La utopía perdida de Pokémon GO

La utopía perdida de Pokémon GO
" The internet is now more potent than ever. It has not only sparked but fully captured the imagination, attention and productivity of more people than at any other point before. Never before have more people been dependent on, embedded into, surveilled by, and exploited by the web. It seems overwhelming, bedazzling and without immediate alternative. The internet is probably not dead. It has rather gone all-out. Or more precisely: it is all over!" - Hito Steyerl, Too Much World: Is the Internet Dead?

En junio de 2016, la entonces candidata a la presidencia de Estados Unidos por el Partido Demócrata, Hillary Clinton invitó a los jóvenes a "Pokémon GO to the polls", un juego de palabras que además de torpe es intraducible, así que ni siquiera voy a intentarlo.

Pokémon GO se lanzó en 2016. El chistonto de Hillary llegaría cosa de un mes después.

Fuente: Google Trends

Pokemón GO nunca pudo replicar el nivel de hype alcanzado en 2016. Y si bien recuerdo haber visto racimos de chicos en las plazas jugando Pokémon GO c. 2018-2019, este es el tipo de producto que la pandemia destruyó y que jamás pudo recuperarse. Podríamos decir que sufrió un destino similar al de los locales bailables.

Anteayer un amigo me envió un post de Archivo General Maslatón que rememora la incursión en Pokémon GO del influencer - sí, voy a sintetizar su figura en ese rotulo lapidario.

Inmediatamente después, recordando los buenos momentos, me descargué Pokémon GO. Aproveché la mañana del feriado del 2 de abril para salir a cazar pokemones con mi esposo.

Más allá de los buenos momentos, mi retorno a Pokémon GO me invitó a reflexionar sobre las promesas de la realidad aumentada, y sobre el metaverso y la realidad virtual como presuntas instancias superadoras.

A continuación, algunas notas:

Fundamentos ideológicos de Pokémon GO

Básicamente, Pookémon GO es un juego de exploración urbana en el que los usuarios recorren sus alrededores buscando personajes virtuales pero geográficamente anclados.

A su vez, en nuestro mapa vemos diversos gimnasios Pokémon y "Poke-paradas" que remiten a hitos urbanos (mayoritariamente graffitis). Algo interesante: En varias ocasiones, he visto que las Poke-paradas se correspondían con graffitis que el tiempo y las pujas territoriales entre artistas han destrozado. Pokémon GO funciona, sin quererlo, como una suerte de pequeño archivo de arte urbano.

Cosas que no deberían preocuparnos tanto
Internet y más allá la inundación

En Pokémon GO, el entorno es importante y salir a la calle es obligatorio. Hoy, más allá de ciertas tensiones sobre si internet es un espacio que construir o que depredar, vemos que está en disputa la relación de internet con el mundo: ¿Queremos que el mundo sea un subsidiario de internet o al revés?

Es cierto que Pokémon GO nos invita a salir a cazar animales virtuales imposibles; pero mientras jugamos podemos ver que:

  • Nuestro mapa está inspirado en la trama urbana - por ejemplo, las plazas y otros "terceros espacios" son gimnasios Pokémon.
  • Ante señales de movimiento que sugerirían que estamos en un vehículo, recibimos una alerta que nos pide que no juguemos mientras conducimos. La advertencia se cierra confirmando que uno no está al volante.
  • Con reiterancia pero sin avasallarnos, se nos recuerda que en el mundo hay gente y que debemos estar atentos y ser buenos ciudadanos.

Básicamente, en Pokémon GO la tensión del mundo como subsidiario de internet es mermerada gracias a notices positivas y referencias al mundo real - además de una dinámica de juego que te invita a interactuar con cualquier jugador que te choques.

Pokémon GO es contemporáneo al boom de los filtros de Instagram. Quizás sea el mejor producto de una época en la que pensabamos internet como una capa de entretenimiento que se superponía con el mundo real - lo suficientemente convincente como para ver a Charmander en la cocina, pero translúcida. Haciendo un uso muy cuestionable de un cliché, la realidad aumentada nos permitía ver el árbol y el bosque al mismo tiempo - internet y nuestro contexto real.

No importa cuánto intentemos imaginarla como un jardín, un casino o un templo -internet es una cosa amorfa. Pero desde que internet se convirtió en consumer tech, cada puñado de años vemos que cambia de forma. Al principio, era una caja que teníamos en el living. Después se convirtió en un espejito que teníamos en nuestro bolsillo todo el tiempo, con contenido atrapado detrás de una pantalla de una nitidez sin precedentes. Hacia mediados de la década pasada, especulabamos que quizás internet se convirtiese en un velo que le pusiesemos a la realidad para hacerla más divertida.

Esta visión de internet sobrevive hoy en filtros embellecedores y un sinfín de features útiles de Google Search & Google Translate. Dejamos de imaginar velos interesantes, y nos volvimos utilitaristas. La realidad aumentada sirve para catfishing, traducciones de cartelería y búsquedas de productos.

En cierto sentido, Pokémon GO fue la primera red social basada en realidad aumentada. Hoy, continuando el chiste sobre catfishing, podríamos decir que Instagram tomó su lugar - pero eso sería poco serio.

Como fuese, la promesa lúdica de Pokémon GO sólo podía ser imposibilitada por alguna clase de cisne negro - por ejemplo, una crisis global cuyas medidas de contención hagan de salir a pelotudear a una plaza un acto criminal. Un toque de queda global que dure años - sólo eso podía acabar con Pokémon GO y la visión de internet que representaba.

No me lo vas a creer...

En 2020, sucedió algo en China. Este suceso desencadenó una pandemia de una nueva cepa de gripe, SARS-CoV-2/Covid-19/Coronavirus.

Para la persona promedio, el Coronavirus era una gripe severa, que acarreaba síntomas molestos y temporalmente inhabilitantes, como fiebre o un dolor de garganta agudo. Para la población inmunodeprimida, los ancianos y personas con patologías pre-existentes, el Covid-19 podía ser letal.

Quizás este racconto de algo que todos recordamos parezca innecesario. Estoy pecando de largoplacista y asumiendo que quizás este texto vaya a llegarle, algún día, a alguien que necesite que se le recuerden estos detalles. Como fuese, para prevenir la propagación del virus, la mayoría de los gobiernos del mundo decretaron medidas de aislamiento. Quienes comerciaban con frivolidades debieron digitalizar sus negocios, ir al supermercado era un suplicio, había que tener un permiso para circular más allá de cierto radio desde tu domicilio. Gente fue arrestada por salir a tomar sol. Restaurantes comenzaron a operar clandestinamente. Vecinos comenzaron a denunciarse entre sí por presuntos asados ilegales que ponían en jaque la salud pública. Cientos de miles de empresas se vieron forzadas a adoptar el trabajo remoto.

En este contexto, la mayoría de los seres humanos incrementaron su consumo de internet hasta el absurdo. Si antes parecía que internet podía convertirse en un filtro que ponerle al mundo para entender más, disfrutar más y conocer más gente, esa futurología estaba cancelada - o al menos supendida indefinidamente. La razón era sencilla: El mundo que enriquecer embebiendole internet se había reducido. No había más mundo, sólo quedaba internet.

El metaverso