[Tu medio favorito] miente

“Clarín miente”, dice un votante kirchnerista, “C5N y Página 12 mienten”, dice un votante macrista…y ambos tienen una cuota de razón: los medios televisivos mienten porque no están hechos para transmitir la verdad. Son una herramienta de construcción discursiva.

Incluso si los medios tuvieran a su disposición la asistencia de un extraterrestre proveniente de una civilización que logró desprenderse de toda implicancia cultural/simbólica, trascendiendo a un nuevo nivel de intelectualidad desconocido para el humano que le permite ver los sucesos en su forma más pura sin elaborar interpretaciones de los mismos viciadas por los símbolos, los medios no podrían decir la verdad por el simple hecho de que no están hechos para eso. ¿Por qué? Por sus limitaciones temporales.

En el momento en que dicho alienígena comienza a hablar de X suceso, deja de hablar de Y suceso, que a su vez está interrelacionado al suceso X, dando como resultado una “verdad” fragmentada, inconexa, que deja de ser verdad.

Este hecho se ve magnificado en la realidad (por obvias razones, ya que no somos alienígenas, y nuestra percepción sigue vinculada al universo simbólico al que pertenecemos), donde sobre un mismo suceso X podemos observar 10 interpretaciones distintas en los medios, los cuales a su vez están vinculados en mayor o menor medida a grupos empresariales o al aparato del Estado, y que poseen una agenda específica sobre cada proceso que nos afecta en la realidad material. Más allá de eso, los medios no sólo funcionan como portavoces de grupos de poder, sino que también son atravesados por una agenda conservadora. Necesitan preservar el status quo para continuar funcionando.

Los relatos mediáticos, a su vez, son procesados y reconstruidos por el público (que, dependiendo de su afiliación política, de sus valores, de su historia personal) le adjudican un sentido. Pero dicho sentido no le es propio en absoluto: el sentido que reconstruye el oyente está direccionado por el emisor del relato. “¿Si te digo que pienses en elefantes, en qué pensás? En elefantes”, se dice enInception.

Esa construcción de sentido se ve reflejada en nuestra cotidianeidad, al punto en que se amalgama a nuestros comportamientos más mecánicos. ¿Cuántas veces hemos visto a un macriísta rezongar de manera casi instintiva al escuchar a “la yegua”? ¿Cuantas veces hemos observado el mismo comportamiento en un kirchnerista al observar como “el gato” no logra hilvanar dos oraciones seguidas?

Ahora imaginemos dicho impacto en nuestras relaciones sociales, un mundo mucho más complejo que las actitudes mecánicas. En este mismo instante se están disputando infinidad de quijotescas batallas entre macriístas y kirchneristas, milei-boys y troskos. Pero estas batallas forman parte de un escenario más reducido, donde la guerra se da entre un pequeño número de discursos, cuyos ejércitos marchan al compás de los medios de comunicación. Y no, you are not inmune to propaganda, baby. Para lograrlo vas a tener que mirar a través del telescopio durante horas buscando algún extraterrestre que te abduzca y te inculque su manera de pensar (sí, como en Los Sims). Hasta entonces, tenés dos opciones: prendé una vela, poné cara de miedo, largate a llorar y pedile a los medios que sean buenos. La otra opción ya la conocemos todos.

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