Campesinado hipertecnificado

La cultura de masas es la solución a un problema que olvidamos.

Campesinado hipertecnificado

¿Qué tal?

Espero que estés teniendo una buena semana.

Mi canción del día es “Hellhole Ratrace” de Girls:

Problemas áulicos

La semana pasada, vi varios tuits en los que profesores de colegio secundario se quejaban de que sus alumnos carecían de consumos culturales. Acá una pequeñísima muestra:

A primera vista, esto puede sonar como una exageración cruel - pero no lo es. Resulta increíble la idea de que alguien pueda *carecer* de consumos culturales - no tener consumos deficientes, no tener consumos escasos, si no carecer de incluso las experiencias que despreciamos como poco enriquecedoras.

Pero la evidencia anecdótica es diversa y considerable: Hay una suerte de “clase fantasma” de gente joven que no lee ni mira nada.

Culturan’t

Si tuviese que apurar un diagnóstico, diría que esta es la consecuencia de la pérdida de la cultura de masas. Sin la presión social para mantener ciertos consumos culturales; y con TikTok como una plataforma de entretenimiento gratuita y frictionless post-registro, estamos volviendo a un estadío civilizatorio mucho más prosaico.

Durante el siglo pasado, la cultura pop y la educación pública fueron las herramientas de fortalecimiento y reproducción de una vasta clase media. La cultura de masas ofrecía un continuum desde fantasías escapistas y naif a herramientas para posturar erudición (Reader’s Digest, por ejemplo). Diversos arquetipos tenían sus consumos asignados dentro de un mercado que se presentaba como una suerte de “Elige tu propia aventura”, pero que operaba realmente como pegamento social. La diversidad era estética pero no de principios.

Pienso en quienes fingían indignación cuando John Lydon (Johnny Rotten) arañó unos titulares en la prensa inglesa con ciertas declaraciones reaccionarias y “pro-establishment”. Lydon no atravesó un cambio ideológico, atravesó un cambio de skin. Pero siempre fue un asset para la reproducción de la hegemonía cultural inglesa. Por supuesto: Todo lo que yo llegué a comprar en Musimundo alguna vez fue oposición controlada, matices estéticos que iteran sobre los mismos preceptos ideológicos.

Ese fue el orgullo del SXX: La clase media, que se piensa artífice de su propio destino.

Habiendo agotado el primer cuarto del SXXI, no tenemos una cultura de masas que nos permita pensarnos como un elemento valioso dentro de un relato social cohesivo y hay escasas posibilidades de mobilidad social ascendente. Hay quien me diría que este es un buen escenario para una suerte de revolución artística. Voy a entretener esta idea un momento.

Esta imposibilidad de pensarse como parte de una narrativa social macro, sumada a la certeza de que nunca vas a poder ser otra cosa, conjura un clima cultural interesante. Eso es cierto. Pero, ¿Por qué la sequía cultural y el desinterés de los públicos?

No quería llegar a esto, pero es una consecuencia de la dominación del smartphone por encima de la computadora.

It’s the damn phones

Las computadoras son interfaces complejas, que permiten producir material audiovisual/textos/software cómodamente. Intentar ser creativo con un teléfono celular es como intentar sacar a bailar a una culebra: Sin importar cuánta onda le pongas, hay un claro problema de interfaz. Y quien niegue ese problema de interfaz probablemente esté pensando en la creatividad como la mera producción de algún material catártico bajo cualquier condición. Esto me resulta paternalista y poco ambicioso.

Si le voy a dar una herramienta a un artista, no le voy a dar una herramienta que sólo le permita vomitar material: Le voy a tener que dar armas para auto-editarse, ya que la curaduría es tan importante para realizar una visión artística como la mera producción. Por eso herramientas como Sora o Dall-E no son adoptadas por ningún miembro de la “clase creativa” que sea más o menos competente - pero esa es una conversación para otro momento.

Toda herramienta está sesgada para facilitar/recompensar ciertas acciones y dificultar otras. El dispositivo tecnológico más influyente y exitoso de los últimos 20 años permite producir y consumir, pero dificulta editar. A su vez, su formato más acabado, más comercialmente redituable y más pregnante es el video corto. Es decir, los smartphones traen la muerte de la auto-curación junto a la muerte de la narrativa.

Con herramientas que no se prestan a la producción criteriosa, sin referencias sobre cómo se construye una narrativa, y sin un panorama ideológico que invite a atacar (mal, a destiempo, derivativamente) alguna que otra pregunta importante - ¿Qué estamos esperando que suceda?

Ghettos

A pesar de que creo que las anécdotas sobre adolescentes alienados de la cultura son ciertas, no termino de hacerme a la idea. Pienso en algunos conocidos más jóvenes que yo, que tienen consumos culturales más extensos y estrambóticos que los míos.

Supongo que estoy viendo una muestra social relativamente pequeña, sesgada por mi personalidad, mis intereses, y mis orígenes.

Las instituciones que garantizaron la reproducción de la clase media se están derrumbando. Quizás el sistema de expectativas, organizaciones, y vectores de información que hacían a la cultura de masas (su infrastructura, si se quiere), esté en crisis también. Estoy siendo modesto: Claramente lo está.

Entonces, la distribución del capital cultural se está polarizando.

Quizás para 2030 estemos en una situación análoga al feudalismo - la enorme mayoría de la población va a estar compuesta por campesinos que sólo sabrán labrar la tierra y más o menos leer la biblia. Pero sin tierra y sin biblia.

Nos vemos el domingo,

Aaron

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