Sonidos de la pandemia: La cumbia del Coronavirus

“La sátira es el arma más eficaz contra el poder: el poder no
soporta el humor, ni siquiera los gobernantes que se llaman
democráticos, porque la risa libera al hombre de sus miedos.”

Darío Fo

Históricamente, la sátira es la herramienta ideal para destensar situaciones límite. Quienes piensen que reírnos de nuestros problemas es algo exclusivamente de Millennials, están profundamente equivocados. La risa deconstractura, el chiste nos relaja y la sátira nos da herramientas para afrontar mejor la histeria social y nuestros miedos colectivos.

Desde que tomamos la mala decisión de inventar los Medios Masivos de Comunicación, cada gran evento histórico que nos compromete como especie (desde la Primer Guerra Mundial, hasta el Apolo 11) viene acompañado de su tira humorística que caricaturiza a sus actores y se ríe de la situación en general. 

Sin embargo, existen particularidades. Durante la crisis de los misiles, la cosa se puso seria. La destrucción mutua asegurada nos dejó, aparentemente, sin risas a todos. Las caricaturas de época son, al menos durante la crisis, mucho más ceñudas. Hablan de un mundo dividido, de cómo el devenir humano estaba atado a los caprichos de dos que se hablaban poco. No eran chistes, sino más bien ventanas light a un conflicto que nos causaba terror. ¿Pero por qué? ¿El inminente fin de la humanidad a manos de un holocausto nuclear nos quitó las ganas de reírnos? Puede ser. Lo importante es que esa fue nuestra prueba de fuego, nos quitó la duda y el miedo de tomarnos todo a la ligera. Hoy ya no dejaremos de reírnos de lo que nos acontece como humanidad.

Siguiendo con el prejuicio de que la sátira autorreferencial es un fenómeno anclado a la generación Millennial, calculo que éste se debe a la relación de las nuevas generaciones y el boom de la cultura de los memes. El meme como fenómeno nos habilitó la weaponization del humor a una escala nunca antes vista: podemos resignificar cualquier cosa con valores nuevos y no existe autoridad posible que pueda controlarlo más allá de los todopoderosos algoritmos. Pero esto no tiene que ver con una conspiración de los veintitantos o treinta y tantos para condenar a la humanidad a la inacción, sino más bien tiene que ver con la propia lógica de las RR.SS, las propias lógicas de los memes (mayor exposición de un tema = mayor impacto) y como el escenario público mundial, como lo es Internet, permite una muy variada -algunas veces, demasiado variada- cantidad de “información” diversa, lo cual nos deja una cantidad simétrica de variadas opiniones.

Pero esto no puede nunca mantenerse como una lógica exclusiva a ciertos espacios de Internet. Necesariamente se filtra a todo nuestro aparato comunicativo, y en pleno brote pandémico, aparecen de nuevo la paranoia y nuestras ganas de reírnos de todo pero esta vez con nosotros más conectados que nunca. No, no tenés que confiar en todos los audios de Whatsapp que te llegaron diciendo que tenes que matar a tu vecino ya mismo o nos morimos todos, no tenes que tomarte en serio toda esa cacofonía que llega desde el grupo donde compras droga hasta el que tenés con tu familia. Abundan las fake news, la información a medias y las opiniones disparatadas que llevan a que cosas tan ridículas (como la caída de las acciones de la cerveza Corona, totalmente no relacionada con el brote o el desabastecimiento de Papel Higiénico en Japón) como a las más sensatas recomendaciones (véase el boletín médico de tu institución de confianza) se mezclen en una sinfonía de chistes, comentarios y opiniones del más variado rango. 

Pero, mientras nos regodeamos de impotencia no sabiendo bien que hacer, tal vez ayude escuchar la Cumbia del Coronavirus. Tal vez ayude volver a invocar la sátira como ese mecanismo que nos ayuda a liberar tensiones, aún cuando parece que debemos hacer algo, aunque no sea así. Tal vez en esos chistes simples (y con permiso del buen gusto, bastante pelotudos) que dan vuelta por ahí en forma de memes que nos invitan a comprar cerveza antes que llegue el fin del mundo, como para mostrarnos lo banal de nuestra vida diaria, tengan en su simpleza un factor elemental que nos ayuda a pasar por los más diversos infiernos.

No se trata de tirarnos en la más total dejadez, en absoluto. No tenemos que olvidar nunca el mundo que nos posibilita estas herramientas: un infierno post-capitalista donde la alienación de nuestras vidas se nos cobra en forma de cómodas suscripciones a servicios streaming, publicidades personalizadas y startups (todo esto en un círculo interminable de consumo). 

Quizás por esto nos da miedo hacer sátira del dia a dia en el que vivimos, de nuestra propia alienación,y por eso nuestros chistes y memes tienen que apelar a lo exógeno. Tal vez nos da miedo reírnos de nosotros mismos, de la vida que aparentemente estamos llevando, porque al vernos al espejo, no nos da gracia

Por eso tenemos que escuchar la Cumbia del Coronavirus como la más coherente de las posturas, parece ser algo que no nos hacía falta, pero que tenía que estar ahí. Mientras tanto, para los más realistas, tenemos el Soundtrack del futuro y de nuestro verdadero y menos gracioso dia a dia. Los invito, humildemente, a ponernos tristes juntos:

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