Internet para los amigos

Nadie sabe quién es quién, y eso no se soluciona escaneándonos la retina.

Internet para los amigos
Sega Bodega por Aidan Zamiri

¿Qué tal?

Espero que hayas tenido un buen martes.

Antes de profundizar en la tesis de esta edición, me veo obligado a compartir algunas lecturas “de coyuntura”, si se quiere.

Al final del día, este es un newsletter sobre tech, y en tech estar al tanto de la coyuntura es una ventaja competitiva. Si alguna vez me concentro en algún asunto que se siente poco urgente, se debe a que confío en que ustedes reciben sus noticias de otro lado y a mí me buscan por el análisis.

Como fuese, desde el ruido emergen dos señales:

A contramano de toda la evidencia, uno podría utilizar estos dos sucesos paralelos para anticipar una mala era para los monopolios occidentales. Google quizás deba dejar de ser uno. Mientras, en un intento de deshacer su propia historia, WordPress intenta convertirse en uno, en un stress test de su poder sobre internet.

Mi canción de la semana es “E.T.C.” de machinegum:

Sos un operador al servicio de los peores intereses

Escaños en Blanco para dejar Escaños Vacíos on X: ""Extraño juego. La única  forma de ganar es no jugar. ¿Le apetece una partida de Ajedrez" (Juegos de  Guerra, 1983) http://t.co/VlbdgSZ036" / X

Si uno le pregunta a “Los Grandes Poderes” - o más bien, a sus representantes, cuál es el principal problema de internet, va a recibir una de dos respuestas:

  • Los discursos de odio y las fake news
  • Lo “woke”

Y ambas respuestas son utilizadas para teñir de urgente y preocupante este asunto de la monopolización. Algunos ven monopolios transodiantes - y otros ven monopolios “woke”. Yo creo que el problema es uno solo, y estas variaciones discursivas cumplen el mismo rol que los distintos colores de los helados en una heladería de mala calidad: mantienen la ilusión de elección.

Como comenté hasta hartarme, la gente pasa la mayoría de su tiempo en internet laburando. El asunto es que la mayoría no lo sabe. Este es el verdadero problema, internet se está quedando sin “terceros espacios”. La plaza está llena de fisuras. Los shoppings están atestados de gente y cada vez más yermos en lo que a asientos refiere: Si querés sentarte, tenés que entrar a un local o ir al patio de comidas, donde vas a molestar entre los consumidores. ¿Librerías públicas? Rarísimas, hostiles, cerradas. Intenté ir a rezar un miércoles a las seis y media de la tarde y la parroquia estaba enrejada.

Estar en RRSS significa estar operando. Y estas operaciones no funcionan sólo a base de difusión de “fake news”. Las redes sociales, a pesar de todo, continúan siendo plataformas para construirse como ser social. Esto propicia un grado de perversidad del que no suele tomarse dimensión. Especialmente considerando que, entre los operadores involuntarios, están quienes saben que están trabajando y conocen a su empleador.

A quien le interese profunzidar sobre las dinámicas perversas que suelen desarrollarse, le invito a leer mi Tratado Universal del Cyberbullying.

Estamos en una “information superhighway”, recibiendo constantemente contenido que nos genera alguna clase de reacción emocional. La mayoría de este contenido nos causa un disfrute tenue, pero también estamos expuestos a un volumen sin precedentes de información potencialmente dañina.

Si alguien sabe quién es, que avise

Es una bendición que la gente no haya internalizado el carácter complejo y pernicioso de la mayoría de las plataformas sociales. Sería enloquecedor. Todo lo que uno produce (incluyendo este newsletter) recibe atención porque puede ser utilizado como un instrumento para que alguien avance una agenda. En ese sentido, internet es un gran esfuerzo de solidaridad global que avanza a ciegas - y que ahora comenzará a ser intervenido pesadamente por bots.

Algunos bots serán presentados transparentemente, como íconos del progreso y demostraciones inambiguas de que el capital que sustenta a nuestro sector ve la miseria de sus propias mentiras y se odia. Sólo puede seguir adelante porque odia a la especie humana mucho más.

Otros bots se harán pasar por gente. Operarán sin entender, sobre una serie de instrucciones cuya connotación les escapa. El resultado va a ser un aumento en la desconfianza. Y ese aumento en la desconfianza es un problema carísimo, que abre un mercado de soluciones lucrativas. Si podés invertir/construír en ese espacio, te recomiendo que lo hagas.

Builders are gonna build 💪😤🚀

Algunas observaciones que quizás te sean útiles:

  • Crypto está intentando resolver el problema de la confianza desde hace años. No soy un experto en el tema. Tuve la fortuna de pasarle cerca a equipos y proyectos hace unos años, cuando el desafío era “más hot” pero menos imperativo.
  • Quizás el peor ejemplo de ese intento sea Worldcoin - ese asunto del escaneo de retinas en Pinar de Rocha. Es un gran ejemplo de lo sencillo que es convertir ese hambre de confianza en un aparto de big data cuyo propósito principal podría ser facilitar el control estatal. Algunos monopolios son como el sol o las olas. Intentar acabar con el Estado es como intentar detener un huracán a los tiros… estupideces que uno sólo intenta en Florida.
  • Dudo de que la prueba de humanidad sea escalable. Y la prueba de pertenencia genuina a un in-group es un asunto truculento desde el comienzo de los tiempos.

La ciudad del futuro

A la luz de estos comentarios, veo una posible división tripartita de internet, con porciones de tamaños desiguales.

Vamos a tener:

  • El internet “corporativo”, enmarcado por esfuerzos de marketing cuyo precio va a ascender y apoyados por un componente IRL fuerte.
  • El internet “privado”, construído sobre productos y comunidades cerradas, ya sea por procesos de onboarding sincrónicos (cada vez más frecuentes en SaaS), costos, pertenencia comprobable a un grupo pequeño, o encriptación.
  • La opción virtual, contenido corto producido por bots, que funciona como content marketing para estafas piramidales. Pienso en intercambiar fracciones de centavos por clicks. Pienso en la estética horrible de los videos de TikToks producidos con AI, y en las voces robóticas que emanan los celulares de la gente en el tren.

Un centro de convenciones, clubes subterráneos, y una villa.

Nos vemos el domingo,

Aaron

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