Llegar temprano como servicio a la comunidad (3/?)

Sobre la muerte de la imagen, la tokenización de todo, y el internet de los árboles.

Llegar temprano como servicio a la comunidad (3/?)
Addison Rae, por Petra Collins para Ssense

¿Qué tal?

Espero que estés teniendo un buen comienzo de semana.

Mi canción de hoy es “Dopamine” de DIIV:

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Esta edición pretende ser un popurrí de época. Una suerte de síntesis de tendencias a las que no perderle el rastro. Sin más preámbulos, acá va:

Text-first

El domingo, después de desayunar, devoré “All Networks Lead Through Kansas: The Text Image”, un ensayo de Phillip Pyle para 032c.

Básicamente, el artículo explora el ascenso de la “imagen de texto” (o como me permitiré llamarla, la “imagen-texto”); un estilo gráfico que aisla al texto y lo posiciona en reemplazo de la imagen - ocasionalmente, utilizando el texto para evocar una imagen mental clara, en una suerte de parodia postmoderna del naturalismo.

Pyle argumenta que la imagen-texto surge en respuesta a la saturación visual y a la consecuente devaluación de la imagen como vehículo de circulación de información. El concepto sería que producimos demasiadas imágenes y las manipulamos demasiado. Quienes buscan ser interpelados por una imagen deben refugiarse en el texto, el único recurso brutalista que queda.

Tangente A: Brutalismo

Portman wears a Dior dress, briefs, and sandals; Tiffany & Co. necklace.

En esta instancia, valiéndome solamente de esta búsqueda de honestidad y alejandome un poco del ensayo que me inspira, recuerdo esas fotografías que Juergen Teller le tomó a los actores más prodigiosos y celebrados del 2024, para W Magazine. Si estas fotografías te resultan feas, probablemente se deba a dos factores:

  • La iluminación “cruda”.
  • El hecho de que todas estas fotos fueron tomadas en un iPhone

Le consulté a una de las personas de mi entorno que más sabe de fotografía, y me sintetizó aquello que caracteriza a estas fotos muy elocuentemente. Según ella:

“La luz no es usada como un recurso dramático, no se utiliza la luz para decir nada. No tiene expresividad. Está interesante la cuasi bajada a la gronchada de los famosos, cuando todo en el mundo digital esta bastante curado. Un mundo de distancia con Mario Testino.”

Volvemos.

Tangente Brat

Pyle identifica la portada de Brat como el ejemplo (inorgánico) de imagen-texto más culturalmente resonante. Algo interesante que vemos en Brat es la utilización del diseño gráfico como “token”, como “amuleto”, no como end-all-be-all de la construcción de significado.

La portada de Brat alude a un imaginario que no agota. No contiene todos los significantes de aquello que quiere comunicar. El mundo de significantes se construye mediante una gran variedad de soportes que existen bajo su bandera sin referirla directamente. Por ejemplo, no hay un uso simbólico del verde en los videos correspondientes a este álbum. Al contrario, tienen su propia línea estética, que complementa y enriquece.

La simpleza de la portada de Brat es un símbolo fácilmente reproducible de algo que lo excede. Ese es el resultado ideal de un asset marcario: Herramienta para aludir a algo que lo excede, pero que todos podemos reconocer fácilmente como una entidad discreta. Una marca no es un logo, una marca es una promesa.

Cito a Massimo Vignelli:

“No creo que la tipografía deba ser expresiva en absoluto. Puedo escribir la palabra ‘perro’ con cualquier fuente y no tiene que verse como un perro. Pero hay quienes creen que si escriben la palabra ‘perro’ tiene que ladrar.”

La imagen-texto tiene un futuro porque es:

  • Auténtica
  • Accesible
  • Clara
  • Síntética, y por lo tanto, apta para la nueva velocidad de circulación de la información

Antes de dejar ir a esta pieza, quiero reparar en dos puntos:

La imagen pobre

Cuando pienso en la imagen pobre, pienso en los videos “gore”, violencia fantasmagórica pixelada que circula gracias a una agenda ajena a sus objetivos iniciales. El gore circula en internet a gran escala, propulsado por cierta curiosidad mórbida. Pero, en su mayoría, este material es producido para saldar pujas de poder entre organizaciones violentas: Trátese de dos facciones disputándose una fracción del ciclo de producción de la cocaína, o ISIS y el gobierno de los Estados Unidos.

Abranse un foundry

En una edición anterior, los azuzé a intentar resolver el problema de la identidad en esta internet boteada. Hoy los invito a abrirse un foundry.

Internet es eterna

Hace unas semanas, descubrí un ensayo larguísimo que Sam Kriss escribió para Damage Mag. Es una suerte de análisis over-engineered de aquel meme que plantea que internet es un loophole del Pacto del Rey Salomón. El Pacto del Rey Salomón, les refresco la memoria, plantea que los demonios tienen prohibido hacerse presentes y actuar directamente entre los hombres.

Kriss medio-llega-a, medio-roba cierta conclusión interesante sobre que, al crear internet, los seres humanos imitamos estructuras que ya operan en la realidad. Parafraseando un ensayo posterior de Kriss, podríamos decir que internet, al final, era “eterna como la noche, el mar y la palabra”. Ahora bien, nuestro internet tiene una falla terrible:

“[T]he world has indeed been doing vaguely internetty things for a very long time. But (…) our digital internet marks a significant transformation in those processes: it’s the point at which our communications media cease to mediate. Instead of talking to each other, we start talking to the machine. If there are intimations of the internet running throughout history, it might be because it’s a nightmare that has haunted all societies. People have always been aware of the internet: once, it was the loneliness lurking around the edge of the camp, the terrible possibility of a system of signs that doesn’t link people together, but wrenches them apart instead. In the end, what I can’t get away from are the demons. Whenever people imagined the internet, demons were always there.

Lludd and Llefelys, one of the medieval Welsh tales collected in the Mabinogion, is a vision of the internet. In fact, it describes the internet twice. Here, a terrible plague has settled on Britain: the arrival of the Coraniaid, an invincible supernatural enemy. What makes the Coraniaid so dangerous is their incredibly sharp hearing. They can hear everything that’s said, everywhere on the island, even a whisper hundreds of miles away. They already know the details of every plot against them. People have stopped talking; it’s the only way to stay safe. To defeat them, the brothers Lludd and Llefelys start speaking to each other through a brass horn, which protects their words. Today, we’d call it encryption. But this horn contains a demon; whatever you speak into it, the words that come out are always cruel and hostile. This medium turns the brothers against each other; it’s a communications device that makes them more alone. In the story, the brothers get rid of the demon by washing out the horn with wine. I’m not so sure we can do that today: the horn and its demon are one and the same thing.”

La vie est belle

Hace poco, Dios sabe quién me dirigió a un hilo de Twitter de dos partes que sintetiza una tendencia que ya he cubierto por el rabillo del ojo.

Básicamente, ciertos zoomers (particularmente, zoomers gringos) están gravitando hacia un IRL fetichizado, dumb phones y trabajos manuales. Este camino reaccionario se plantea como una alternativa fresca al callejón sin salida impulsado por el ZIRP en el que los millennials perdieron el rumbo. No vas a ser una suerte de Carrie Bradshaw que trabaja en Buzzfeed y encuentra cierto significado en un consumismo naif. Particularmente, porque el byproduct de ese sistema (o, mejor dicho, los work products) son el equivalente cultural a la humareda tóxica de una fábrica en las afueras de Beijing.

Ahora bien, estos tweets contienen dos blue pills (la inteligencia artificial como ola destructiva del espíritu humano), y la idea de que los founders de startups están/estamos para prevenir la degeneración del ser humano.

Me encantaría que las startups sirvieran para eso - e intento, mal que mal, que las mías lo hagan. Pero siempre será un sidequest. Especialmente, para las startups venture-backed, cuyo propósito último es exprimirle billones de dólares a alguna piedra con forma de software.

Como fuese, no creo que quienes trabajamos en tecnología debamos monopolizar la esperanza. En especial, considerando que uno de los íconos de nuestro sector es una de las figuras más divisorias de los últimos años - un heredero del apartheid que rechaza a una hija.

Durante los últimos años, mucha gente en tech se posicionó como una suerte de avanzada “anti-woke”, para proveerle un marco ideológico a los recortes de los departamentos de DEI. Hoy, cínico como he estoy volviendo con los años, pienso en la creación de estos departamentos y en su eventual reducción como una mera puja redistributiva. Poder cambiando manos, capital fluyendo de X a Y.

Cito uno de sus artículos preferidos:

“Todo este asunto que veremos en los próximos meses, de “protestar la corrección política”, deshacer departamentos de Diversidad e Inclusión, etc., etc., es una proxy war entre sociópatas que no cazan una y gente con un gran sentido de la justicia pero una práxis política infantil. (…) El wokeismo es un concepto cultural que sirve como proxy para que los clueless sociopaths tomen decisiones a ciegas. Es un “stand-in” para otra cosa. Discutir con el wokeismo en cuanto “wokeismo” es una estupidez.

Estamos entrando en una etapa bélica, con destrucción de capital y movimiento extraño de capital en función de distintos conflictos que se van a estar dando en Oriente, con repercusiones en Occidente. Guerra total poco probable.

‘Lo woke’ y ‘lo anti-woke’ son códigos para tomar posiciones y alinearse con ciertos actores e intereses en conflictos reales por recursos que irán a parar a las arcas de algún Estado, convencional o startup. Kudos a los sociópatas.”

Si alguien está apostando a un playbook divisorio wokismo vs. anti-wokismo va a perder.

Con el lanzamiento y la memificación instantánea de Luce, su mascota para el año 2025, la Iglesia Católica marca una agenda bloomer, donde lo cute, el consenso y las mascotas van a primar. El animé reinterpretado como instancia superadora del corporate memphis.

Los millennials tuvieron la gamificación como doctrina de producto hija del “twee”. Soy una suerte de Zoey Deschanel que escucha The Moldy Peaches e invierte en opciones (lo que sea que sean), en Robinhood.

Los zoomers, quienes están teniendo una influencia desproporcional en la cultura pop, parten de un cinismo muy profundo y marcado. Es la revuelta contra la trascendencia de los ecologistas y la angustia de que nada parece ser suficiente. En este contexto, lo cute (desde hace unos años, el revival de Sanrio, ahora Luce); es una suerte de fantasía escapista que permite imaginar un mundo menos hostil. Sólo creo en Luce porque quiero creer. Creer es un ejercicio de autopreservación.

Church's cartoon mascot Luce welcomed into pop culture, but faces some  online critics - The Catholic Leader

Tokenización, memecoins y la cultura como capa de legibilidad

En este contexto memético, con un mercado de tokenización de memes que se mueve a velocidades absurdas, los memes operan no sólo como TOCs de la cultura, si no como capas de significado que vuelven legibles a assets indistinguibles de otros.

El meme existe como un significante marcario con dos funciones básicas:

  • Volver identificable un asset.
  • Producir una asociación marcaria positiva.

No hay producto, no hay diferenciales, no hay SWOT. Un meme es una mínima marca efectiva viable.

Etiquetado frontal de contenido

No AI used label

Hace poco descubrí un proyecto que pretende homologar una serie de etiquetas que revelan diferentes niveles de implementación de IA en productos creativos. El proyecto me pareció bastante interesante, como una especie de nuevo etiquetado "Creative Commons".

El único inconveniente que preveo es que el etiquetado sería voluntario. Esto ya se ha probado un problema, con operadores de AI negandose a utilizar las herramientas nativas de YouTube e Instagram para revelar el origen de su contenido. Brevemente, en la introducción al proyecto, sus creadores imaginan un posible etiquetado automatizado - pero lo cuestionan como potencialmente falible y sesgado.

Como fuese, echenle un vistazo en AI-Label.org

Hasta el próximo domingo,

Aaron

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