Porque las heridas físicas sanan

Hace unas horas, una amiga me compartió el screenshot que aquí adjunto. En él, puede verse la misma notificación de La Nación, que le llegó a su teléfono reiterada dos veces. Esta no comunica sino la noticia de que “EE.UU [superó] los 15.000 muertos [por Coronavirus]”.

Prácticas de este estilo – enviar push notifications con titulares apocalípticos a los pobres usuarios – forman parte de una estrategia mediática que azuza la paranoia, la incertidumbre y la hostilidad. Que Dios me perdone, pero, para ponerlo en términos quizás un tanto toscos, “nos estamos comiendo tremendo psy-op“.

Noah Weiss, quien no es dirigente de Antifa, sino Head of Search, Learning, & Intelligence en Slack, dijo en cierta ocasión que una push notification tiene que ser tres cosas: oportuna, personal y accionable.

Las push notifications tienen (o más bien deberían tener) un fin muy específico: Poner frente de los usuarios información importante que necesitan saber urgentemente (porque se aplica a su propia vida) y que es accionable. Por ejemplo: Supongamos que alguien vive en la zona de Barracas (y sí, La Nación sabe que vivís en Barracas). Es menester que te envíen una notificación haciéndote saber que hubo un choque en una calle cercana y que el tráfico está paralizado. Eso es personal, oportuno y va a afectar cómo tomes decisiones – eso es, es accionable.

Llama la atención que el gobierno del ciberpatrullaje y la responsabilidad social no tenga en sus planes tomar medidas contra este tipo de prácticas comunicativas. El otro día, un delincuente recientemente contratado por Todo Noticias hizo un monólogo a la Pagni en el que, en lugar de seducirlo a uno hacia el gorilismo (como tan elocuentemente hacía Pagni), regañó a los televidentes como un padre estricto o un director de escuela. Perdón, hay gente que vive en un monoambiente. Van a salir a correr tres veces al día.

Es muy fácil amonestar a quienes no se quedan en casa cuando uno es periodista de un gran medio y no debe hacerlo. Y arrojar desfiles de cadáveres (falsos o legítimos) sobre la ciudadanía es chantaje y violencia simbólica. Mientras tanto, the powers that be (tanto las empresas como el gobierno) se toman turnos para devastar a las clases trabajadoras. Algunos lo hacen por negligencia, otros aprovechando un clima de confusión y escasez artificial.

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