La gran herramienta que todos tienen miedo de usar
Teoría general de la fricción

Feliz domingo,
La canción de hoy es “Toro - I Hate Models Speed Up Revival Edit…” de El Columpio Asesino, I Hate Models & Andre VII:
El sueño frictionless
En una edición anterior, hice una pequeña retrospectiva sobre el posicionamiento de la mayoría de las marcas de fintech, en el boom del sector.
Como buena parte de las startups más exitosas de la historia, las compañías de fintech prometían, ante todo, minimizar la fricción. “Manejá tu plata más fácil”, “sin vueltas”, etc. etc.
Echemosle un ojo al primer pitch deck de Uber (entonces, “UberCab”):

O al primer pitch deck de AirBnB:

Ambos pitch decks datan de 2008. Más allá de algunos items (interesantes, pero irrelevantes ahora), como la first-mover advantage que aduce AirBnB, ambas startups prometen lo mismo: Reinventar una faceta de la vida de la clase media urbana, reduciendo puntos de fricción.
Uno de los pilares ideológicos de este Silicon Valley es la idea de que la mejor forma de atacar un problema es aquella que reduzca la fricción para el usuario final. Esta es una buena doctrina de diseño de productos (en casi todos los casos), pero cuando se escala a estructuras socioculturales, se convierte en un problema - porque, como todos sabemos, los tiempos diíficiles forjan grandes carácteres.
Que no se me malentienda: He tenido que lidiar con la página web de ARCA/AFIP. Esto no es un elogio a la fricción. En su lugar, propongo aprender a usar la fricción estratégicamente. Nos estamos acostumbrando a que todo sea accesible y fácil de digerir. Y esto tiene tres grandes efectos:
- Agrava nuestro estado de voracidad de información y ansiedad.
- Empobrece nuestra forma de relacionarnos con el mundo.
- Nos hace más crueles.
Voy a explorar estos tres efectos en un ensayo de dos partes. Esta es la primera.
¿Para qué sirve la fricción?
Bien utilizada, la fricción sirve para subirle los costos (simbólicos o materiales) a llevar a cabo una tarea o acceder a cierta información.
Esto segundo puede pensarse a través de la dicotomía esotérico/exotérico o iniciático/contrainiciático. El conocimiento iniciático es aquel al que sólo se puede acceder habiendo atravesado ciertas experiencias y ganado ciertas sensibilidades que te permiten detectarlo y decodificarlo. El conocimiento contrainiciático es aquel que te regalan.
El conocimiento iniciático es precioso y proviene de un lugar cercano al origen de la información. El conocimiento contrainiciático suele ser de baja calidad, viene diluído y contaminado.