Cómo hablar con los aliens

Una serie de cuestiones a la hora de entablar una conversación con tu entidad intergaláctica favorita

“Hay que convocar a las masas, crear las condiciones para derrumbar el capitalismo y la burocracia de los estados obreros e instaurar el socialismo. Es necesario decir a los seres de otros mundos, si aparecen, que deben intervenir ya, colaborar con los habitantes de la Tierra para suprimir la miseria, es necesario hacerles ese llamado”.

– J. Posadas

“The Truth is out there”

Amo Los expedientes secretos X. Es una serie que más allá de la ficción, plantea preguntas fascinantes. Preguntas que nos motivan a aventurarnos hacia los límites del conocimiento. The X Files es una ventana no solo hacia lo desconocido, sino a lo inabarcable a aquellos fenómenos que hacen que nuestras cabezas estallen y nunca vuelvan a ser las mismas. Por suerte. Sabemos que el encuentro nos va a cambiar drásticamente, abriendo una nueva era en la conciencia e inconsciencia colectiva. Por eso, ahora que se confirmó la existencia de los aliens(?) es urgente abordar el tema del primer encuentro. Y más aun, cómo comunicarnos con esa especie con la que nos enfrentaremos cara a ¿cara?, para bien o para mal.

Vamos a hablar de traducción. Para que, cuando camines por La Cañada a las 5:23 a. m. después de una noche de ritmo y sustancia y en la peor esquina te cruces de frente con un hombrecito gris con pupilas muy grandes, sepas entenderlo y hacerte entender. Esto es un manual de primeros auxilios de la comunicación intergaláctica. Vamos a abordar tres aspectos básicos: el canal, la cultura y la matemática.

¿Vieron la película Arrival? Lo primero que evalúa Amy Adams es el canal de comunicación. El Coronel a cargo de la misión llega a su oficina de improviso, le muestra un audio de los aliens articulando sonidos y ella rechaza esa información, por insuficiente. Ella necesita buscar por sí misma el mejor modo de interacción con los aliens (que en la peli se llaman heptápodos) así que necesita ir personalmente a la nave.

En esta ilustración vemos el esquema saussureano de la comunicación. En la imagen, el canal es oral-auditivo. Pero no se pueden descartar lenguajes basados en el tacto o en el gusto, o incluso en señales químicas, como lo hacen plantas, bacterias y muchos animales. Ni hablar de sus posibles combinaciones. 

El canal elegido por Amy Adams es el visual, a través del lenguaje escrito. Esto está MAL. La escritura, para los lingüistas, es una forma secundaria del lenguaje. El problema es que: 1) no todas las culturas tienen escritura, y 2) no todos las lenguas son fácilmente adaptables (o adaptables siquiera) al alfabeto latino. Por ejemplo, en japonés hay muchísimas palabras que suenan igual, así que los ideogramas son necesarios para distinguir unas de otras. La metodología más común, y posible en la película, es aprovechar el habla oral. De todas formas, Amy utilizó una estrategia muy válida: buscar una interfaz. Esto es lo que se hace con los delfines, otra forma de vida inteligente, no extraterrestre, pero sí muy distinta a la nuestra.

Los delfines se comunican entre sí a través de pitidos demasiado complejos para poder entenderlos de manera directa, así que los investigadores se comunican con ellos a través de una pantalla, o bien mediante un sonar manejado por los humanos con un teclado que imita algunos pitidos artificiales que sirven para el entendimiento mutuo. La interacción más importante entre humanos y delfines son los juegos, como buscar objetos que los científicos arrojan o jugar a algo parecido al fútbol pero con algas (quizás, en cierta forma, el juego también sea una interfaz). Se han hecho grandes avances sobre este tema en los últimos años. Quizás las investigaciones acerca del habla de los delfines en un futuro nos brinden excelentes herramientas para el primer encuentro.

Debemos tener en cuenta que un error de comunicación podría volvernos los protagonistas de Star Wars, pero mal. No basta con estudiar el léxico como una lista de significados sueltos. Hay que tener en cuenta la cultura del otro organismo. Muchas veces es difícil comunicarse con alguien de otra nacionalidad a pesar de manejar un idioma común (el inglés, por ejemplo), simplemente por las diferencias idiosincráticas que varían según el lugar de procedencia.

Otro buen buen ejemplo de esta dificultad es referenciado por Peter Godfrey (quien considera que los pulpos son lo más cercano a una especie extraterrestre que conocemos) en Otras mentes: el pulpo, el mar y los orígenes de la conciencia, al hablar sobre uno de los primeros experimentos con pulpos. En él, los científicos pretendían que estos animales accionaranuna palanca para recibir comida. Sin embargo, aunque algunos pulpos realizaban esta actividad con relativa eficacia, otros forzaban la palanca hasta arrancarla o bien tomaban un foco de la pecera que estaba sobre ella y se lo llevaban hacia su guarida. La explicación de estos comportamientos excéntricos es, según Godfrey, sencillamente que accionar una palanca no es una “cosa de pulpos”, y que hay que pensar en algo que ellos hagan en su vida cotidiana.

Volviendo a Arrival: como bien nos dice el lingüista Ben Macaulay en su artículo “What Arrival Gets Right About Talking With Superintelligent Noisequids From Space” (además de hacer un interesante acercamiento al habla oral de los heptápodos), se comete un gran error en la película cuando Amy Adams y Hawkeye les ponen apodos a los aliens, porque podría considerarse como una terrible falta de respeto. El nombre es una institución cultural muy complicada y debe tomarse con pinzas.

Es clave, por otro lado, buscar conceptos compartidos para empezar a lograr un entendimiento cabal. Un primer paso, como se hace en Arrival, es nombrarse a uno mismo e intentar que el otro dé su nombre. Una de las funciones básicas del lenguaje, además de hablar de las cosas, es delimitar la conciencia. Incluso en los idiomas que solo tienen dos pronombres personales, uno de ellos corresponde al Yo y el otro al No-Yo, a los demás. Así que podemos esperar que sea relativamente fácil dar este primer acercamiento. Para esto podemos elaborar algo parecido a la Lista Swadesh. Seguro ambos compartimos la noción de “universo”.

Pero la comunicación directa no es la única manera de comprender una lengua. Un aspecto que me gustó mucho de la película es el análisis computacional de la lengua de los heptápodos. La matemática puede aportar muchísima información acerca de una lengua, e incluso los actuales softwares de traducción automática se basan en la estadística. Si obtenemos las claves suficientes, el proceso de traducción podría ser más rápido de lo que imaginamos.

Cabe preguntarse con qué nos encontraremos. Esta pequeña introducción presupone dos cosas: que los aliens están dispuestos a comunicarse sin violencia y que su mente es al menos lejanamente parecida a la nuestra, teniendo, por ejemplo, una noción de la individualidad. Comunicarse con una mente colmena o una entidad superior, por ejemplo, quizás sea más difícil, aunque no creo que sea imposible. Cuando te cruces con una entidad cósmica por La Cañada, decile tu nombre, esperá a que te diga el suyo y llevalo de la mano a  mirar el universo estampado en la noche mientras se toman unos matecitos.

Para terminar: ¿por qué creo que los aliens están dispuestos a comunicarse con nosotros de manera pacífica? Porque aún no nos atacaron. Según Carlos Maslatón, están esperando el alza del Dow Jones. Yo creo que pudieron hacer la de Hernán Cortés hace ya mucho tiempo. Ojalá no me equivoque.

Más enlaces interesantes:
Acerca de la comunicación con aliens, aunque desde una perspectiva distinta a la de este artículo, son muy recomendables este maravilloso video de Vsauce y este otro. Sobre delfines e interfaces, este es un buen repaso histórico. Acerca de la relación entre la lingüística y la matemática, esta conferencia es espectacular.

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