El lenguaje, inclusive.

Si emplear “lenguaje inclusivo” es ejercer política de la banalidad, desgarrarse las vestiduras como si fuese el problema más grave en el mundo, es doblemente banal. Aquí, por el momento, ignoraré pequeños absurdos por partes de ciertos sectores radicales, que convierten al cuerpo en cuerpa. Sus experimentos expresivos son irrelevantes para el punto al que