Sobredosis de Coronavirus

Una tragedia absurda, sin causa. Un disparo autoinflingido y la necesidad de que la catástrofe ocurra ahora y así tener la excusa para hacer algo.

La pandemia de gripe de 1918 mató a casi 100 millones de personas. Con una tasa estimada de letalidad del 10% o más, se llevó a un 5% de la población mundial de un plumazo, en el lapso entre 1918 y 1920. Sólo en China, el virus mataría a 30 millones de personas. En un mundo que ya estaba en crisis, no hacía falta otro enemigo: la idea de una amenaza mortal e invisible no ayudaba a la ya débil psiquis de una Europa metida en las trincheras. Casi todos los países eligieron censurar la información relativa al brote, dibujar a la baja el número de muertos y hacer como que no pasaba gran cosa. España, neutral en la guerra, le puso el nombre al bicho, no porque fuera particularmente virulento el brote ahí sino porque no tenía motivos para tapar lo que ocurría.

Hoy, ocurre algo diferente. Una gripe prácticamente inocua, de una transmisividad inusitada pero cuyo riesgo real se amplifica más por motivos ajenos a lo clínico. Sin embargo, si hubo un país que aprovechó la situación para sacarle réditos propagandísticos fue China, protagonista por ser el país de origen de la pandemia y por operaciones mediáticas (dudosos usuarios de Twitter “chinos” difundieron videos donde se ve una sopa elaborada a base de macac-murciélago). Numerosos medios digitales publicaban en redes sociales imágenes de la vida diaria en el país, afectada por el brote de COVID-19 pero sin que fuese disruptivo para la moral de los habitantes; la propaganda hizo gala de la construcción express de un hospital para atender a los enfermos, etcétera.

En resumen, si hubo un problema de salud, fue nimio, una letalidad del 1% en el país más poblado del mundo – se muere más gente ahogada con huesos de pollo. La guita que pusieron sonaba más a una tribuneada para aplacar la paranoia local y para entongar a algún miembro de la nomenklatura del PCCh. Casas más, casas menos…
Sin embargo, en el resto del mundo el enfoque fue catastrofista, incluso Zizek mandó su propio artículo falopa al respecto. Algo relacionado con nuestro deseo interno de que ocurra ALGO, por fin.

Es decir, las consecuencias más graves del COVID-19 son sociales y no clínicas: tenés a un montón de pelotudos absteniéndose de viajar, pidiendo toques de queda o saliendo en masa a comprar insumos médicos que no necesitan (pero que los profesionales sí). ¿Y cómo actuó el gobierno? Bueno, primero Ginés salió a pistolear con un mensaje verdadero pero ambiguo. Al primer caso confirmado, su credibilidad fue puesta en jaque. Los nulos controles en Ezeiza cerraron el combo. Igual bien, al pedo gastar guita en alguien midiendole la temperatura a la gente en la salida de la terminal A. El periodismo, que forma parte del gobierno, contribuye a la narrativa oficial aún “criticando la inacción” del Ministro: para algún boomer gorila el Coronavirus es un problema de verdad.

Lo principal acá es que hay una presión mediática que luego se transfiere a la opinión pública, de que “alguien tiene que hacer algo”. Y no. Es una gripe, no se puede hacer nada para evitar que llegue excepto mediante medidas draconianas y sin sentido como las tomadas en otros lugares del mundo – por ejemplo, suspender el estreno de la última de Bond, un truquito de la producción que seguro tuvo algún problema editando, je. Existe incluso la chance de que haya interesados en inventar una pandemia para cerrar las fronteras. Se me ocurre que la gravedad del brote en Italia debe tener mucho de esto. La epidemia como fenómeno colectivo tiene propiedades disciplinarias desde los tiempos de la Peste Bubónica. Donde antes un Obispo o un Príncipe ordenaba el toque de queda, hoy tenemos decenas de adictos a TN pidiendo desinfecciones (sic) y máscaras N95 gratuitas.

En mi humilde opinión, alguien tiene que ponerse los pantalones y decir la verdad: No pasa nada, gente, es una gripe como cualquiera. Sigan con su vida. Aún si tiene cierto nivel de gravedad, es un asunto donde la mayoría de la gente no tendría por qué meter la nariz. Pero parte de la población exigiría “saber la verdad” y demás boludeces.


Todos sabemos que Argentina tiene much-un problema. Y al igual que la paranoia creada y replicada a conciencia por los medios y los gobernantes, no tiene carácter de enfermedad. No hay agente patógeno, no hay síntomas, no hemos podido encontrar un sólo caso infectado. Porque no basta con un Ministerio de Salud. Necesitamos un Comité de Emergencia de Lucha Contra el Coronavirus, presidido por Claudio Zin y Miguel Ángel Rodriguez. Menos mal que hay Ministerio, pero para la prevención del dengue Larreta pone carteles que seguro limpian el Riachuelo cada vez que alguien los ve.

TL;DR: No compren barbijos, boludos.

4 comentarios en “Sobredosis de Coronavirus”

  1. Interesante, pero no estoy de acuerdo. Me parece que hay una tendencia a hacerse el que la tengo clara, que no pasa nada, no sean boludos. Lo cierto es que la OMS dice tiene una mortalidad drl 3.4÷ lo cual supera por MUCHO a una gripe comun. Eso unido al hecho que es un virus extremadamente contagioso y que nadie en el mundo tiene inmunidad puede hacer que se enfermen muchas personas AL MISMO TIEMPO. No hay sistema de salud en ningun pais del mundo que este preparado.
    El hecho de que hayan habido 10 falsas alarmas no implica necesariamente que esta lo sea.
    Y la mortalidad de la gripe española segun la misma OMS fue del 2 al 3 por ciento.

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