Make the Web Ugly Again: Brutalismo y postironía

En la entrega anterior de esta maladada serie, introduje muy brevemente el problema de la homogeneización estética en el diseño de interfaces y la relación entre diseño e ideología. En síntesis: Cuando uno usa un lenguaje visual determinado, no está meramente tomando elementos aislados y aplicándolos, sino avalando una cosmovisión y una agenda. Por supuesto, este no es el caso si uno toma estos elementos con el propósito de parodiarlos.

Actualmente, una ideología de buenas prácticas y fundamentaciones pseudo-científicas y científicas lleva a que los diseñadores graviten hacia lo formuleico. Y allí, en lo formuleico, los esperan recursos que pretenden garantizar el cumplimiento de las normas. Algunos, de origen corporativo (el diseño material). Otros, facilmente instrumentables en el saneamiento de agendas perversas (el flat design). 

¿Hay alternativa? Sí, por supuesto. Una de ellas es el brutalismo.

¿Qué es el brutalismo?

Para comenzar, es menester hacer una aunque sea brevísima revisión del brutalismo.

Según Wikipedia.org, portal cuyo único pecado es ahorrarle trabajo de lectura a estudiantes secundarios (#wikipediadidnothingwrong): 

 “El brutalismo es un estilo arquitectónico que surgió del Movimiento Moderno y que tuvo su auge entre las décadas de 1950 y 1970. En sus principios estaba inspirado por el trabajo del arquitecto suizo Le Corbusier (en particular en su edificio Unité d’Habitation) y en Eero Saarinen. El término tiene su origen en el término francés béton brut u ‘hormigón crudo’, un término usado por Le Corbusier para describir su elección de los materiales. El crítico de arquitectura británico Reyner Banham adaptó el término y lo renombró como «brutalismo» (brutalism, en inglés), término que identificaba el estilo emergente.”

A quien le interese continuar leyendo al respecto, recomiendo el fundamental The New Brutalism, de Reyner Banham. A quien desee una visión personal y profunda sobre las posibilidades poéticas del brutalismo, recomiendo la brillante entrevista de SSENSE con Ricardo Bofill. 

Los fundamentos del brutalismo son, a grandes rasgos, y como los define Banham (tanto en su obra original de 1955 como en su sucesor de 1966), el rechazo de las concepciones predominantes de lo bello y de lo deseable, la franqueza sobre los materiales utilizados y un funcionalismo desinhibido maridado con una sensibilidad expresionista.

Sobre el eclecticismo del brutalismo digital

Es bastante sencillo, una vez uno se ha nutrido de unos pocos ejemplos, identificar el brutalismo en arquitectura. Cuando se habla de brutalismo web, las cosas pueden ponerse un tanto confusas. 

Cuando se pretende ilustrar el estilo, a menudo se toman ejemplos como el diseño de Wikipedia y Bloomberg.com, pero también sitios de apariencia mucho más disruptiva. Basta con revisar el catálogo de https://brutalistwebsites.com/ para darse cuenta de la impredictibilidad del concepto de “brutalismo web”. Alguien puede anunciarme que un sitio es brutalista y, sin antes visitarlo, no puedo adivinar qué contendrá.

En Smashing Book 6, el diseñador Vitaly Freedman plantea que “la arquitectura brutalista se caracteriza por estéticas despreocupadas, no intencionalmente rotas. Cuando se aplica al diseño web, este estilo intencionalmente rompe convenciones y principios guía.”  

Si bien el término “estéticas despreocupadas” (“unconcern aesthetics”) cuando se refiere al brutalismo es cuestionabilísimo, entiendo qué quiere decir Freedman: ¿Cómo puede ser que los ejemplos adjuntos pertenezcan a una misma corriente? ¿Qué? ¿Acaso cuando uno se refiere a brutalismo web se refiere a algo más que una serie de clichés visuales?

Aunque “haya mucho” o “haya poco” en la pantalla, lo que caracteriza al brutalismo web es un rompimiento de las convenciones de qué es un sitio bien diseñado, y un retorno al ethos de la web temprana, en la que los sitios eran “experiencias” impredecibles. Los sitios brutalistas son defectuosos. Pueden ser limitados o no verse bien en teléfonos móviles. Y no reniegan de lo que son. En sus torpezas se evidencia el carácter del medio. No ocultan, sino que se regocijan y trabajan con “la textura de internet”. Entonces, usan elementos que evidencian que lo que uno está viendo es una página web: Times New Roman, enlaces azules subrayados, videos, imágenes, archivos de audio…

Como el brutalismo arquitectónico renegaba de las convenciones de lo bello en pos del enaltecimiento de los materiales y del funcionalismo, esto que he de llamar brutalismo digital rechaza las convenciones de lo deseable en pos de la recuperación de las posibilidades estéticas de la web vernácula. 

Es cierto, a veces se califica erróneamente al minimalismo como brutalismo. El diseño es la materialización de la ideología. Pero si el diseño es limitado a una serie de decisiones 

estéticas con intenciones de mercado, cualquier declaración posible pasa a ser un disfraz, un slogan, o una broma.

La mayor diferencia entre el brutalismo y el minimalismo en diseño web es que el brutalismo demanda mayor atención. Nos fuerza a prestarle atención a la forma del sitio, no sólo a su contenido. Esta es una de las razones por las que marcas mainstream rara vez hacen más que un guiño al brutalismo, y los artistas visuales lo disfrutan tanto que existe un servicio de diseño de sitios drag-and-drop que ofrece mayoritariamente plantillas brutalistas – Cargo. 

Como usuario, basta con hacerse una sola pregunta para decidir si un sitio es minimalista o brutalista: ¿Estás incómodo? 


Anexo

22/04/2020

Ayer a la noche (o más bien hoy a la madrugada), conversando con Alejandro Csome (Bauhausaurus), él me hizo notar lo siguiente sobre este artículo:

“Una cualidad que mucho no se destaca del brutalismo es la del comportamiento de lo construido ante el paso del tiempo. El paso del tiempo en las ciudades es un elemento super importante, porque está enlazado con el arraigo de la gente al lugar. Por ejemplo, cuando se da un proceso de gentrificacion VIOLENTO, que la mayoría no tiene en cuenta, hace mierda TODO el tejido urbano-social. Lo que, en parte, además de toda la batería de cosas que mencionaste, hace el brutalismo, es poner obras en ciudades como si siempre hubiesen estado ahí. A los pocos años, el hormigón prende con musgo, se mancha, le aparece humedad, envejece instantáneamente y se percibe como algo que “siempre estuvo”. Eso ayuda mucho a la percepción de la gente y el arraigo rápido para obras nuevas. Ejemplo: MOOOOCHA vivienda social de los 50′, 60′, 70′ en Gran Bretaña logró maridar esto. No así tanto la escala, a veces la rompían, pero esto estaba. Eso en Londres particularmente es SUPER importante porque es una ciudad milenaria donde toda intervención urbana esta super medida para generar el menor impacto posible.

Y me acerca este acertadísimo ejemplo: The Alexandra Road Estate (Neave Brown, Camden), recién inaugurado y luego tras décadas de estar ahí.

No puedo si no relacionarlo al hecho de que muchos de estos sitios no sean responsivos (no estén adaptados a dispositivos móviles). De alguna manera, terminan viéndose como algo que fue hecho y dejado tal cual estaba hace >10 años. ¿O no? ¿El brutalismo online es un comentario postirónico hecho desde el presente, o aspira a la atemporalidad del brutalismo arquitectónico? ¿Es mera hauntología o es un acto de genio que, en lugar de pertenecerle a una época u otra, le pertenece al mundo? ¿Puede existir tal cosa en la digitalidad? ¿Puede el diseño web ser atemporal? De alguna manera, estos sitios terminan viéndose como algo que fue hecho y dejado tal cual estaba hace >10 años (siempre y cuando uno no mire el markup).

2 comentarios en “Make the Web Ugly Again: Brutalismo y postironía”

  1. Parece autoevidente que la sátira yace «supra-» lo parodiado, pero nada más alejado de la realidad práctica. Cuando se parodia también se sublima y adula sea inconscientemente o no: se llevan unas premisas por el camino de la reducción al absurdo hacia unas conclusiones que ya estaban habitando en la substancia de lo parodiado, sólo que esa substancia se manifestaba bajo otra forma. Esto sucede siempre y cuando el medio de la sátira sea el mismo (o que sea de una naturaleza formulaica que no trascienda a la anterior fórmula) que el medio de lo satirizado.
    Por ejemplo, un sitio web brutalista que parodia el brutalismo de los sitios webs bajo la misma fórmula está entonces «avalando una cosmovisión y una agenda» y no sólo descontextualizando unos elementos particulares. No suele ser el mismo caso si un sitio web brutalista parodia a una arquitectura brutalista o de cualquier otro tipo.
    Por algo la posironía —o mejor dicho el postsarcasmo— también es llamado Nueva Sinceridad, necesariamente tuvo que haber algún mecanismo a través del cual el sarcasmo se transvalue en sinceridad.

    Buena nota, a ver si vemos unos memes para Nada Respetables con la saturación al pingo y con espaciados incómodos.

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  2. Entré a la nota si saber nada del tema, y salí conociendo (relativamente) mucho más. Hiciste un trabajo excelente.

    Otra cosa, recorrer la página web que colocaste en el artículo es, por alguna extraña razón, muy relajante.

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