El trigo en el propio

El sello de las discusiones políticas y culturales de la última década es la prevalencia de posturas basadas en moralismos. Si bien la sexualidad ha perdido gran parte del tabú, muchas problemáticas que se desprenden de ella son tratadas desde ángulos que no ofrecen soluciones, lo cual es especialmente preocupante cuando hablamos de delitos, como la trata de personas, o la producción y distribución de pornografía infantil. 

Sitios como Pornhub, xVideos y otros, proveen una plataforma desde la que cualquiera puede subir material anónimamente. Estas plataformas reciben volúmenes grotescos de videos y fotografías todos los días. Por ejemplo, durante el 2019, Pornhub recibió 6.98 millones de videos nuevos. 

Este flujo de contenido demanda un esfuerzo de moderación que estas plataformas rara vez pueden llevar a cabo. Como bien se jacta el mismo Pornhub, si por algún retrueque mágico hubieses empezado a mirar los videos subidos a Pornhub durante 2019, en el año 1850, todavía estarías mirando pornografía hoy. Son 169 años de material. 

En este contexto, numerosas víctimas de abuso sexual reportaron que Pornhub fue usada para revictimizarlas. Eso es, que sus abusadores subieron el video de su abuso al sitio. Por ejemplo, en octubre pasado, una chica de 15 años que estuvo perdida durante casi un año fue localizada porque su abusador subió registros audiovisuales de su violación a Pornhub. La plataforma contaba con 58 videos de la adolescente. 

Hay un problema con la moderación de contenido en plataformas como Pornhub. De manera similar, neonazis usan las redes sociales para difundir su nefasto mensaje y reclutar todos los días. Y los esfuerzos para detenerlos parecen nunca dar abasto. 

Recientemente, ha ganado tracción una campaña que, bajo el nombre “TraffickingHub”, pretende el cierre de PornHub, arguyendo que la única manera de que el portal deje de servir como espacio de difusión para registros gráficos de tortura es cerrarlo. Esta campaña fue impulsada por una organización llamada Exodus Cry. Su omnipresencia en los reportes sobre estos casos de abuso y su relación con Pornhub es tal que uno, cínico y del gremio de la publicidad, no puede sino comenzar a sospechar que es prensa paga. Al fin y al cabo, Exodus Cry cuenta con suficiente presupuesto como para conducir una campaña de prensa multilingüe celebrando millones de firmas en su petición de Change.org. ¿Qué intereses hay detrás de esto? ¿Quién gana planteando el problema de la pornografía infantil en Pornhub como un problema, no de moderación o incluso de identidad digital, sino como un problema de Pornhub?

Si bien la campaña anti-Pornhub es presentada como “apartidaria y sin filiación religiosa”, todos sus portavoces se muestran con cruces al cuello. Y si bien recientemente Exodus Cry se rebrandeó como una organización contra la trata de personas, un reporte de Open Democracy del año 2018 los vincula con la creación de Liberated: The New Sexual Revolution, un documental publicado en Netflix, que pretende examinar la vida sexual de los milennials, pero pronto la estética de la objetividad da lugar a un clarísimo sesgo anti-sexo y anti-LGBT. 

Como bien nota el susodicho informe, en archivos ahora eliminados del sitio, el fundador de Exodus Cry, Benjamin Nolot, habla de “la pureza en un mundo pornificado”. Por suerte, el texto está disponible en otro lugar de internet, al haber sido presentado en una conferencia cristiana, en 2013. Dicha conferencia fue organizada por la International House of Prayer de Kansas City. Esta institución fue fundada por Mike Bickle, quien arguye que la homosexualidad abre la puerta al satanismo.

Lamentablemente, TraffickingHub no es un esfuerzo mesurado y razonable para privar de una plataforma a los abusadores de menores. Menos aún es un esfuerzo feminista para cesar la trata de personas. 

Pero bueno, retornando al asunto que nos convoca: Veamos cómo prohibir algo eficazmente.

Todos los sitios tienen la capacidad de definir con cierto rango de precisión la localización de un usuario conectado. Esto permite restringir el acceso al sitio en caso de infringir sus normas (ej. Wikipedia) o emprender acciones legales si se comete algún ilícito.

Prohibir un portal que permite la subida de videos pornográficos es una medida que causaría 2 efectos inmediatos:

  • Como sólo puede cerrarse un sitio si está situado en una jurisdicción donde se tiene injerencia, el sitio puede moverse a otro dominio, como hizo MegaUpload hace unos años, o bien puede accederse al mismo mediante proxies como con ThePirateBay.
  • Se crearían portales nuevos, por lo cual tendrían que tomarse medidas extensibles a todos los sitios que comparten videos e imágenes pornográficas. Claramente se torna incontrolable, aún tomando las medidas más draconianas. 

Así mismo, quienes cometen delitos rara vez lo hacen de forma 100% explícita. Quienes hayan estado online durante los 2000s y tempranos 2010s probablemente recuerden Ares. Y quizás hayan escuchado las historias de terror de quienes, creyendo que estaban descargando un videoclip o una copia pirata de una película, descargaron pornografía infantil. Puede haber mucha pornografía mal titulada. Pero los videos snuff en cuestión tienden a estar “mal etiquetados” adrede.

Por otra parte, cuando se intentó detectar material pornográfico a mansalva mediante inteligencia artificial, pronto se encontró que daba falsos positivos. No hay forma de filtrar la totalidad del tráfico de internet, y aún si se pudiera hacer, caemos en la difícil tarea de definir qué es y qué no es material pornográfico, en términos que incluso una red neuronal artificial pueda entender.  Difícilmente una serie como Spartacus pasaría un filtro de censura moral. 

Durante la Revolución Argentina, en conjunto con la aplicación de un programa económico de carácter represivo contra la clase obrera se tomaron fuertes medidas de persecución ideológica y moral. Razzias en hoteles y bares, películas cortadas por “promover la desviación”, quema de libros “comunistas”, fueron moneda corriente por aquellos años, y ese clima de tensión social terminó gestando un baño de sangre y empeorando las condiciones de vida de la población, a la larga. 
Incluso en regímenes como el chino, donde la pornografía está técnicamente prohibida, las reglas son muy vagas y se aplican selectivamente, y las redadas virtuales son llevadas a cabo con cierta torpeza, y a pesar de sus crecientes costos. ¿Y cuál es el costo de esas medidas draconianas? ¿Realmente una cruzada moral contra la propia población impide la comisión de aberraciones? Como sea, restringir la libertad de los inocentes con el fin de perseguir posibles culpables es un tobogán que siempre termina en la mierda. Los responsables de los delitos (como bien sucede con otras actividades ilícitas) casi siempre operan con la veña del poder de turno, y los jerarcas de la censura siempre esconden sus propias miserias, como Joseph McCarty.

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