La cuarentena como problema de salud mental

A mis anteriores artículos para este estimado sitio los he escrito con dos intenciones en mente: brindar información y/o reflexiones sobre un tema en particular y, a su vez, entablar un diálogo, ya sea real o imaginario, con vos. Dicho de otra forma, arreglé unas líneas para que pensemos sobre algunas de las problemáticas que nos invaden en estos tiempos. 

En esta ocasión, quisiera intentar algo distinto, más allá de que las dos intenciones mencionadas van a permanecer -en niveles muchos menores, estimo. Comencemos: ¿Cómo estás? ¿Cómo estás pasando estos días de encierro? Si te sentís bien o sin mayores inconvenientes, genial, seguí así. Si, en cambio, estás experimentando frustraciones, miedos, angustia, fuertes dosis de estrés,  síntomas depresivos, cualquier otro tipo de malestar, o si sentís exacerbados algunos de los padecimientos con los cuales ya contabas de antes, es normal. No importa si tenemos hábitos sedentarios o si somos de salir del hogar constantemente, si solemos ser introvertidos o extrovertidos en situaciones menos pandémicas. Nos puede afectar a cualquiera. Te puede estar afectando a vos y ciertamente me está afectando a mí.

Lo anterior ocurre por una multiplicidad de razones. Desde la más evidente, el tener interrumpidas nuestras rutinas o accionares diarios, sumado a lo que puede provocar el aislamiento y/o el sentimiento de sentirse solo. Sentimiento que no es el mismo que uno puede tener al “sentirse solo en la vida”, ya que el contexto lo altera y a su vez moldea su percepción. Ni hablar si somos adultos mayores o si somos profesionales de la salud trabajando durante esta epidemia. 

También nos puede estar invadiendo la angustia en múltiples facetas: angustia de no saber hasta cuándo seguirá esta situación; angustia ante la falta de “libertad” con la cual normalmente contamos; ante una situación global que escapa a nuestro control y podemos hacer “poco” contra ella -quédate en casa si no tenés que ir a laburar, por favor; y también, por qué no, angustia ante la muerte. Seamos población de riesgo o no, tememos por un familiar/conocido, por las miles de muertes mundiales o porque simplemente sentimos a la parca merodeando por ahí. Relacionado con este último punto tiene que ver la saturación de los medios de comunicación a la cual vos y yo nos estamos exponiendo. Todos los días noticias nuevas, cifras actualizadas, el gobierno informando una novedad, un nuevo modo a seguir, etc.

Al preciso momento de diagramar estas líneas -décimo día de estar en cuarentena- me siento un poco mejor. He empezado a hacer algunas mínimas rutinas y evitar ciertos comportamientos nocivos, siguiendo recomendaciones conductistas. Dos días antes estaba sumamente desganado, en un pozo. Además de la situación global que sigo constantemente, la falta de actividades importantes en mi vida y la ausencia de tacto social -disculpen, a veces lo virtual no alcanza- con personas muy queridas, me está afectando lo laboral. 

¡Qué bueno, hijo del capitalismo tardío, preocupado porque no estás siendo lo “suficientemente productivo” en un escenario de pandemia mundial! – qué sociedad de mierda, estimade. Como si ya no hubiera graves problemáticas actuales en el mundo laboral – Yo pensé que esta situación iba a ser un impulso a escribir muchas notas e historias que tenía en mente o a empezar a buscarlas. Pero no. No puedo. Estas palabras que estás leyendo son de las pocas que he podido largar de manera genuina y más o menos intencionada en estos días. Mi laburo de freelancer se ha visto perjudicado, no solo por un lógico retraso en las respuestas por mails con ciertos contactos, sino también por el constante rechazo de mis ideas. Y me empecé a culpar alarmantemente por ello, a denigrarme. Como si no fuese posible pensar que mis últimas ideas podrán ser sinceramente pobres o insulsas por sí mismas, sumado a que son resultado de mi malestar, y simplemente tengo que pensar otras mejores. Cuando pueda, porque estando mal es complicado.

Inclusive te confieso que me da bronca sentirme así. Lo digo porque reconozco los privilegios que tengo en estos momentos. Sin problemas económicos, no me falta comida, tengo el contacto y afecto familiar y cuento con varios medios para “distraerme”. No se puede comparar mi situación a personas que están completamente solas, con deudas, con dificultades en sus laburos o sin ellos, con trastornos u otros padecimientos anteriores empeorados, con hijos que mantener, personas viviendo en precarias situaciones, en la calle, etc. Pero esa suerte de competencia de sufrimientos con un Otro real o imaginario, o la simple culpa de sufrir sin sentirse digno de sufrir es una estupidez. Al final del día, vos y yo estamos padeciendo, y es un padecimiento genuino. Pensemos que hay otros que están peor, por supuesto, y si se puede dar una ayuda de cualquier tipo, que se de. Pero léeme, en serio lo escribo: tenés derecho a estar mal.

No quiero que se malentienda algo elemental. Puse ciertas recomendaciones más arriba para que las revises si querés, y fuertemente te propongo contactar con un profesional de la salud si no estás aguantando -muchos están haciendo sesiones a distancia actualmente con precios variables y quizás haya algo ad honorem. 

Pero, ¿quiero realmente decirte qué hacer en estos momentos? No. Hacé lo que quieras, o mejor dicho, hacé lo que puedas. O no hagas nada. ¿Te querés agarrar a las puteadas con los que hacen hilos recomendando películas, series, etc. porque sentís que están alienados y, por favor, cómo te van a estar recomendando qué hacer? Hacelo, te entiendo fuertemente. Sinceramente, también los entiendo a ellos. Son sus propias formas de llevar adelante la situación y una genuina forma de querer ayudarte. Pero si te pinta, putealos igual. Como a los que hacemos challenges en Instagram o los que te recomiendan tutoriales de cualquier cosa en Youtube solo porque no saben qué más hacer. Dedicate al shitposting. Recurrí a la sátira, tenemos derecho a burlarnos. Agarrate con la figura política que más te disguste o a aquellos sujetos defensores de ideales que más te hagan revolver el estómago. O no hagas nada. Simplemente nada. Ésto se viene para rato -no va a terminar el 31- y hay que atravesarlo cómo se pueda. 

Ojo con los escraches en la calle, a veces son personas que realmente están yendo a comprar o a hacer algo necesario. Pero podemos estar tan atentos y nublados por la paranoia colectiva que directamente saltamos a la yugular. Si fuiste repatriado recientemente o estás a la espera de ello y vivís comiéndote degradaciones por las redes, espero que las puedas aguantar, pero no te culpes. La negación es un sistema de defensa que a veces ocurre sin que nos demos cuenta, por más evidente que sea el escenario. Tus pensamientos iniciales a la pandemia podrían haber sido muy optimistas o indiferentes. Es entendible: pasa en las mejores familias.

Si te interesa saber qué dicen algunos pensadores a lo largo del mundo, Byung-Chul Han describió las diferencias entre las situaciones actuales de Europa y Asia. Lo hizo desde su crítica a la soberanía y los cierres de las fronteras, también remarcando las supuestas ventajas de los estados asiáticos más autoritarios y vigilantes, las poblaciones más obedientes y el uso de la tecnología sin límites de privacidad o protección de datos. Tecnología que ha llegado al punto de evaluar las “conductas” de los ciudadanos y así limitarles posibilidades –a la Black Mirror

Žižek, por su parte, plantea a primera vista una postura contraria, criticando estas lógicas autoritarias y queriendo rescatar la multiplicidad de voces en el pueblo. Pero al seguir leyendo, denota que la situación es más compleja que simplemente separar los accionares entre estas dos posturas. También hace una analogía con una obra literaria muy popular -no sería Žižek si no- y plantea un muy interesante pensamiento sobre el pensar a esta epidemia como un “castigo”:

“Sin embargo, no debemos ceder a la tentación de tratar la epidemia actual como algo que tiene un significado más profundo: el castigo cruel pero justo a la humanidad por la despiadada explotación de otras formas de vida o lo que sea… Pero si buscamos ese mensaje oculto, seguimos siendo premodernos: tratamos a nuestro universo como socio en la comunicación. Aun cuando nuestra supervivencia misma esté amenazada, hay algo tranquilizador en el hecho de que seamos castigados: el universo (o incluso Alguien en algún lugar) está mirándonos… Lo verdaderamente difícil de aceptar es el hecho de que la epidemia actual es resultado del azar natural en su forma más pura, que simplemente ocurrió y no encierra ningún significado oculto. En el orden superior de las cosas, somos una especie irrelevante…”

En resumidas cuentas, sujetos teorizando sobre qué ocurre y ocurrirá luego de que termine la pandemia -la caída del capitalismo, las futuras crisis económicas, sobre los incontables efectos a largo plazo que ésto tendrá en nuestras interacciones diarias, etc- habrá para todos los gustos. Hay mucha falopa intelectual. Y no la desestimo enteramente, porque suele ser entretenida y a veces de calidad. Solo que me parece un poco más “sano” que pensemos en el día a día, lo actual. Nuestra mente ya tiene bastante procesando el aquí y ahora. Ya habrá tiempo para hacer lecturas a posteriori sobre las consecuencias del Covid-19.

Al final del día, con miedo de ser contradictorio con la consigna de no decirte qué hacer y haber desparramado moralina de más, lo que quiero pedirte es lo siguiente: aguantá. Cuidate. Hacé -o no- lo que puedas y quieras. Pero cuidate. Estamos juntos en ésta.  

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