Miremos a Steven Spielberg

Steven Spielberg es uno de esos nombres que no necesitan introducción, sin embargo nunca está de más refrescarle al ocasional distraído que estamos hablando de uno de los cineastas más influyente de las ultimas 4 décadas, contando en su filmografía con obras tales como “Schlindler’s List”, “Raiders of the Lost Ark”, y “Saving Private Ryan”, entre un enorme listado de joyas cinematográficas aclamadas por la crítica y triunfantes en la taquilla.

Analizar la obra de Spielberg sería una tarea digna de varios tomos. Tarea que obviamente, por nuestro carácter de pasquín comunista, no haremos. Sin embargo, no vamos a dejarlos con las manos vacías; ya que vamos a analizar una escena de una de sus películas más amenas, por ponerlo de alguna forma, en la cual estamos muy confiados en afirmar que se encuentran encapsuladas todas las marcas estéticas, las temáticas, e iconografías que han vuelto a Spielberg el apellido por excelencia del cine mundial; sin más preámbulos, les presentamos…

Nobody is chasing you”

Estamos hablando de una de las últimas escenas del film de 2002 Catch Me If You Can dirigida por el mencionado cineasta, y estelarizando a Leonardo DiCaprio, Tom Hanks y Christopher Walken. La película cuenta la historia de Frank Abagnale Jr. (Leonardo DiCaprio), un joven estafador que se hace pasar exitosamente por un piloto de una aerolínea, un cirujano y un abogado, todo ello antes de los 21 años.

En su momento, si bien fue un gran éxito en la taquilla y tuvo una recepción acogedora por parte de la crítica – logró recoger un par de nominaciones para los Oscars- la película pasó a esa lista de producciones de Spielberg que uno pasa a reconocer inmediatamente pero que no se detendría a ver detalladamente más que por algunas escenas claves, algo así como “The Post”, “Bridge of Spies”, o “War Horse”, que no son malas bajo ningún concepto, solo no son memorables. Aunque en el caso de “Catch me”, me gustaría disentir, ya que luego de una atenta segunda mirada pude identificar las marcas de un artista maduro, un director que conoce sus herramientas al milímetro, y un realizador que sabe qué es lo que desea comunicar y lo hace de una forma tan simple e ligera que pasa inadvertido, como Frank al disfrazarse de piloto o médico

[Spoilers a partir de aquí. Si no han visto el film, es muy recomendable, incluso más que ello, necesario, diría yo.]

Esta simpleza y ligereza puede ser vista en la escena climática en el aeropuerto, luego de que Frank sea apresado por Carl Hanratty (Tom Hanks, como el agente del FBI encargado de fraudes financieros). El joven estafador es forzado a cumplir su sentencia trabajando para el FBI bajo el comando del mismo oficial que lo había atrapado; añorando su libertad, Frank trata de ejecutar una de sus antiguas tropelías y se viste de piloto nuevamente para poder volar gratis, y retomar su actividad nuevamente. Es allí donde comienza esta escena:

[Les recomendamos ver la escena para proseguir, o en su defecto, la pelicula en su totalidad. Es realmente buena.]

Simple, menos de 2 minutos y un montón para desempacar.

Lo primero que salta a nuestros ojos es la forma en la que está filmada la escena, es un pasillo largo, con la cámara colocada frente a Frank, haciendo foco en su persona, la cámara es llevada por riel durante la toma y mantiene un plano entero durante la escena. Spielberg hace uso de la cámara en esta forma no solo para poder posicionar a los actores en un bloqueo (la posición relativa del actor con respecto a la cámara) que sea temático y narrativamente relevante (Carl está persiguiendo a Frank de nuevo, duh), sino también para poder hacer uso de una de sus marcas estilísticas más conocidas, el “Oner”, o plano secuencia.

Lo que diferencia al plano secuencia de Spielberg de lo que haría Iñarritu, es la duración -Spielberg tiende a ejecutar planos secuencias de menos de 2 minutos- y el propósito. En vez de llamar atención hacia el hecho de que la cinematografía se está realizando en una toma, Spielberg usa el plano secuencia para hacer desaparecer la cámara y que los actores y el diseño de producción puedan brillar apropiadamente convirtiendo a la audiencia en un testigo casi activo de la historia; en este caso son los lenguajes corporales de Frank y Carl, junto con las preguntas de este último lo que da forma al clímax de esta historia. Frank está nervioso, camina acelerado y sin hacer contacto visual con Carl, tropieza con sus palabras, la confianza que exudaba anteriormente se ha ido. Por otro lado, Carl camina a su ritmo, está tranquilo, está seguro de lo que, sabe lo que tiene que decir y lo dice; la revelación llega, ambos se encuentran al final del pasillo Carl le dice a Frank que lo dejara ir, porque está seguro de que volverá el lunes a la oficina, la cámara ya no se mueve queda haciendo foco en el desorientado Frank quien ve como Carl se marcha. La emoción ha cambiado, también lo hace la escena.

Pero quedémonos en la escena un tiempo más. Spielberg no solo demostró cómo utilizar la cámara para enfatizar el trabajo de sus actores, sino que en esta escena también pone de manifiesto una de sus temáticas favoritas, la familia, particularmente la figura paterna.

Verán, Frank no es un estafador de la nada, diría un filósofo francés que Frank es: “el resultado de lo que hicieron con él.” Su padre, Frank Abagnale Sr. (Interpretado maravillosamente por Christopher Walken) es un personaje complejo quien en los primeros minutos de film pierde casi por completo su vida aparentemente perfecta; su matrimonio se derrumba, su hijo que lo idolatraba se escapa confundido ante el inminente divorcio, su negocio se derrumba, y su imagen de hombre exitoso e importante queda reducida a añicos ante todos, excepto ante el pequeño Frank Jr… Para quien su padre fue una suerte de figura trágica, un hombre de gran espíritu y valor aplastado por las condiciones de un mundo que no lo entendió para nada, es ante esto que Frank adopta lo que su padre le ha enseñado, sus lecciones sobre la apariencia es lo más importante, como mentir, que es el éxito; esto sumado al frágil ego de Frank Jr, su moral endeble, y su incipiente genialidad, y tenemos como resultado a nuestro complicado y carismático protagonista, buscando no solo la aprobación de esa figura paterna que lo hizo como es sino, recuperar lo que ese deficiente padre perdió.

Frank Jr ha vivido hasta esta escena buscando que esa figura paterna le dé entidad como el genio que es, como la persona que es…Aunque muy para su sorpresa esa figura que se lo hace no es su padre biológico, sino su captor- Y para este punto del film, su jefe- Carl.

Carl es presentado durante la película como aquel que reconoce el genio de Frank Jr -Por medio de su juego del gato y el ratón, tan propio del género al que pertenece la cinta-. Es él quien ve potencial en el joven, y es el quien lo sugiere para trabajar en el FBI; no solo porque el joven haría una increíble incorporación a las fuerzas del orden, sino también porque en definitiva Frank no es más que un chico atrapado en la lucha permanente que es la formación de la identidad y la figura paterna; Carl como padre, y uno fallido según su propia admisión, reconoce esto en el joven, así como reconoce que en realidad en este caso en particular no está huyendo de la ley, sino que está corroborando quien estará ahí para detenerlo, para ponerlo en su lugar, para reafirmarle que ahora es alguien en sí mismo; quizás Jr. Esperaba a su padre -Ya fallecido a esta altura del film- o, su madre quien lo abandono tras el divorcio; sin embargo la realidad es que ahí apareció Carl, y solo Carl, para reafirmarle que nadie lo estaba persiguiendo, que ya no había pasado del que correr, que ya no había de quien correr más que de el mismo, y de la persona que quisiera ser.

Es aquí donde Spielberg muestra uno de los temas más prevalentes de su filmografía, quizás incluso su temática más examinada y reiterativa, la figura paterna. Una infinidad de sus obras giran alrededor de esta idea, o al menos las presentas como ideas centrales. Por ejemplo tenemos “Indiana Jones and The Last Crusade, “Hook”, “Jurassic Park”, casi todos presentan las familias y las figuras paternas como un tema central, ya sea a modo de estudio de las dinámicas, o como ancla emocional de la historia que se está por narrar.

Spielberg nos muestra una ventana a su vida con este tópico, su relación con su padre fue tensa durante gran parte de su vida. El director acusaba a su padre y sus tendencias “workaholic” de haber acabado con su familia y causar el divorcio que lo separo de madre durante su adolescencia, así también como maldijo a la fe que heredó de su padre, el judaísmo. Fe que fue la causa de acoso escolar durante años para Spielberg.

Esta relación ha permeado a la obra del director, y le ha dado una entidad única al estilo del oriundo de Ohio. Un estilo tan atrayente que todos los grupos etarios pueden relacionarse ya que en algún momento todos somos hijos, o padres, o al menos tenemos a alguien que se asemeja a uno. Podría decirse que Spielberg encontró en lo particular la universalidad, y por medio de su entendimiento de su arte la hizo universal para nosotros en tanto público.

Podríamos seguir diseccionando esta escena, y encontraríamos más detalles de lo que hace al cine de Spielberg. Veremos como el background también cuenta parte de la historia y lleva cargas temáticas propias- Las personas que pasan por detrás de Frank y Carl mientras marchan reflejan varias de las profesiones de Frank Jr.- veremos también como usa la música el bueno de Steven para crear atmosfera, o en este caso la falta de la misma-Enfatizando nuevamente el ruido ambiente, llevando la tensión del enfrentamiento final al terreno de la vida real- podríamos incluso hablar de su apego y respeto por el guion; es sabido que Spielberg no permite las improvisaciones en el set, mucho menos en escenas climáticas, y así podríamos hasta hablar de la paleta de colores, y la no tan sana obsesión con Tom Hanks… Pero ya hemos dado nuestra exposición al respecto del valor artístico y técnico de la obra de Steven Spielberg, que es lo que se aprecia en este fragmento ínfimo de su labor.

Ahora bien solo nos queda explicarnos en una cuestión: ¿Porque mierda importaría hablar de esto, a quien carajo le importa lo que hace un multimillonario con sus películas asquerosas? Bueno estimados lectores, voy a tener que pedirles que lean un par de líneas más.

Do you concur?

Steven Spielberg ha dejado su huella en el mundo, y no solo por suerte, o por apelar a las masas de las formas más manipulativas y populistas que el séptimo arte puede ofrecer, claro que no, y muy por el contrario a lo que muchos snobs e intelectuales suelen decir, Spielberg dejó su huella en el mundo a través de su arte. Él es sin lugar a dudas un artista dueño de su propia voz.

Un artista que han hallado su expresión propia usando sus herramientas, sus recursos y técnicas, los cuales fue adquiriendo a lo largo de su camino formativo. A ver, su plano secuencia no es nada nuevo, en la década de los 50s y 60s era el plano estándar del cine Hollywoodense – oh casualidad, esa fue su década formativa, y su gran inspiración, Frank Capra fue uno de los pioneros de la técnica. Lo mismo podría decirse de sus temáticas narrativas, y las herramientas que emplea. Cosas que vienen dadas cuando uno sabe al pie y puntilla lo que es su oficio, su historia, su evolución, y el espacio que el mismo ocupa en el mundo. En ese sentido no hay nadie que se lo iguale al director de “Ready Player One”.

Steven Spielberg merece su lugar entre los grandes, no solo por la forma en la que ejecuta sus ideas y las comunica a los grandes públicos, no solo por la forma en la que convirtió sus gustos e historias personales en obras que interpelaron e interpelarán a millones de personas a lo largo y ancho del mundo; sino también por el hecho de que su influencia en el mundo trasciende el ámbito del cine, su influencia llega al habla cotidiana, a la moda, la música, e incluso, la política.

La sombra de su genialidad es tan abarcativa que los años 80s, con todo lo que implican, son prácticamente sinónimos con su cine. Tal es así que la generación que hoy nos da series, y películas vive perpetuamente inspirada por la obra de un hombre que traslado su visión de manera tan integral al mundo real que no sería una exageración afirmar que él fue uno de los formadores de lo que hoy en día se espera al ir al cine. Sin dudas todo un Chad.

Aunque no lo parezca estas líneas no están escritas aquí para llenar el recortado falo del señor Spielberg de saliva, no. Estas líneas están aquí a modo de advertencia para aquellos que en esta época persiguen el llamado del arte, que no sean snobs, que no den nada por sentado o sabido. Que se puede aprender tanto de una película tan inocua y comercial como “Catch Me If You Can”, como de una obra de arte indiscutible como es “Citizen Kane”.

No estamos diciendo que desmerezcan los clásicos y se entreguen a un frenesí de pochoclos, no, jamás diríamos eso. Lo que estamos sugiriendo es que sean críticos de cuanta obra consuman, vean que aún en la mayor cagada del cine hay un mérito artístico, algo que puede llamar la atención, excitar la imaginación y abrir la puerta a comprensiones nuevas del arte.

Estar atentos a estas técnicas narrativas, a estos detalles en la filmografía, a como se ejecuta una escena, no solo nos abre una nueva área de comprensión del lenguaje cinematográfica, sino que también nos da herramientas para criticar y construir discursos en torno al séptimo arte que sean enriquecedores, y más demandantes para con una industria que parece estar en piloto automático hace años.

Y, ¿Spielberg? Un artista inigualable, popular sin dudas, pero un artista a fin de cuentas. Siempre ha contado las historias que quiso, como quiso, y cuando quiso. Y con una voz propia, y un entendimiento perfecto de su arte; cosa que se está volviendo cada vez más, y más, y más escasa en el mundo de hoy. Sin embargo, no pierdo la esperanza de que las generaciones venideras serán igual de únicas que las obras del bueno de Esteban.

Vean Catch Me If You Can, y con alguien especial al lado. No se van a arrepentir.

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