ArgentinaUna agenda propia para el desierto argentino

Una agenda propia para el desierto argentino

Cuando en 1991 el Coronel Mohamed Alí Seineldín fue condenado por el trágico alzamiento militar el año anterior, manifestó en su alegato las razones de su accionar; según Wikipedia:

“[En él] alegó supuestas maquinaciones del imperialismo norteamericano y su servidor Menem, en el desmantelamiento de la defensa nacional, la promesa de instauración de una Segunda República, y el diagnóstico de un proceso de destrucción del aparato productivo de la economía promovido por el Proceso entre 1976 y 1983, por Martínez de Hoz.”

Leído en potencial, según esa descripción, Seineldín hoy caería en la categoría de lo que suele llamarse un “conspiranoico”. Claro está, él no obtuvo esa información a través de oscuros foros de internet, perfiles radicalizados de redes sociales, ni programas sospechosamente escatológicos del primetime televisivo. 

Habiendo sido entrenado por Estados Unidos en Panamá, y a la luz de lo que terminó ocurriendo, es difícil pensar que Seineldín tuviera poderes adivinatorios, y no un profundo conocimiento de los planes de dominación continentales por parte de las potencias del norte global. 

Hoy por hoy, se distinguen 4 tipos mayoritarios de posicionamiento respecto a dichos planes, recuerden bien esta categorización:

  1. Aquellos que ignoran o no les interesa en absoluto el asunto.
  2. Quienes niegan que pueda haber “tal nivel de coordinación” entre agentes económicos, políticos, institucionales, etc. para llevar a cabo esos objetivos
  3. Quienes creen que es verdad y que es algo bueno, sin intereses oscuros, sino algo que emerge de la bondad de la integración internacional en pos de solucionar graves problemas de la humanidad
  4. Quienes denuncian la agenda de dominación internacional como un plan satánico para alimentar a una estatua de Moloch-Baal

Probablemente la última sea una interpretación exagerada, de algo que creo que es un error muy fácil de cometer a la hora de traer este tema a la discusión política. Les pido paciencia, porque lo que viene es un poco tortuoso.

Lo primero que debe entenderse es que en política, la argumentación es un instrumento de enmascaramiento de intereses o emociones, más que una forma de “validar” razonamientos. Por tal motivo, pueden defenderse medidas que van en total detrimento de los objetivos que “las justifican”. 

Un ejemplo muy burdo sería defender la emisión descontrolada de dinero como forma de solucionar la pobreza. Claro está, que hay diferentes lugares desde donde puede proponerse eso: no es lo mismo creerse esa mentira como militante de una agrupación política provincial, que como asesor económico de un think tank internacional. Acá entra la distinción entre intereses y emociones: no todos son unos perversos que venden pescado podrido en su propio beneficio –  pero que los hay, los hay. No siempre es tan fácil diferenciarlos.

O sea que, para personas mas o menos comprometidas con la política, es difícil cambiar de opinión o ser convencidas de que una posición defendida es “equivocada”. Ésto, llevado al paroxismo, hace posibles escenarios casi ridículos de funcionarios anunciándonos ahora mismo que el dólar está bajando. Por convencimiento o conveniencia, la mayoría está dispuesta a mentir. También es frecuente ver personas que simplemente repiten latiguillos que escucharon en algún lado pero sin mucho compromiso. Esos pertenecen a la categoría 1.

Lo segundo que hay que entender es que la matriz ideológica dominante permite una amplia discusión sobre un montón de temas, pero sobre los cuales el resultado será el mismo, ya que difícilmente se tomen medidas distintas a la del resto de los países occidentales. 

Un gran ejemplo de esto son las políticas económicas, de educación, de urbanismo, etc. Puede haber oposición a eliminar las arterias vehiculares dentro de las ciudades, movimientos que busquen retrotraer esquemas fiscales predatorios o propuestas para reformular las currículas y las instituciones educativas en general; no obstante, lo más probable es que termine ocurriendo lo mismo que ocurriría en España o en Canadá. 

Hay muchos motivos detrás de esto, pero el principal es que los partidos políticos hace tiempo no tienen agenda como tales, ni doctrina, ni un proyecto propio, así como también han dinamitado los mecanismos de democracia interna. Al no tener características diferenciadoras desde lo ideológico, también son más proclives los casos de transfuguismo, acompañados de drásticos cambios en la imagen y discurso mediático de los involucrados

El LARPing de Arietto, que devino de Progre Zaffaronista, a Peronista Triple A, luego a Mami Macrista, y últimamente, a Panelista de FOX News

Y sobre otros temas, directamente no hay discusión: se acatan las directivas que dictan la OTAN y los organismos de gobernanza internacional. Ejemplo, en materia de defensa, seguridad interior, energía y producción. Cualquier intento de salir de estos esquemas generalmente implica un torpedeo político y mediático a cualquier medida. 

Hace unos días, un periodista deslizó que Gustavo Béliz está actuando como tapón para la concreción de las centrales nucleares con inversión china en nuestro país. Al mismo tiempo, tenemos una CNEA desfinanciada – algo que no parece que vaya a revertirse, gane quien gane en 2023. 

Este ejemplo nos prueba que muchas veces, la agenda de gobernanza internacional se pisa sola, y que “los argumentos basados en evidencia” no siempre son tan importantes: al tiempo que “es de extrema urgencia reducir las emisiones para salvar a millones de personas de una muerte segura”. Esa misma gente se opone a la energía atómica.

Aún si fueran inseguros (no lo son), los reactores nucleares podrían resolver en menos de 10 años el problema de las emisiones en la generación de energía. Como conspiranoicos, podríamos pensar que quizás lo del cambio climático no es tan urgente, pero dejémoslo ahí.

O sea, vivimos en un sistema democrático, pero que cada vez concede más competencias soberanas a organismos supranacionales sin ningún tipo de accountability por parte de la población. Y esto debería ser un tópico de discusión real hoy por hoy, ya que, por intereses o por impericia, la mayoría de las decisiones que toman esos organismos son dañinas para nuestro país. Para otros países probablemente también, pero honestamente no me importa. Si Alemania quiere aniquilar su industria pesada a causa de estándares de emisiones incumplibles y desarmando su matriz energética, pues que lo hagan, y que se rían de quien se los advierte. 

Sí me importa cuando esas agendas lastiman las prospecciones del país donde vivo. Nadie en Argentina eligió a los funcionarios de la OMS que dictaron la obligatoriedad global de la aplicación vacunas hoy probadamente inseguras. Era obvio para cualquiera que vacunas desarrolladas en tiempo record traerían problemas; era obvio que encerrar a las personas durante meses sería más dañino que la enfermedad. No era necesario explicar estos hechos a través de ninguna teoría conspirativa; al igual que la agenda de Béliz, era algo simplemente malo para nosotros.

La dirigencia actual está enjaulada en un entramado institucional que pone incentivos que son opuestos al bienestar nacional, los más ingenuos entran en la categoría 2 y los más experimentados en la categoría 3. Con suerte, hay quienes confrontan ésta línea ideológica. No siempre podremos atribuir esos actos al beneficio de “alguien más”, pero es una necesidad imperiosa que haya alguien dispuesto a oponerse a eso de todos modos, ya que pareciera que es imposible que eso ocurra en el seno de los partidos políticos mayoritarios, más aún si continúan tercerizando la formación de cuadros en ONGs bancadas por el Departamento de Estado o la Unión Europea.

Esto nos lleva a una conclusión final: el discurso “anti-casta” que hoy se plantea como oposición a este modelo, es excesivamente economicista, de hecho plantea como antagónico un proyecto económico que puede resultar incluso anacrónico (por ser demasiado dependiente de una potencia decadente e impredecible como lo es EEUU). 

Tampoco contempla que, probablemente, lo mas dañino que esté haciendo la dirigencia política local es atarnos de pies y manos para que sea imposible tomar cualquier medida emancipatoria. Y cuando candidatos antisistema hablan en contra de esta matriz internacional de gobernanza, recaen en explicaciones laberínticas (a veces erradas, a veces no) que pueden ser desestimadas rápidamente como “mentiras” o “teorías conspirativas”. 

Ese fue también el error de Seineldín, probablemente por desconocimiento de cómo es la política. No supo articular lo que sabía, con un movimiento que entienda por qué era necesario confrontar los problemas venideros. Hoy resulta tentador explicar de dónde vienen, cuáles son los intereses que motorizan, o quiénes se benefician con las medidas tomadas por orden de ONGs y organismos supranacionales. Pero quizás sólo haya que denunciar que son políticas que no sirven al bien común de nuestra nación; y que cada cual haga su camino e investigue, sacando sus propias conclusiones. 

A partir de ahora, simplemente debería bastar con decir “Quiero elegir otro camino”. O al menos, no pertenecer a la categoría 4.

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