Alquimia

El duelo y la utopía son incompatibles en el corto plazo. 

Alquimia

En geometría, decimos que la cinta de Moebius es una superficie con una sola cara y un solo borde. Es, a su vez, un objeto no orientable, es decir, impide definir de forma consistente qué es derecha y qué es izquierda.

Un nuevo aniversario del golpe autodenominado “Proceso de Reorganización Nacional” ocurrido hace ya 50 años, puede ayudarnos a poner sobre la mesa las cuentas aún no saldadas en la sociedad argentina. Hoy transitamos un gobierno al que no le alcanzan ni el aval democrático ni el apoyo sustancial de vastos sectores de la élite nacional, del gobierno norteamericano y del capital internacional; un gobierno que parece encerrado entre la necesidad de sacar al país del estancamiento económico y al mismo tiempo, de lidiar con condicionantes (¿y contradicciones?) inconfesables.

Creemos que la raíz de este problema puede encontrarse intentando entender al golpe de estado como una pieza central de una maquinaria más compleja, que necesitó de una preparación previa y una consolidación posterior.

Etapa 1: Prima Materia (1955-1976)

Juan Domingo Perón condecora a Licio Gelli con la Orden del Libertador (1973, Archivo General de la Nación)

El cuerpo social argentino con sus organizaciones, sus resistencias, sus proyectos alternativos, debe ser llevado al estado de máxima tensión interna, al borde de la desintegración, antes de que pueda ser sometido a la disolución.

No descubrimos la pólvora al afirmar la existencia de un sistema perpetuo y transversal de dominación hemisférica por parte de Estados Unidos por sobre el continente americano. Hoy se habla abiertamente del “Corolario Trump” de la Doctrina Monroe, con un tono entre descriptivo y apologético.

Lo cierto es que después de la Segunda Guerra Mundial, EEUU inició una confrontación con la Unión Soviética, y bajo el pretexto de “la lucha contra la influencia comunista” aprovechó para afianzar sus intereses económicos en América Central y del Sur. 

La presencia de elementos afines al socialismo al sur del Río Bravo no era algo nuevo, y es también cierto que esas estructuras eran aprovechadas por la KGB para intentar hacer pie en la región. Pronto Estados Unidos descubrió que podía utilizar las narrativas anti-imperialistas para limar a las antiguas potencias coloniales a lo largo del globo.

Ese espíritu “ambidiestro” permitió que EEUU se convirtiera en un laboratorio de la insurgencia y de su represión.

En el país de Joseph McCarthy también daba clases Herbert Marcuse (supervisor doctoral del paleoconservador Paul Gottfried), y las fundaciones Ford y Rockefeller financiaban estrategias de cabildeo para la implementación de políticas progresistas y aperturistas. 

Ese espíritu “ambidiestro” permitió que EEUU se convirtiera en un laboratorio de la insurgencia y de su represión. La CIA infiltró a las guerrillas originadas orgánicamente, como a los Panteras Negras (que tenían filiales en Reino Unido y Argelia), e instigó la creación de muchas otras para luego abortarlas violentamente, como el Ejército Simbionés para la Liberación (su líder Donald DeFreeze era informante de la policía y agente provocador). 

Además de las actividades documentadas de la CIA en Europa y Asia, la intervención en los países “díscolos” de nuestro continente incluyó un amplio abanico de acciones encubiertas, como asesinatos, operaciones de influencia mediática y orquestamiento de golpes militares en: Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Cuba, República Dominicana, Ecuador, Guatemala, Haití, México, Nicaragua, Panamá y Venezuela.

En el plano local, uno podría encontrar antecedentes de las prácticas antisubversivas en los diferentes levantamientos anarquistas en Argentina - Semana Roja en 1909, Semana Trágica en 1919, Patagonia en 1920 - protestas obreras surgidas al calor de la crisis del modelo agroexportador y la caída de la rentabilidad de la oligarquía terrateniente al final de la 1GM. Pero estos eventos fueron abordados por el Estado con métodos represivos relativamente primitivos.

Con la sanción del Plan CONINTES, se crea el primer dispositivo estatal sistemático de represión de las huelgas y protestas obreras, movilizaciones estudiantiles y otras expresiones cívicas. En la práctica, fue instrumental a la proscripción del peronismo en 1955, lo que funcionará como recipiente de presión impidiendo la canalización democrática de demandas materiales de un amplio sector de la comunidad política. Esa presión estalló con el secuestro y asesinato de Pedro Eugenio Aramburu en manos de Montoneros en 1970.

Perón regresa a Argentina en 1973, y esa aparente “descompresión política” se ve limitada por la fractura interna entre elementos de izquierda y de derecha en un movimiento político que se planteó originalmente como superación de esa dicotomía. Por un lado, las guerrillas se veían legitimadas a participar políticamente por haber puesto el cuerpo durante la proscripción. Por el otro, los sectores más conservadores habían hecho migas en Europa con agentes de la red stay-behind, y veían en los militares un factor de poder en el que apoyarse, dado que fungía desde hacía años como ordenador institucional y estaba oportunamente inoculado con una ferviente formación anticomunista. 

López Rega crea la Triple A para, inicialmente, combatir al izquierdismo dentro del peronismo. Lo hace con el apoyo formativo y económico de Licio Gelli, punto de contacto en Europa de la Operación Gladio. El comisario Alberto Villar, jerarca de la Triple A, había recibido también formación en Francia. Manuel de Anchorena, designado Embajador en Reino Unido, aseguró el armamento trayendo de allí subfusiles Sten y Sterling.

La mesa estaba servida para la aniquilación, pero había un vacío político que nadie sabía cómo llenar.

El aparato de seguridad argentino, al igual que en el resto del continente, había sido entrenado en las siguientes técnicas de contrainsurgencia: 

  • Interrogatorios mediante torturas, 
  • infiltración y ataques de falsa bandera,
  • secuestros y desapariciones de opositores políticos, 
  • guerra psicológica.

La guerrilla gozaba de material proporcionado desde Cuba y algunas otras fuentes inconfesables; entrenamientos también en la isla y otros países donde ocurrían cosas divertidas, como el Líbano. El clima de violencia se volvió insoportable para la sociedad argentina. Los insurgentes terminaron por perder el control de su “propuesta”, y con los medios de comunicación en contra, el aparato paraestatal les dio el tiro de remate aplicando la receta de la “strategia della tensione”, cortesía de Licio Gelli. La mesa estaba servida para la aniquilación, pero había un vacío político que nadie sabía cómo llenar. Bueno, “nadie” es exagerar.

Etapa 2: Solve (1976-1983)

Miembros de la Escuela de Chicago

En alquimia, la calcinatio es la operación más destructiva: expone la materia a calor extremo para eliminar todo lo volátil, todo lo que no puede resistir la temperatura. Lo que sobrevive es la cal, la tierra pura, sin humores ni espíritu. La sociedad argentina después de 1976 será disuelta en un residuo calcinado de lo que existía antes. 

El modelo mental de los decisores en materia de política exterior y seguridad interna de EEUU durante los años de la Operación Gladio operaba bajo una lógica en la que el comunismo constituía una amenaza existencial, que justificaba cualquier método. El Reporte Doolittle de 1954 blanqueaba:

"no hay reglas en este juego, las normas de conducta aceptables no aplican".

Durante veinte años esa fue la doctrina operativa real, que los ciudadanos estadounidenses sufrieron en carne propia a partir del ya mencionado programa COINTELPRO. 

Los economistas, dicho sea de paso, estaban cocinando desde hacía 20 años una respuesta ideológica al fracaso del estado de bienestar keynesiano.

Hasta ese momento, el comunismo era un adversario que imponía expectativas materiales en la población occidental. EEUU y el Reino Unido todavía mantenían fuertes estados de bienestar, que sus élites consideraban un elemento vital para evitar la proliferación de movimientos obreros que presionaran por una redistribución más agresiva. Pero a principios de de los años ‘70 ese modelo comenzó a entrar en crisis, principalmente debido al enorme déficit causado por la Guerra de Vietnam, que obligó a Nixon a dar de baja la convertibilidad del dólar a oro.

Hay muchos otros factores, como la creciente competitividad de Japón y la crisis del petróleo en 1973, pero de eso que hablen los economistas. Los economistas, dicho sea de paso, estaban cocinando desde hacía 20 años una respuesta ideológica al fracaso del estado de bienestar keynesiano.

Al redefinir la política monetaria como un dominio eminentemente técnico, se produjo un corrimiento del conflicto desde la esfera pública hacia la esfera experta (tecnocracia).

Cuando ese modelo colapsó, Heritage Foundation, el Cato Institute, el American Enterprise Institute, la Sociedad Mont Pelerin y la Escuela de Chicago ofrecieron su solución, que fue vulgarmente denominada “neoliberalismo”. El eje del programa “neoliberal” consistía en dotar de autonomía a los bancos centrales, quitándole a los estados la capacidad de utilizar el dinero como herramienta de política económica. 

Ese cambio, de aparente neutralidad, tuvo que luchar contra una sociedad cuyas demandas y expectativas estaban definidas por el estado de bienestar. Al redefinir la política monetaria como un dominio eminentemente técnico, se produjo un corrimiento del conflicto desde la esfera pública hacia la esfera experta (tecnocracia). Los debates sobre distribución del ingreso, empleo, inversión pública y estructura productiva se convierten en discusiones sobre tasas de interés, metas de inflación y superávit fiscal.

Este cambio de modelo de sociedad, del cual Chile y Argentina fueron los primeros laboratorios pero que luego fue implementado (no sin fricciones) en EEUU y Reino Unido, hizo que la ciudadanía pierda la capacidad de articular demandas en términos económicos: no sabe "quién decide" que la tasa suba o que el dólar se ancle. El vocabulario del conflicto social se empobrece: en vez de discutirse quién produce, quién invierte y quién consume, se habla de si el déficit es "sostenible", produciendo una legitimación por opacidad: el sistema no requiere consenso activo, sino ausencia de comprensión.

Por lo tanto, los actores organizados (sindicatos, partidos políticos, pequeños y medianos empresarios, estudiantes, la Iglesia), dotados de una comprensión integral de la economía y la política, se convirtieron en enemigos declarados del nuevo sistema. Y para ellos, ya había una etiqueta mágica que legitimaba la acción directa: el comunismo. El clima de tensión creado durante los años anteriores al golpe funcionó como habilitante para una represión atroz. La muerte de Perón aceleró el caos político y la sociedad se encontró “sin alternativa” más que avalar la toma del poder por parte de una junta militar avalada por el Departamento de Estado y con su propio proyecto económico bajo el brazo.

El “embajador” de este cambio económico en Argentina fue José Alfredo Martínez de Hoz. Su perfil personal contenía atributos que lo hacían funcional para ese rol: pertenencia genealógica a la clase terrateniente con vínculos históricos con el capital financiero internacional, cargos directivos en empresas de capitales británicos antes de asumir el ministerio de economía, y una orientación ideológica explícitamente convergente con el thatcherismo avant la lettre.

Etapa 3: Coagula (1983-?)

Richard Nixon en una conferencia de prensa posterior al escándalo de Watergate

La materia disuelta y calcinada se cristaliza en la nueva forma. La democracia liberal emergente en 1983 es el producto del proceso anterior, la coagulación del residuo. La disolución hizo posible la fijación de un orden político estable, con procedimientos legítimos, con derechos individuales garantizados, y con la estructura de dominación económica incorporada como condición invisible del funcionamiento del sistema.

El problema que emerge a finales de los '70 es de coherencia interna del relato hegemónico. Estados Unidos estaba compitiendo con la Unión Soviética en el terreno ideológico (libertad vs. opresión, pluralismo vs. totalitarismo) al mismo tiempo que sostenía activamente las dictaduras más brutales del hemisferio, de corte conservador pero con un programa económico que destruía los pilares comunitarios. Esa contradicción era manejable en tanto permanecía invisible. 

una aventura militar condenada al fracaso desde su etílico inicio forzó la salida de este gobierno que empezaba a entender que había sido el forro de un poder ulterior

Pero a raíz del escándalo de Watergate y la ruinosa imagen del gobierno luego de la guerra de Vietnam, se inició una campaña que buscó poner en superficie las actividades llevadas a cabo de forma encubierta por las diferentes ramas de la inteligencia norteamericana en suelo propio y en el extranjero. Esto dio lugar a la creación de una comisión del Senado de EEUU, encabezada por el senador demócrata por Idaho, Frank Church. Los detalles de la Operación Gladio no se conocerían hasta entrada la década del ‘90.

La opinión pública estadounidense comenzó a tomar nota de la disonancia entre el discurso y la práctica, erosionando el consenso que sostenía la política exterior. En 1983, Reagan firmó la National Security Decision Directive con el argumento explícito de que era preferible hacer abiertamente lo que la CIA había hecho encubiertamente. La frase canónica atribuida a Allen Weinstein fue:

"A lot of what we do today was done covertly 25 years ago by the CIA."