto nunca nos dio nada bueno. Toda optimización de costos, de escalabilidad, de velocidad o de infalibilidad de la blockchain podría haberse logrado sin pensar que el objetivo final era que la tía Paloma fuera a la verdulería y pagara con Tether. Eso es una estupidez que solo sirve para sacarle dinero a los VCs.