Argentina necesita un submarino nuclear

Vengo a proponer un sueño, un submarino.

¿No es acaso lo que todos deseamos, un submarino nuclear? Y si no es tu deseo, entonces tus deseos son equívocos.

Argentina tiene un litoral marítimo de 1.783.278 kilómetros cuadrados, el cual contiene las más variadas riquezas. Entre ellas, petróleo y proteínas. No son pocos quienes sostienen que actividades como la minería, e incluso el cultivo de soja, no son del todo “positivas” para el país, relacionándolas con la idea de que aquello que se produce es en realidad riqueza que se extrae del suelo argentino y se exporta por centavos, extractivismo, lo llaman. Algunos dirigentes como Pino Solanas han hecho una carrera política de décadas en base a ese discurso.

No hay mejor aplicación de ese término al saqueo sufrido en el mar argentino a manos de la pesca furtiva, la cual está poniendo en riesgo especies de alto valor nutritivo, como la merluza y el calamar, y que además son imprescindibles en su bioma. Y la capacidad que tiene el país para disuadir de que le roben aquello que le pertenece es prácticamente nula.

Desde la vuelta de la democracia en 1983 la dirigencia política ha tenido tiempo de sobra para abordar los más variados problemas, pero por A o por B pospone, dilata en el tiempo e interrumpe a placer. No reforma el sistema fiscal regresivo porque “no consigue consenso”, no soluciona la pobre distribución de la población a lo largo del territorio, etc. En palabras de los ilustrados, nunca nos favorece “la correlación de fuerzas”.
Muchos proyectos de desarrollo estratégicos fueron saboteados, como el caso del Misil Cóndor II, la reciente suspensión de ARSAT-3, o más atrás en el tiempo del Caza Pulqui; las discusiones respecto al rol de las FFAA son de difícil superación pese a que todos los cuadros activos fueron formados en democracia y se sigue insistiendo en la idea de que el país no tiene nada que proteger y de que el mundo seguirá siendo tan pacífico como es ahora, pero que al momento de los bifes, Argentina nunca se puede plantar.

Soy de quienes creen que hay una ventana de oportunidad hoy por hoy. Puede percibirse un realineamiento en los ejes de poder mundial y el rol de nuestro país debe ir acompañado de una visión que le permita adelantarse a los conflictos del futuro al tiempo que resuelve los problemas del presente. Los recientes sucesos han dado cuenta de la importancia de los sistemas de información, la digitalización de aspectos mundanos de nuestras vidas se volvió realidad en pocos días: no es un mal momento para pensar cómo estamos parados en materia de ciberseguridad, aunque nadie se preocupe por el hecho de que no somos soberanos ni siquiera en este rubro. Al vivir constantemente en estado de urgencia, jamás hay tiempo para políticas pensadas de acá a 30 años. Cuando las verdaderas urgencias ocurren, nos encuentran transportando enfermos en aviones de línea en lugar de aviones-hospital. No debe entenderse esto únicamente como un llamado al desarrollo militar, y ni siquiera traigo ideas nuevas sobre proyectos de desarrollo civil: es momento de preguntarnos qué es lo que está poniéndole el freno de mano a un país que lo tiene todo. Indudablemente, hay condicionamientos externos, pero sólo pueden romperse asegurando nuestra capacidad de empezar a insubordinarnos. Y esa insubordinación también debe darse puertas adentro, necesita también un consenso interno acerca de por qué cuesta tanto generar empleo genuino, preguntarnos si el sistema impositivo no está creando un cuello de botella para el surgimiento de empresas y la inversión productiva.

Sin más que agregar, esta es mi propuesta: retomar el Proyecto Cóndor, y que la chupe el Departamento de Estado; y redirigir 5% del gasto en seguridad social, un 25% del de justicia y del 50% del servicio diplomático del presupuesto nacional, en un programa multisectorial que contemple la construcción de un submarino nuclear, en todas sus fases de producción, con el objetivo de proteger la comida de los futuros habitantes de esta Nación.
Alcancemos las estrellas, regresemos al mar.

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