Comunicado: 30/06/2019

El día de ayer (29 de junio de 2019), FIT Unidad publicó un comunicado anunciando su ruptura con una facción liderada por Jorge Altamira. Más allá del cáracter banal y anecdótico de la disputa, esta evidencia la falta de rumbo en términos prácticos y teóricos de la izquierda argentina (al menos, en su expresión institucional y representativa). 


Desde nuestra publicación, asumimos una posición ideológica cercana a la izquierda, entendiendo que se encuentra desactualizada y a la sombra de prejuicios que son reforzados por un accionar estéril y absurdamente escéptico de (si no ajeno a) las herramientas que la acercarían efectivamente a las nuevas generaciones.  


El espacio que hoy ocupa la izquierda carece de sentido práctico. El programa utópico propuesto es irrealizable y dista profundamente, no sólo de lo posible en las condiciones dadas, sino de lo deseado por quienes podrían identificarse con los valores que lo nutren. Magro favor le hace la ausencia de una mirada crítica a los procesos recientes (y no tanto), y las justificaciones absurdas a regímenes totalitarios. Un cambio de óptica al respecto enriquecería mucho más de lo que se cree.


La izquierda encuentra castrada su posibilidad como plataforma de representación democrática o institucional. En parte, por lo anteriormente explicado, en parte porque su retórica consistenemente alude a lo impracticable, y porque no ofrece algo que pueda ser electoralmente satisfactorio/redituable/efectivo. 


En un contexto de innegables turbulencias político-económicas, el potencial de una expresión de izquierda se mantiene intacto, y la aparición de una viable puede significar la diferencia entre una profundización de los procesos reaccionarios y proto-totalitarios, y la resolución de las actuales tensiones por una vía política-institucional de menor costo humano.


Es importante recalcar dicho costo, a sabiendas de que esta clase de disputas estériles implican tiempo perdido que podría invertirse en mejorar la propuesta, actualizarla, y adaptarla no solamente a lo deseable, sino también a lo posible y lo imperativo. La intransigencia doctrinaria de la izquierda local causa un desperdicio de recursos (económicos, humanos, y abstractos) absurdo.

Lo que desnuda este pequeño affaire Altamira-FIT, es que la mayoría de las posiciones predominantes suelen ser dogmáticas o de una autocrítica totalmente edulcorada y superficial. Cuando se objeta el hecho de que se hace política desde el slogan, proceden a crear slogans nuevos. Parafraseando a Zizek, tenemos una izquierda que se presume radical y que debería buscar cortarle los huevos al sistema, pero que ni siquiera se los está empolvando.

Es hora de reformar. ¡Lo logrado es tan escueto, honestamente tan escueto, y hay tanto por ganar, y ganarlo es tan necesario!