El cupo es para las chicas

Me llega una notificación de Change.org, página donde alguna vez firmé una petición y que, desde entonces, me atosiga vía correo electrónico.

Los mails de Change.org merecen una nota a parte. La plataforma se garantiza una tasa de apertura de emails saludable, camuflando su mensajería tras el nombre del autor de la petición. Sus asuntos son bastante buenos también – enigmáticos.
Uno es más propenso a abrir un email de “Carla Estevez”, titulado “Mi hijo…”, que un mail de Change.org titulado “Ayudá a Carla Estevez…” Pero, ¿A qué se debe esto?

  1. Un mail de “Carla Estévez” se siente personal, te interpela individualmente. No se ve automatizado a simple vista.
  2. Nadie quiere mails de Change.org.

Incluso conociendo los trucos de Change.org, y sabiendo detectar más o menos a simple vista sus correos, ayer abrí uno para ver qué tal. En él, una persona no-binaria me invitaba a firmar una petición por el cupo travesti/trans. Tengo un problema con ello.

La ley de cupo laboral travesti/trans es, en nombre, inclusiva – sí, tanto una mujer trans, como yo (un hombre trans), como una persona no-binaria somos personas trans. Perfecto. Pero no enfrentamos los mismos tipos de dificultades. Una mujer trans debe lidiar con un imaginario cultural que la posiciona, si no en el trabajo sexual (oficio de 6 de cada 10 mujeres trans), en algún rol en la muy exclusiva industria del espectáculo. Toda mujer trans es vista como a novelty individual, un personaje gravitando entre lo cómico y lo grotesco. Es por esto que puede resultarle difícil a ciertos sectores aceptar a las mujeres trans como potenciales contadoras, secretarias administrativas, chicas de IT, directoras de arte, etcétera. No se naturalizará la apariencia de la mujer en cuestión, no se aceptará el carácter real de su vivencia, no se la juzgará por sus capacidades individuales… no se la verá. En su lugar, se verán los informes de Chiche Gelblung de comienzos de los 2000.

El objetivo del cupo laboral trans, en un mundo un poco mejor que este, sería forzar a empleadores a juzgar a mujeres trans por sus capacidades individuales, no por la caricatura de ellas que tienen en su mente. Pero, sin un cambio cultural previo, será difícil. Y será doblemente difícil si se le dará a un empleador la chance de lavarse las manos usando a gente trans que pasa (o a no-binaries que no expresan su identidad mediante signos más o menos objetivos de transexualidad), para llenar el cupo.

Si no tuviera dos pulgares izquierdos, podría ser chapista. Como mucho, sería un gordo maní. Los hombres trans vamos a estar bien, las personas no-binarias también. ¿Qué hay de ellas?

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