EDET N°013: Anecdotario

Hace unos días, me puse en campaña para abandonar las redes sociales. O, al menos, las más nocivas. Continúo en Instagram porque tengo un feed bien curado – como solía tenerlo en Tumblr. Algún varón musculoso fotografiado en 1976, Architectural Digest, memes de filosofía continental, una librería local informa que tienen una edición usada de la última novela de Donna Tart, Lana Del Rey bebiendo Chardonnay en algún lugar soleado. @ripannanicolesmith superponiendo una cita de Bell Hooks sobre una foto de Kim Kardashian, #TBT: Las oficinas de The Paris Review hace 15 años. Escapismo importado intelectualmente estimulante. Se siente genuino, lo disfruto, lo controlo. Es casual. Al fin y al cabo, estar en redes sociales no es un hobby. Si quiero angustiarme por algo, que tenga una razón de ser, que sea importante y que requiera mi angustia, sólo es cuestión de esperar, navidad está a la vuelta de la esquina. O bien puedo leer las noticias. Al fin y al cabo, mi objetivo no es insularme, sino insularme de cosas que, más por lastimosamente banales que por nocivas, no quiero en mi vida.

main work - Douglas Coupland, I Miss My Pre-Internet Brain
I Miss My Pre-Internet Brain, Douglas Coupland, 2012.

Entonces, oh, bueno, incurso en el boomerismo de descargar la app de Todo Noticias. Al fin y al cabo, ya había tomado la costumbre de revisar “las noticias” dos veces por día: A la mañana, y luego a la noche. Pero, tras unos días de confiar en TN, con ocasionales incursiones en Minuto Uno, La Nación, Clarín, Infobae, etcétera; arribo a una triste (y algunos denunciarán, evidente) conclusión: Los medios locales son, para ponerlo en términos quizás demasiado técnicos, una reverenda poronga.

¿Por qué quiero leer las noticias, compiladas por un medio, en lugar de meramente leer los cables de agencias oficiales?

  1. Espero que los medios curen una selección de noticias relevantes a mis intereses y mis preocupaciones.
  2. Espero que los medios me ayuden a contextualizar algunas de estas noticias mediante columnas de análisis, con un ocasional permitido filonazi, a la New York Times, que deja un pésimo sabor en la boca. Pero puedo leer una refutación que me devuelva el alma al cuerpo en Current Affairs o Jewish Currents.

Esto se logra en medios no-argentinos. Con algunas dificultades ocasionales, pero se logra. ¿Por qué todos los “portales de noticias” son anecdotarios heterogéneos que, en lugar de ayudarlo a uno a más o menos entender qué podría estar sucediendo desde una mirada sesgada pero esforzada, refuerzan la esquizofrenia deleuziana en la que uno está sumido?

Ejemplo de 7 titulares de un portal de noticias local, presentados uno al lado del otro, en un Mansonry de confusión:

  • “Increíble tiroteo en Loma Hermosa: Dos jubilados detenidos”
  • “Las cifras del Coronavirus: 2 millones de muertos en las últimas 4 horas”
  • “El bochornoso fallido de Hermes Binner: ‘El Teto Medina me tocó la colacha’
  • “Bolsonaro insulta a periodista neolandeza: ‘Todas putas pero no conmigo’
  • “[Tita Corlucci] prende fuego las redes sociales con su baile hot”
  • “[Pati Goroychea] anuncia su separación de [Emilio Hobsbawn]”
  • “Las cifras del desempleo en Argentina durante el segundo cuatrimestre del 2020”.
  • “Eva Braun: Una mujer distinta con una mirada polémica”

Muy boomermente, esta mañana, tras desinstalar la app, me quejaba de esto en una breve conversación con mi esposa, mientras ella se acicalaba y yo tomaba una ducha. Concluímos que esta licuadora es una consecuencia de décadas de atrofia de la curiosidad intelectual de la clase media argentina. No hay mercado para nada mejor, si no ya existiría.

Pero, además de como gotcha, esto funciona como una ocasión para abordar, una vez más, cierta pregunta muy prostituída.

¿Para qué sirven los medios?

No he estado solo en este error, pero he sido culpable de plantear esta pregunta haciendo una división muy inorgánica entre los medios “tradicionales” y los medios “digitales”. A menos que con medios digitales nos estemos refiriendo a las redes sociales o a medios independientes, esta distinción no tiene sentido. El ciclo de noticias de 24 horas, con lo que significó, fue más un hermano mayor, no un abuelo, del actual modelo de producción de “contenido” de los “medios digitales” hegemónicos. Esto se ve muy claramente en el caso de TN.com.ar, donde el cambalache televisivo es replicado en el cambalache digital.

Pero, yendo al núcleo del asunto: ¿Cuál es el objetivo de los medios? La manera corta, cínica y a primera vista simplona de ponerlo es: “el objetivo de los medios es vender”, porque los medios son negocios. Esto va más allá de los objetivos individuales o privados de los periodistas. No quiero ingresar aquí en una conversación similar a “¿Son todos los policías bastardos?” Cuando se trata del periodismo, reducir el asunto a las falencias de individuos no nos sirve. Todo el sistema, con los individuos adentro, está mal, y el enfoque individual es falaz.

Los medios venden dos cosas: Productos e ideología. Productos, a través de contenido patrocinado, y de altos volúmenes de contenido no-patrocinado. Contenido que atrae “ojos” y “clicks”, aquello por lo que pagan los patrocinadores. Pero, ¿De qué manera vende “ideología” un medio? Mediante el encuadre de su material. Ideología es lo que hacemos cuando estamos siendo neutrales.

Más allá de algunos actores transparentemente partidarios, demasiados medios argentinos funcionan bajo una presumida neutralidad. Esto se debe a una falencia fundamental en cómo pensamos en política.

La política como telenovela

La política argentina es un “ahora” eterno. Una telenovela cuyos enredos, naturalmente, no son estructurales, sino de carácter, de personaje. Character-driven fiction. Quizás la mayor decepción política de la década haya sido la realización de que remover a Cristina Kirchner (y secuases) no “cambió” las cosas. Ella, como cabeza de Estado y jefa de la banda no constituía el gran problema. Ojalá los problemas fueran monolitos personalistas. Ojalá los problemas fueran hidras. Son hiedras.

El asunto con la política como telenovela es que los elencos deben ser relativamente pequeños, y componerse de carácteres fuertes – de carácteres televisivos, de personajes. Aquellos actores que no funcionan como personajes se invisibilizan. Y junto a ellos, los entramados que los sustentan. A su vez, la naturaleza de la política como telenovela lleva a encuadrar el análisis como uno de disputas personales. Se trata como comentario político al análisis chimenteril de supuestas traiciones, atracciones no correspondidas, etcétera.

Estas pasiones, estos gestos, estos romances se desarrollan en paralelo a otros, sin repercusiones políticas. En el fondo, ciertas métricas demuestran el impacto de estos desazones, de estas seducciones, de esta intimidad, en las vidas de los argentinos. Argentinos que resultan, no actores políticos reales, sino rehenes de disputas de alcoba ajenas.

Pero, ¿En qué formato se despliegan estos episodios?

Narrativas fragmentarias


En 1959, viviendo en París, el escritor norteamericano William S. Burroughs descubrió la técnica del cut-up. El cut-up fue ideado por los dadaístas en los años 20s, y retomada por el artista multidisciplinario Brion Gysin, amigo y, quiero creer, amante de Burroughs.

El cut-up, como lo comprendían los dadaístas, consistía de tomar textos existentes, recortar sus palabras y reorganizarlas. Burroughs y Gysin, en su lugar, tomaban dos páginas, las recortaban en vertical, y las ensamblaban para dar con este nuevo texto, que en realidad no es nuevo, sólo estaba “oculto” en los textos anteriores.

En sus escritos sobre el cut-up, William Burroughs propone la técnica como una forma de abordar la naturaleza real de la experiencia y del lenguaje. Todo es fraccionado, todo rima. Pensamos en ratones y momentos luego vemos pasar un camión de control de plagas. Todo está secretamente conectado.

En los medios, a veces parecería haber, una suerte de principio de cut-up. Hay algo que nos está siendo dicho, de a cuenta gotas, día tras día, como si no se pudieran decir las palabras que se quieren decir, y sólo se enviasen señales que fuesen a provocar que el mensaje apareciese en nuestras mentes. Lo que se siente como relevante es presentado en una sola dimensión, junto a lo que se siente como irrelevante. Una curiosidad y un pequeño episodio de humillación nacional. Un gesto vacío y un recordatorio de quién está equivocado.

“El texto resultante siempre tomaba un giro narrativo, enigmático primero pero en última instancia explícito y a menudo premonitorio. La distribución semántica de estos elementos básicos los alejaba de su significado original, entonces revelando su verdadero significado. Entonces, cada forma de escritura consistiría de una operación de decodificación, de contaminación, y de perversión de los sentidos. Todo esto porque todo el lenguaje es esencialmente mistificación, y todo es ficción.”

– Brion Gysin

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