ArgentinaMaximalismo Sanmartiniano, ou la mort

Maximalismo Sanmartiniano, ou la mort

Es de público conocimiento que un nuevo nacionalismo internacional copó las mentes de la intensa minoría cuya identidad es apoyar “the current thing” (sean estas medidas políticas, económicas, sanitarias, etc, lo importante es que quede bien claro que están avaladas por el Departamento de Estado). No es raro ver alguna dependencia estatal con la bandera de Ucrania flameando, o proyectan haces de luz azul y amarilla en algún edificio, en¿apoyo? al país europeo, para deleite de libs e hinchas de Boca.

Particularmente fervorosos son los apoyos de personas que, en otro contexto, aborrecen el nacionalismo. Lo hacen, claro, bajo el planteo de que esa clase de reivindicaciones traen aparejados una serie de avales a crímenes pasados, miserias del presente y terrores futuros. No obstante, todo eso podríamos endilgárselo a Ucrania, cuyo pasado-presente-futuro es más el de un estado fallido con esbozos de limpieza étnica, pero daría la impresión de que cuando te apoya Estados Unidos, ésto equivale a una expiación, comunmente incentivada por sombríos intereses del Pentágono o del crony de turno.

De repente dejó de ser un problema en los medios el “extremismo de derecha” y nos parece una buena idea, o al menos un mal menor, darle armamento de última tecnología a una milicia neonazi.

La cuenta de Twitter de NATO hizo una publicación celebrando a las fuertes mujeres ucranianas. Entre ellas se ve a un soldado que lleva el sol negro en su uniforme.

Sin embargo, no es precisamente Ucrania lo que me importa de todo ésto. Sino cómo esos mismos valores, operan a la inversa cuando hablamos de los problemas de Argentina. De cómo es más fácil para un político vociferar a los 4 vientos sobre que “tenemos que apoyar” a un país que casi nadie puede ubicar en el mapa pero que le da urticaria hacer un desfile militar un 9 de Julio o un 17 de Agosto. De que hablar de nacionalismo, o soberanismo, en Argentina, es mala palabra y que todo ese constructo un poco chauvinista es algo que no-debe-ser-dicho. Supongo que haría falta el permiso del gran país del norte para que el orgullo por la patria sea política de Estado.

Incluso aquélla fuerza política que, por doctrina, está más cercana a éstos valores, los ha dejado paulatinamente de lado, aceptando las reglas del juego liberales donde “solo se puede ser nacionalista si …”, etc. Ésto hace rato me hace ruido y es un poco un motor del interés que tengo en la política; es curiosidad, estudio antropológico. Hablándolo con alguien que está dentro del entramado político burocrático hace unas noches con un poco de alcohol de por medio, me manifestó que es cierto que hay miedo al riesgo, que “la opinión pública va a reaccionar mal”, etc. Y luego pensé cómo se traduce eso a todo lo que les vengo diciendo.

Argentina debe ser la antítesis de “the current thing”. Su camino de grandeza está inevitablemente atado a romper el condicionamiento de lo que Estados Unidos dice que se puede hacer. Desde la política internacional, desde lo económico, pero también desde lo estético. A mi me importa mucho lo estético. A Estados Unidos también, por eso hacen un show patriótico cada vez que se les presenta una oportunidad pese a que sus fuerzas armadas cometieron más y peores crímenes que las nuestras. Jugar al juego de la culpa es regalarle las mejores armas al enemigo y cada dirigente que no quiera rebelarse ante eso ya se rindió antes de empezar, y tenerle miedo a la “opinión pública” algo tan manipulable y minoritario, es un miedo mezquino, infundado.

La recuperación de una identidad nacional es la clave estética para romper los condicionamientos políticos del país. Ese valor se manifiesta en los esfuerzos de Estados Unidos para reprimirlo en los demás.

Hay una oportunidad histórica para tomar otro papel. Estamos en una curiosa situación donde los países más fuertes de América Latina son estados fallidos sin rule of law pleno, como Brasil y México. Nosotros no estamos aún en ese nivel, pero, ¿por cuánto mas?

Evitar esa degradación es el único camino a la grandeza y no tomar el toro por las astas hoy es algo que vamos a pagar con más subordinación por las próximas décadas.

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