ArteMúsicaLos Grammys 2022 como estado del arte

Los Grammys 2022 como estado del arte

Recientemente, como sabrán todos aquellos que no estén viviendo bajo una piedra, se celebró una nueva entrega de los Grammys, los premios más reputados de la industria musical, al menos según varios de sus asistentes y patrocinadores, ya que la credibilidad de estos premios se ha visto fuertemente cuestionada prácticamente desde sus inicios.

Una actuación particular, la cual se volvió viral en internet, incluyó a María Becerra y J. Balvin interpretando la canción «Qué Más Pues», la cual cosechó todo tipo de críticas entre negativas y destructivas gracias al pésimo desempeño de los intérpretes, quienes en todo momento tuvieron problemas para encontrar el tono correcto o incluso para el uso de su respiración. Si no lo vieron, no se preocupen, no necesitan someterse a eso para entender lo que estoy a punto de argumentar, esto es únicamente para poner algo de contexto.

 El punto es que, como suele ser costumbre cada vez que se habla de música mainstream contemporánea, el foco de la discusión se apartó rápidamente del paupérrimo desempeño particular de ambos cantantes, para buscar centrarse en “la música” en su conjunto, con argumentos tan rancios y repetitivos como los millonésimos debates irrelevantes sobre si las películas de Marvel son cine o no, como si eso fuera importante para apreciar o rechazar las obras de dicho estudio. O como si no se estuvieran generando problemas realmente grandes detrás de esto que se mencionan poco y nada en comparación al mismo debate fútil e intrascendente. En ambos casos, se tiende a hacer hincapié en la misma pseudo-argumentación nacida de la ignorancia o el choque generacional, en vez de mirar el bosque y cómo se lo está talando para que Larreta pueda construir más veredas que va a reemplazar en dos meses.

 De todo esto, lo más destacable (aunque no por ello menos gracioso) es la tesis de que la música popular tiene un problema de simplificación permanente en vez de la búsqueda de la complejidad, siendo el Autotune el ejemplo más claro de esto, que supuestamente permite cantar bien a cualquiera, y logra que cualquier papanatas pueda tener una carrera en la industria sin tener ningún talento, ya que todo lo relacionado al aspecto musical lo hacen otras personas. Personalmente, considero que lo dicho en la oración anterior no sólo es erróneo, sino que nos impide apreciar un problema real que, aunque no creo ni por un segundo que sea una amenaza real a la música en su conjunto, sí es bastante más notorio que lo ya mencionado.

Baja cultura / alta cultura

Para empezar, tenemos el mal uso del término “música popular” por parte de varias personas, que lo que realmente pretenden usar es el término “música mainstream contemporánea”. E incluso entonces sigue siendo un error el creer que el trap y el reggaetón son los únicos géneros que suenan en la radio.

Para estar en la misma línea, Phillip Tagg, musicólogo y autor británico especializado en música popular, dice que:

“La música popular, a diferencia de la música culta, es concebida para ser distribuida de forma masiva, y frecuentemente a grupos grandes y socioculturalmente heterogéneos. Es distribuida y almacenada de forma no escrita. Sólo es posible en una economía monetaria industrial donde se convierte en una mercancía y, en sociedades capitalistas, sujetas a las leyes del libre mercado, según la cual idealmente debe vender lo más posible, de lo menos posible, al mayor precio posible».

Es decir que, según esta definición académica, el trap y el reggaetón son música popular del mismo modo en que lo son el rock, el metal, las variantes primigenias del jazz y el blues, el tango, y paren ustedes de contar. La diferencia principal entre la música popular y la llamada música culta, según varios otros especialistas, también consiste en el uso de líricas, las cuales para muchas personas son lo más importante de una canción.

Música popular es un término que, lejos de querer englobar a un grupo concreto de individuos o a lo que suene en el Billboard en determinado momento, nace a partir de la mercantilización de la música en un contexto capitalista, donde se busca el acceso y la venta a la mayor cantidad de personas posibles. Es decir que, por ejemplo, «La Caperuputa y El Lobo Culión» (si, les juro que esto existe) es una canción que encaja dentro de la música popular por más que la conozcan tres personas, porque el grindcore y sus derivados son música popular per se.

¿Hay que prohibir el autotune?

Sobre el Autotune, y la polémica que gira en torno a él, no deja de ser un caso de un tipo de tecnología mal entendido. El propósito estándar del Autotune desde sus mismos inicios nunca fue reemplazar la técnica vocal de nadie, sino poder corregir algunas notas concretas con el fin de abaratar costos y tiempo. Puesto así parece exactamente la misma cosa, pero como sabe cualquiera que haya escuchado música en vivo (aún si es por videos de YouTube), nunca una canción se interpreta exactamente igual dos veces, tanto desde lo vocal como desde lo instrumental.

No voy a entrar en la cantidad de cosas que pueden salir mal, porque realmente no creo tener que explicar que los artistas son humanos y no robots, pero sí decir que, con mucha frecuencia, una nota puede estar fuera de lugar, un instrumento puede no estar afinado del mismo modo que en el disco, o incluso puede haber espacio para la improvisación. Toda la música actual, sea del género que sea, usa Autotune para calibrar las notas, y en el 99% de los casos el o la cantante podría llegar a esas notas concretas de un modo perfecto ya que posee la técnica necesaria para ello, pero sigue siendo un desperdicio de tiempo y recursos, y nada te garantiza que vaya a sonar exactamente igual en un vivo. Claro que esto trae otro problema real consigo, pero voy a ir a eso más adelante.

 Antes que alguien lo mencione, y ya para salir por ahora del tema Autotune, siempre que escuchen gente como Duki, Kanye West, la banda de heavy metal Skull Fist o quien sea usar una voz robótica gracias al Autotune, es enteramente una decisión artística pensada para plasmar algo en concreto. Los ingenieros de sonido conocen su arte como la palma de su mano, y si no quieren que vos sepas que alguien usa Autotune, no te vas a dar cuenta por más atención que pongas. Esta voz robótica tampoco reemplaza o compensa la técnica vocal de por sí. Si no me creen, vayan a escuchar a Rebecca Black y, si no quedan permanentemente sordos, van a entender de sobra por qué se volvió un meme en los lejanos inicios de los 2010.

 

¿Manteniendolo simple?

Por último, tenemos el argumento de que la falta de complejidad es algo malo de por sí, cosa que es aún más graciosa cuando ves que quien lo esgrime es un asiduo oyente de rock o metal, géneros literalmente nacidos para escapar de la complejidad y abrazar una simplicidad más juvenil.

Ante esto, tengo lo siguiente para decir: la música es un arte y, como tal, en ningún momento busca una evolución lineal, sino que pretende diversos cambios de paradigmas mediante la creatividad de los involucrados y los recursos que tengan para llevar a cabo su propuesta. Pretender que el único tipo de música válida es aquella que tenga complejidad técnica encima no sólo restringe el arte, no sólo lo condena a un tipo de pseudo-evolución lineal donde se puede avanzar de un único modo y quien sepa tocar mejor sus instrumentos automáticamente es mejor artista (cosa que nunca pasó en la historia de la música, dicho sea de paso) y no sólo nos hubiera privado de manifestaciones musicales históricas como todas las mencionadas en este texto, sino que es la base del problema real que comenté anteriormente, pero llevado al otro extremo.

Si Jimi Hendrix es recordado hoy como uno de los mejores o el mejor guitarrista de todos los tiempos no es por su técnica, ya que hoy podrías encontrar veinte tipos más habilidosos que él, sino por su enorme despliegue de creatividad y el cómo supo empeñar esos recursos a favor de su propuesta.

Del mismo modo, artistas como Chuck Berry, Depeche Mode, Nine Inch Nails, Eminem y tantísimos otros no son ni serán recordados por su destreza y sofisticación, sino por su creatividad y lo bueno de su ejecución al respecto. Es tan así, de hecho, que ni siquiera el rock progresivo, eternamente venerado por los puristas gracias a su complejidad, es un género complejo realmente, sino que sólo lo es en comparación a otros géneros del rock.

El propio Steven Wilson, considerado uno de los padres del género en su expresión noventera y de los dos mil, siempre hizo hincapié en lo sencilla que es su música y cómo esta brilla más en su producción. Por sí misma, la complejidad no es ni meritoria ni demeritoria, sino que depende mayormente de la propuesta de turno y el cómo se ejecuta.

El problema

 Ahora bien, si no creo que nada de lo citado anteriormente sea un problema, ¿qué sí lo es entonces? Ciertamente no es que la industria discográfica ponga a dos monigotes sin oficio ni beneficio a cantar mal en una ceremonia que de por sí es un chiste mal contado, ya que estas prácticas existieron antes de Spotify y TikTok, y seguirán existiendo cuando pasemos a otra cosa. Tampoco creo, obviamente, que el problema sea la supuesta falta de “instrumentos de verdad” ya que de por sí la definición de instrumento es cualquier cosa que ayude a crear música, sea una guitarra, un sintetizador o una computadora con FL Studio instalado, además de que existen corrientes realmente interesantes como el japanoise que buscan expandir los límites de la música mediante el uso de objetos cotidianos rompiéndose. 

 El problema real que surge de estas prácticas es, en mi opinión, la estandarización de la música. El problema con el Autotune no es que “cualquier idiota pueda cantar” sino que, en pos de lograr la perfección, en muchos casos se deja de lado el poder de la interpretación. El problema no es que la música actual sea más o menos simple, sino que buena parte de los recomendados de YouTube haya pasado por los mismos filtros para hacerla apta para el marketing. Del mismo modo, proponer que la música “de verdad” requiere buscar la complejidad como si fuera el santo grial sigue siendo una propuesta que también apunta a otro tipo de estandarización musical, en lugar de permitir una amplitud de ideas y propuestas artísticas.

Si se acuerdan de lo que dije casi al inicio del artículo, saben que no creo que esto sea capaz de afectar a la música en su totalidad, y realmente lo sostengo. Primero porque estas prácticas de estandarización no son nuevas, sino que lo único nuevo es qué se estandariza exactamente, ya que las grandes discográficas y los empresarios de la música siempre han buscado vender más haciendo menos. Y segundo, porque siempre va a haber artistas que busquen innovar y romper con lo establecido, ya sea en el underground o en cualquier radio comercial.

Rejoice

 Hace poco Ihsahn, líder de la legendaria banda de black metal Emperor, criticó a la escena del metal actual por su supuesta falta de actitud y elogió a The Weeknd, ultra conocido artista de R&B, diciendo que era más atrevido y experimental. Sus declaraciones textuales fueron:

“Tengo esta teoría de que la creación realmente nueva en la música, el verdadero genio, ocurre en la clandestinidad, donde no hay dinero y la gente simplemente lo hace por la ambición artística, y también en la cima, donde hay tanto dinero que ni siquiera les importa y pueden hacer cualquier cosa, y después están todos los demás en el medio que intentan hacer las cosas ‘correctas’ y hacen esos compromisos para llegar ahí”.

No estoy diciendo necesariamente que Ihsahn tenga razón por completo o no, pero sí menciono que hasta gente de un género mucho más dado a cerrarse sobre sí mismo como lo es el black metal puede apreciar que siempre va a haber vanguardismo y que este no está dado por la complejidad, la falta de ella, o cualquier cosa que se discuta ad infinitum en las redes sociales, sino por un genuino deseo de expresar algo nuevo.

Personalmente, creo que aún con los monstruos de las industrias discográficas, vivimos una edad de oro en el mundo de la música. No solamente porque hoy tenemos acceso a millones de expresiones artísticas que antes se nos hubieran escapado en el formato que queramos, ya sea mediante streaming o mediante la compra y venta de formato físico o digital, sino porque hoy hacer música es más fácil que nunca en cuanto a su accesibilidad se refiere, y ya no necesitás depender de una disquera para tener un alcance masivo.

No me malentiendan, claramente esto no viene gratis y trae más problemas, como que cada vez es más complicado vivir de hacer música y plataformas como Spotify no ayudan precisamente. Pero en cuanto a producción y difusión musical se refiere, personalmente no podría sentirme más agradecido por ser una persona joven en los tiempos que corren, ya que la posibilidad de ampliar mis horizontes musicales depende casi exclusivamente de lo que me de la gana hacer y cuanto tiempo esté dispuesto a invertir.

No estoy escribiendo esto para cambiar la opinión de nadie sobre el estado actual de la música como arte, no quiero decir que todo lo mainstream sea bueno, y mucho menos defender a María Becerra y J. Balvin. Pero si llegaste hasta acá, al menos puedo intentar recomendarte que siempre busques más allá de lo que te ofrece la radio, e incluso a apreciar lo que esta te ofrece dentro de su contexto. La música es un mundo hermoso, capaz de conectar con una persona a niveles que ningún otro tipo de arte podría, y enfrascarse en un estilo o una época determinados no está mal si no te interesa ir más allá, para nada, pero ir un poco más allá y buscar propuestas innovadoras puede ser un ejercicio interesante y, quien sabe, capaz encuentres algo maravilloso que no creías que pudiera existir.

 Difundan la palabra gente, paz y The Weeknd.

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