La metáfora de Anders, el mago aceleracionista

“Éste es el problema con las metáforas y los pensadores.

Un granjero no puede entender la verdad acerca del Creador, así que se le enseña que el Creador es un hombre, pero grandioso.

Un mago aprende lo mismo, lo interpreta como demasiado simple, y se siente inteligente por darse cuenta de que no es una verdad literal.

Pero una metáfora no es una mentira. Es una herramienta para ayudar a la gente a entender algo que está más allá de ellos…y tal herramienta es necesaria.”

-Madre Giselle, Dragon Age Inquisition

Cuando empezamos a hablar de formas de enseñar sobre distintas realidades, a veces podemos encontrarnos en lugares inesperados, y a veces en lugares ambiguos.

Zizek ya trata este tema en gran medida en En defensa de las causas perdidas. No para de citar obras de ficción, tanto clásicas cómo contemporáneas, donde la ficción sirve como un vehículo, una metáfora de lo que se está hablando, del conflicto que deben enfrentarse los personajes, normalmente retratados dentro de un marco político predeterminado. Éste mismo utiliza el ejemplo de la película Titanic, la cual no trataba sólo sobre un barco que se hunde, sino también sobre una pareja que desafía lo dictado según sus status sociales, y por debajo de todo eso, la búsqueda de identidad del personaje de Rose, que utiliza a Jack como andamio para reafirmarse. Su propia autopercepción dibujada bajo los parámetros de su amante. El iceberg es sólo una metáfora: Son los ojos de la sociedad que condena su relación, es la pregunta “¿Segura que esto es lo que sos?”.

Por supuesto, sabemos que los videojuegos no están exentos de esto, sin importar mucho si se trata de un título triple A o de un juego indie. Y en concordancia con la recurrente corrección política y la libertad del nivel adquisitivo que adquieren ciertas empresas, muchos más títulos se están desviando de la ya clásica formula del hombre blanco heterosexual como protagonista. Nuevamente queremos recordarles (por las dudas viteh), que esto no es por un plan maléfico (¿y secreto?) de Soros. Son las empresas queriendo ampliar su terreno, capitalizar más consumidores.

Dragon Age, desde sus orígines, se mantuvo “abierto de mente” con respecto al feminismo y a personajes LGTBIQ+. De por sí, una de tus seguidores, la candente pelirroja llamada Leliana, es abiertamente lesbiana – y además es una especie de monjita… siento que esto cumple las fantasías de alguien. En la tercera entrega, Dragon Age: Inquisition, aparece un hombre trans, con aún más desarrollo por parte del mundo para dar por entendido que “las personas trans siempre existieron”. El género de los personajes no parece tener un gran impacto en su vida. Si bien muchos otros títulos se ponen el sombrero “voy a homosexualizarlo todo” de forma explícita, la saga de Dragon Age se destaca por el hecho de que estamos hablando de una trama que trata sobre un mundo de fantasía medieval, con dragones, magos, reyes e iglesias.

Pero ir de frente con nuestra diabólica agenda de convertir a gamers de 14 años en travestis no es una metáfora. De hecho, Dragon Age no tiene miedo a decir “tenemos lesbianas”. Lo dice fuerte y claro. Al hacer esto, toma una posición.

Dragon Age, por ahora, se compone de tres entregas, y si bien el universo se ha expandido más allá, a otros formatos, me centraré en las entregas de videojuegos. Su posición ideológica, si bien se muestra explícita en su tercera parte, Inquisition (bien podríamos hacer un desfile con la cantidad de desviadxs en ese juego), también tiene una desventaja: Se encierra en sí misma. ¿Qué quiero decir? Que de repente, al declarar que tenés un personaje gay, tenés que tener un foco sobre su homosexualidad de alguna forma. Su existencia tiene que estar justificada. Es un poco contradictorio que nos encontremos en un mundo donde siempre hubo otras relaciones además de las heterosexuales, y sin embargo, haya que explicar qué son las relaciones homosexuales. De repente, “hablar de ciertas cosas” es el monopolio de una minoría.

Contradictoriamente también, esto no ocurre en la entrega anterior. En Dragon Age II se recurre a herramientas muchísimo más sutiles, no se recurre a ésta monopolización – y en mi humilde opinión,se logra hacer que el mensaje llegue mejor. Para esto, debo empezar a hablar sobre Anders, pero antes de hablar de Anders, tengo que hablar sobre su contexto.

El régimen autoritario de los círculos

Ser un mago en el universo de Dragon Age no es muy divertido. De hecho, todo lo contrario. Es algo con lo que nacés. Cuando tus habilidades mágicas se manifiestan, la institución religiosa de éste universo (con sus respectivas similitudes a la iglesia católica: tiene un Dios, un profeta, mandamientos del tipo “la magia debe servir al hombre”, etc.) manda a su brazo armado: Los templarios. Estos te separan de tu familia casi instantáneamente y te envían al Círculo: la institución encargada de formar a los magos. Cada círculo son diferentes, pero comparten varios aspectos en común. Son instituciones dedicadas a contener/encerrar a los magos (de por vida).

Los templarios saben en todo momento la ubicación exacta de los magos, debido a que al entrar al círculo se les quita parte de su sangre y ésta es conservada celosamente en “filacterias” (¿Por qué me suena tan familiar?). Los magos pierden todo título, deben estar siempre a la vista de los templarios, los cuales tienen prohibido fraternizar con los magos. Los magos, dentro de los círculos, pueden ascender dentro de la institución misma, pero siempre estarán bajo la bota de la capilla y los templarios. No es raro escuchar de magos que tratan de escapar. Si eso llega a ocurrir, los templarios tienen la libertad de hacerte “tranquilo”. ¿Qué quiere decir esto? Es básicamente una lobotomía: Toda emoción, toda capacidad de soñar, es reprimida, de esa forma, pierden toda la posibilidad de hacer magia. Tiene su mecánica, pero a grandes rasgos, esa es la función. Los tranquilos siguen estando en el círculo, haciendo tareas más mundanas, casi dedicadas al mantenimiento, siguen confraternizando con sus antiguos compañeros magos, a pesar de que toda conexión con ellos ha sido aseverada.

La chispa

El personaje de Anders se desarrolla dentro de éste contexto. Él logra escaparse de su Círculo, (efectivamente siendo declarado un apóstata: un mago que está fuera del control de la Capilla) y, tratando de alejarse lo más posible, termina en otra ciudad cruzando el mar: Kirkwall, dónde los templarios son aún más sádicos, llegando a convertir en “tranquilos” a los magos del circulo por cosas tan triviales cómo contestarle a un templario, reclamar mejores condiciones, conocer a otro apostata y no dar su ubicación, o porque simplemente un mago no les calló bien. Un templario en particular llegó a proponerle a la cabecilla de la Capilla en convertir a todos los magos del mundo en “tranquilos”. El plan fue rechazado, pero no se tomó ninguna medida, ni hubo represalias por siquiera sugerir que a un grupo de personas se les lavara el cerebro. En los pocos casos donde una persona ha regresado temporalmente del estado de “tranquilidad” describen la experiencia cómo una tortura, dónde las canciones no tienen melodía, ya no existen los colores, y ni siquiera hay sabor. Es un estado depresivo controlado.

No es difícil trazar paralelismos entre el mundo en el que tiene que vivir Anders y nuestro propio mundo. Gran parte de las problemáticas sociales que plagan nuestro día a día se ven metidas (a veces a la fuerza) en todos nuestros consumos culturales, siendo Dragon Age uno de ellos. Si nos ponemos a mirar de cerca, y a hacer conexiones, veremos que en tales circunstancias, no hay muchos puntos grises. Vivir en el círculo de Kirkwall significaba vivir en un campo de concentración. En un mal día te podían hacer una lobotomía simplemente porque jodete. Obviamente los magos no estaban muy felices con esto, la magia (y ser mago) era, en la práctica, ilegal. Nadie quería vivir en el círculo en esas condiciones, por lo que varios magos (los apóstatas) escondían sus habilidades.

Cuando nos encontramos con Anders, él está en la parte más empobrecida de Kirkwall, ayudando a los refugiados con sus heridas y enfermedades. A medida que lo llegamos a conocer más en profundidad, y hasta tenemos la opción de tener un romance con él, ya seas hombre o mujer, y tiene unas reacciones muy particulares sí también eres un mago apostata, y aquí es cuando la cosa se pone interesante.

Durante su relación, Anders hace constantes referencias a su condición, sin embargo, no logramos discernir a primeras si Anders está hablando de la persecución que sufre por mago o por estar con un hombre. Sus reacciones no son muy diferentes si estamos en un romance con Anders siendo hombres o mujeres (aunque en una escena Anders muestra aún más enojo ante la idea de “perder a su amor” o “que los Templarios ganen”, que, realmente, en éste caso vienen a representar lo mismo). Anders no quiere sentir vergüenza por ser lo que es. No quiere que lo persigan por lo que es. Quiere la liberación de todos los magos, que todos puedan ser libres, y que, de paso, él pueda ser libre con su amor. Las opresiones se mezclan de tal forma que ya no se distingue una de la otra.

¿Son (únicamente) víctimas?

Aquí también yace un problema, porque muy a propósito omití una terrible verdad la cual es que los magos si son un problema que debe ser tratado. Cuando mencioné anteriormente que a los magos se los descubre, se los descubre normalmente de forma dañina. Se despiertan a mitad de la noche con su cama congelada, o en un estallido de furia infantil le incendian el cabello a alguien que los esté molestando, o en el peor de los casos, pueden ser poseídos por un espíritu, lo cual puede ser devastador. Si bien la Capilla se encargó también de propagar esta afirmación de que los magos son peligrosos, esto llevo a varios magos a odiarse a sí mismos, algunos incluso a elegir la “tranquilidad”, (¡Los paralelismos con el mundo real no paran! Bien podríamos decir que la “tranquilidad” era una terapia de electroshock), es también verdad que los magos pueden potencialmente ser una amenaza. “No sabes quién puede ser un mago, hay que matarlos a todos mientras aún sepas quienes son” es una frase que se menciona durante la saga, que retrata de excelente forma tanto el pensamiento de los Templarios cómo de los reaccionarios de derecha de nuestro propio mundo.

Al final, Anders toma una decisión. Sabe que los magos están entre dos abismos: o ser “tranquilos” o ser ilegales. Ilegales ya lo son en la práctica, y la constante presión casi “gran hermano”-esca de la situación hace que los Magos recurran a métodos ilegales o para poder escapar de Kirkwall o para vengarse de, normalmente, algún templario abusivo.

La situación era límite, entonces el propio Anders decide acelerar las mismas contradicciones que presentaban el círculo, la capilla y los templarios, al hacer explotar con magia la capilla de Kirkwall. La durísima caballero-comandante, ante esto, decide llamar al “derecho de anulación”, (derecho a matar a todos los magos, literalmente), el cual se invoca para con los magos del circulo que estén vigilando los templarios de cada ciudad. Anders ni siquiera era de un Círculo. Era un marginado, un apostata, vivía escondido, pero él sabía que eso no importaría: por las acciones de un mago cualquiera, juzgan a todos los magos. El “derecho de anulación” no es más que declarar a viva voz lo que nunca se atrevieron a decir los templarios en voz alta por “corrección política”. Iniciándose así, oficialmente al menos, la guerra entre Templarios y Magos, una guerra que duraría cinco años, y permitió que entre todo el caos surja la Inquisición. El destino de Anders es dejado en manos del protagonista.

La metáfora, sin embargo, tiene el peligro de ser malinterpretada. Al mismo escritor no le tembló la mano cuando tuvo que escribir a los personajes, no le tembló el pulso cuando dijo “éste personaje se acuesta con cualquier género”. Sin embargo, a algunas personas les pareció demasiado controversial un Anders bisexual.

No tenían problema con la parte de tener un romance con mujeres, sino que les pareció demasiado “superficial” cuando el romance era con un hombre. Llegó hasta tal punto que hicieron peticiones para que el escritor renunciara, alegando a la clásica “esa no es la representación que necesitamos”. Las líneas de desdibujan nuevamente. ¿hasta qué punto Anders realmente representa a las personas que disfrutan de la compañía de más de un género? ¿hasta qué punto te representa un hombre desfavorecido, roto, perseguido, que intenta ayudar a los demás, incluso a costa de su propia vida? ¿Hasta qué punto te representa un hombre que puede hacer que salga fuego de sus manos, que puede lanzar estacas de hielo hacia sus enemigos, y que con un chasquido de dedos puede hacer volar el edificio dónde se aloja quien puede dar la orden en cualquier momento de matar a todos los que son como vos?

Anders no te representa sólo porque puede hacer el amor con tu personaje ya sea femenino o masculino, sino porque sufre por ser quien es, y sabe que no es su culpa. Sabe que puede hacer cosas extraordinarias, sabe que a veces hay que tomar decisiones difíciles, pero también sabe que a veces “no hay nada que perder, excepto las cadenas.”

Bueno, entonces ahí podrían decir “pero yo no soy un mago. Yo no puedo hacer cosas extraordinarias, ni lanzar fuego, ni hacer estallar los edificios donde están los poderosos”.

A lo que yo respondo: Si, podés.

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