No se entiende el género

Primero que nada, no sé si estoy cometiendo un error. Tengo pensando
escribir sobre esto mismo, de otra forma, de forma narrativa en obras futuras.
Sin embargo, me urge escribir sobre el tema, porque me parece que
enriquecería hacer algunas aclaraciones al respecto de este asunto tan
vapuleado.


Segundo, quisiera explayarme de la forma más simple posible, para que haya
un entendimiento pleno de lo que quiero decir. De nada serviría si utilizo
grandes conceptos e ideas complejas, no todo el mundo ha podido acceder a
las herramientas necesarias para entenderlas. Eso también significa hacer que
mis explicaciones sean largas, pero a la vez, didácticas, de tal forma que
puedan entenderse. Sin embargo, referenciaré el material de lectura que me
parezca pertinente para un mejor entendimiento sobre el tema.

“No se nace mujer, se llega a serlo” 

-Simone de Beauvoir

Esa frase, estelar en el famoso libro El segundo sexo, publicado en el año 1949
por la famosa Simona, podría decirse que fue un antes y un después en lo que
se refiere al feminismo del siglo XX, y más notoriamente en el siglo XXI,
donde ha servido como bandera para el feminismo trans-inclusivo, para
explicar muchas de las problemáticas que sufren todas las mujeres en una
sociedad que, culturalmente, las ha posicionado en un lugar de servidumbre,
“en segundo lugar”, al hombre. Sin embargo, me atrevo a decir, se ha quedado
corto.

Vamos pasito a pasito, suave, suavecito. 

Desde el campo de la antropología, en la rama del funcionalismo, cuyo
exponente fundador fue Bronislaw Malinowski, se explica que muchas de las
conductas que rigen la sociedad son dirigidas por sus instituciones. Para
desentendides, en términos claros y burdos, con instituciones nos referimos a cómo se establece un orden con un propósito concreto. La familia, por
ejemplo, es una institución, cuyo propósito es engendrar fetos ingenieros- niños
y educarlos para participar en sociedad y luego ocupar cierto rol dentro de
ella.

Tal institución (que, en realidad, podría decirse, es una interpretación que ha sido arrastrada por generaciones dentro del ideario europeo a través de las tradiciones, y aplicada al resto del mundo como si fuera algo universal), ha tenido sus propias deformaciones con el paso de los siglos.  

Podríamos decir, por ejemplo, que dentro del sistema feudal, la institución familiar dependía de tu clase social: Los campesinos tenían numerosos hijos para ayudar en los campos (mano de obra) y para asegurar la supervivencia de la familia (en una época donde no había salud pública, educación, o vacunas, los hijos morían de a montones por, no sé, un resfrío).  

En lo que se refiere a la realeza, sin embargo, las dinámicas de la institución familiar variaban, debido a que lo importante no era tener un gran número de hijos, sino en tener un hijo varón – en realidad, el tener muchos hijos suponía un riesgo futuro, como innumerables guerras civiles entre hermanos a lo largo de la historia demostrarían. Mierda, fue esa una de las razones por las que se dividió el imperio romano, y solo eran dos pendejos -.  

Durante las transiciones al capitalismo moderno, sin embargo, las dinámicas institucionales cambiaron: Estaba bien tener niños, sí, pero de tal modo que estos no fueran un gasto extra, sino más bien, una futura fuerza de trabajo. En ésta época, (para ubicarnos, plena revolución industrial), los niños no eran niños. El concepto de “niño” en realidad es una construcción más reciente. En esa época, los niños eran percibidos como “adultos en miniatura”. No fue hasta más tarde que comenzaron a contemplarse “los derechos del niño”, dentro de los cuales, uno que tuvo bastante controversia (y como sabrán, sigue sin ser muy entendido hoy en día) es el derecho a disfrutar de una infancia plena, dedicada a aprender, y no a trabajar, lo cual hoy en día se llama explotación infantil. 

Introduciéndonos en el siglo XIX, comienza a prevalecer la imagen de “la familia nuclear” con roles bien definidos: El padre es quien trabaja y provee a la familia. La madre se encarga de parir hijos, criarlos y ocuparse del hogar. Y los niños deben ir a la escuela, institución de formación laboral. ¿Creen que los jóvenes de antes iban a “descubrirse” o “aprender a ser mejores ciudadanos”? No -bueno, sí. Ciudadano = trabajador explotado que se calla la boquita, iban a una simulación de una fábrica. El timbre del receso es era el mismo en una fábrica que en una escuela. 

Tomemos algunos conceptos clave: Las construcciones socio-culturales, las instituciones (en especial las familiares y las educativas), los sistemas de producción (como los mencionados: feudalismo, capitalismo). 


Es indiscutible que Latinoamérica es heredera de ciertas ideas europeas que le
fueron impuestas a la fuerza. Va todo en el mismo paquete: Somos herederos de un ideario anglo-centrista (O sea, que nos cuesta desprendernos de Europa).
Y Europa, en sí misma, es heredera de Roma – por mucho tiempo más de un
monarca, filósofo, clérigo, o cualquiera en situación de poder se hacían la paja
pensando en que Roma “renacería”. Todo eso con la Iglesia detrás, un pilar
cultural fundamental, porque cuando los imperios caen, las coronas pesan, y
las cabezas ruedan, la gente se asusta, y la Iglesia siempre estuvo allí para
contenerlos, darles consuelo, un propósito, y una explicación. La Iglesia
Católica, a través de todas sus deformaciones, siempre tuvo ese rol de
“normalizador”, y hasta fue por mucho tiempo “un filtro” de la historia (de
qué debería ser recordado, y qué no).

Trivia Gay 

Algo que no es muy recordado: ¿Sabían que Roma tuvo un emperador súper marica? Heliogábalo fue un emperador romano que estuvo cinco años en el poder, los cuales no estuvieron exentos de excentricidades. Tómense la molestia de investigarlo. 

El caso romano de Heliogábalo sólo es un ejemplo que traigo para ilustrar que, a pesar de nuestra educación sobre cómo fueron ciertos procesos y situaciones históricas, siempre hubo maricas. Sin embargo, hoy en día se sigue diciendo con pudor que a los espartanos les gustaba darse por la cola. “¡Ay Lirio, no lo digas así, mi catolicismo me hace temblar cuando hablas en esos términos! ¡Llora el Niño Dios!”  

Cualquiera sea el caso, no sería preciso referirnos a tales personajes históricos como homosexuales o trans, debido a que esa es una interpretación contemporánea. Más de una cultura a lo largo de la historia disfrutaba sin tapujos de libertad sexual, de relaciones afectivas múltiples, o de pasar de un género a otro. Tenían sus propios términos y definiciones para ello – incluso hubo sociedades donde existían cinco géneros simultáneamente. obviamente, eran distintas sus instituciones. Esto fue hasta que el mundo se volvió más globalizado, colonizado, y conectado. Las definiciones se volvieron universales, y nuestras ideas de cómo funciona el mundo fueron saneadas. La herencia de las ideas europeas tiende a ser totalizadoras, y no permite muchas modificaciones, ya que, si algo funciona (para algunos, los que están en el poder mayormente), ¿Por qué cambiarlo? 

El orden establecido, en su mayoría, sigue marginando a las identidades transgénero/transexuales/travesti/como queramos llamarlas, porque van en contra de una cosmovisión y de un sistema de instituciones que, como dije antes, para algunas personas funciona. En lo que se refiere a la idea de género, por supuesto, no es una excepción, cómo no lo son tampoco el sexo y la genitalidad. 

“Epa, epa, epa, ve más despacio cerebrito”

Estudios modernos sobre la biología han teorizado y demostrado varias veces que el sexo es más complejo en el reino animal que simplemente decir “macho/hombre” y “hembra/mujer” (dichas denominaciones surgieron antes de que se formalizara la biología en sí), y que, incluso si removemos lo nominal, y nos centramos en lo cromosomatico, tampoco es simplemente “XX” ni “XY”, existiendo las combinaciones de 3, u 8 cromosomas, e incluso algunos dicen que hay más. De todas formas, ¿saben qué? Eso no importa. En la sociedad, digo. Nadie va por ahí preguntándole los cromosomas a la gente. Excepto psicópatas, claro está, (me robé ese chiste de Twitter). 

Sin embargo, ¡Sí es un poco relevante! En el sentido de la generación de la genitalidad, claro está. Porque eso es en realidad lo que le interesa a la sociedad. Bah, no la genitalidad en sí, lo que interesa es si tenés una hermosa vagina fértil, lo demás es discutible. 

Cómo dije antes, hay un orden establecido, ya he mencionado algunas de sus principales características, pero para no marearnos, resumiremos en patriarcal y capitalista. Ya mencioné antes cómo es necesaria la mano de obra, y cómo entra en juego la familia en esa lógica. Si tenemos en cuenta los ciclos de recesión capitalista, también fue necesaria la introducción de las mujeres en la fuerza de trabajo. Ya no alcanzaba con que solo un miembro de la familia trajera el pan a la mesa. Por supuesto, si las mujeres empiezan a trabajar, tienen que hacer trabajos de mujer. 

Estaba hablando de genitalidad, y de repente estoy hablando de la mujer trabajadora. ¿me fui por las ramas? No del todo. A lo que estoy llamando “genitalidad”, mucha gente lo confunde con sexo. Bueno, es semántica, como sea. En lo que se refiere a este aspecto, cabe aclarar que hay también un orden, donde el útero fértil y su acceso (la vagina) y el pene fértil deben cumplir esos propósitos ya mencionados, y para cumplir esos propósitos deben cumplirse ciertos requerimientos.  

Las personas nacidas con pene y con vagina son entonces sometidas a la crianza a cargo de las instituciones ya mencionadas. Si acaso hay alguna anormalidad con los genitales del individuo, incluso si no supone absolutamente ningún riesgo para la salud, se percibirán como un problema porque no dejará en claro qué rol debe cumplir. Esto le ocurre, por ejemplo, al 10% de la población, quienes son intersexuales. Sin importar qué, queda en manos de los padres “decidir” el rol del individuo, y por lo tanto, intervenir quirúrgicamente. 

En el campo de la neurología, se ha encontrado evidencia que demuestra que los patrones neuronales del cerebro son diferentes en hombres y mujeres, tanto cis como trans. Esto es una simplificación, por supuesto, porque como escribe Sara Reardon en su artículo “The largest study involving transgender people is providing long-sought insights about their health

“Los investigadores se debaten qué tipo de diferencias — Si es que las hay — existen entre los cerebros de los hombres y las mujeres, y muchos estudios respecto al tema han sido pobremente interpretados. Pero los científicos que estudian el género creen que la confusión puede ser parcialmente el resultado de una visión simplista de lo que son el sexo y la identidad de género. ‘No creo que haya algo cómo un cerebro de hombre y de mujer, pero es más como un continuo,’ dice Baudewijntje Kreukels, un neurocientifico en el Centro Medico de la Universidad de Amsterdam que trabaja con ENIGI.” 

De ésta forma, si bien podemos relucir que hay una correlación biológica (pero no una naturaleza biológica) con el género, porque no está, tampoco “escrito en piedra”. Esto también sirve para entender cómo es que existen personas no binarias, si acaso los estudios se desarrollaban dentro del binario Hombre-Mujer. 

VIDEO RELATIVO

Hablando de personas no binarias, ¿qué carajo con eso, eh? No se entiende. 

Quisiera hablar primero sobre diferentes perspectivas: La antropológica, la psicológica, y la performativa. QUE ABURRIDO pensarás. Mi consuelo es que seré breve. 

En muchas culturas, a lo largo del tiempo, ha existido lo que se ha llamado “tercer género”, este entendido como “otro u otros” géneros. No me voy a hacer un listado inmenso de todas las civilizaciones y culturas que lo tienen, está en Google, por favor. Debería ser conocimiento general ya. 

Lo importante a rescatar de esto es: Ninguna persona está predestinada a ser hombre o mujer. Ni Siquiera “lo masculino y femenino” ha sido fijo durante la evolución de la propia cultura europea. ¿Vieron las calzas de Luis XIV? Eso, hoy en día, gritaría “trolo” por todos lados. Esos tacones, por dios, ni yo me atrevo a tanto. 

Considerando lo psicológico, podríamos entrar más en detalle. Desde que nacemos, vamos absorbiéndolo todo para poder darle sentido a nuestro alrededor. Bajo ciertos mecanismos de castigo y recompensa, repetición, o idealización, se van asignando subliminalmente (para luego hacerse más aparentes) categorías de género a todo aspecto de nuestra vida, hasta el más banal. No es sólo en la vestimenta ni lo corporal, sino también en el lenguaje, la forma de hablar, la forma de pensar, nuestro color favorito, qué pareja buscar, los deseos, los sueños… Necesitamos de un orden para que el mundo tenga sentido, y para esto, se necesitan categorías. Se presenta como un problema cuando estas categorías son rígidas, y se produce un estancamiento en el aprendizaje. Éste es un tema de por sí bastante complejo que no involucra únicamente entender cómo funciona la identidad de género. 

Hablando de categorías, dentro de la comunidad LGBTQ+, desde sus origines, se han ido formando ciertas características propias de su origen geopolítico, el cual es anglosajón. Se destaca que las orientaciones sexuales son aparte de la identidad de género, la “T” representando a toda persona trans, y las siglas “Q+” para Queer (que vendría a ser muy similar a lo en Sudamérica se le llama “marica”) para intentar representar a más personas que no sean Gays, Lesbianas, Bisexuales o Transexuales. 

Tenemos que entender, por supuesto, que las siglas fueron creadas como un estandarte político para luchar por derechos que se les negaban a estas personas por tener una sexualidad/ identidad que no sea cis-heterosexual. No son categorías creadas con el mayor rigor científico ni son necesariamente categorías donde podrían entrar todas las personas. Esta estructura no concibe que haya personas trans y lesbianas, por ejemplo. Lo toma por partes, como si hubiese una duplicidad en ser lesbiana y ser trans. No toma tampoco en cuenta las cuestiones de clase y de color. Pero bueno, como surgió en un país que controla grandes medios de producción (audiovisual), se fue extendiendo y se fue implantando en otras sociedades, sociedades que ya tenían a, cómo les diríamos hoy en día, sus “putos” y sus “travas”, tal vez con otro nombre, ahora los clasificaban de esa manera. La palabra “travesti” ya existía antes de que cayera “transexual”, al igual que “marica”. 

Esto ya entra en el tema de lo performativo, que debemos separar de las categorías anteriormente presentadas. Sabemos que “trans” se refiere a “transexual”, sin embargo, se han llegado a ciertos consensos dentro de la misma comunidad, dónde es preferible y más correcto usar transgénero, debido a que no hay una transición de un sexo a otro (lo cual es imposible, porque, recordemos, estaríamos hablando de literalmente cambiar nuestra estructura de ADN), sino más bien de un género que fue asignado a otro auto-asignado, y cuya auto-asignación se alineará con el contexto de quien se nombra. Por más problemático que suene esto, me explayo:

Entonces, una chica puede en realidad ser un chico trans, porque “chico” está reconocido dentro de su contexto social y cultural, y entonces, alguien que no es trans, es cis, porque se deja de ser cis en el momento que sos trans, o que te declaras trans, y comenzás un proceso de “transformación”, donde debes dejar ir ciertos miedos y categorías para “educarte” en otros, porque son los que traen un mejor desarrollo y mayor armonía. Nadie puede desarrollarse en, por ejemplo, hacer su tarea de matemáticas si estás pensando todo el tiempo en que sos una persona horrible, indeseable, deforme y enferma cuando en realidad, ups, sos trans y todo este sufrimiento te lo pudiste haber ahorrado. 

La categoría “Trans” también se refiere, no sólo a hombres y mujeres, sino a personas no binarias (si agarran la bandera trans, las personas no binarias son la raya blanca). Ahora, tenemos que hacer una pausa en el conflicto, donde nadie puede parece ponerse de acuerdo. 

Como ya nos cansé diciendo anteriormente, el punto es que la identidad existe por dentro de las personas y se forma de diferentes maneras, y que estas estarán de acorde a la norma. En una sociedad donde se recompensa/direcciona ser heterosexual va a haber muchos heterosexuales – básicamente y a lo muy bruto, para que se entienda, no es tan así, pero es más o menos así – y estas recompensas si bien son sociales también son culturales y puede que hasta biológicas, pero nada está grabado en piedra. Ahora, ese hombre que estás viendo podría ser una mujer. ¿Te asusta no? Relajate, es hermoso. 

Pero para ser aceptada como mujer dentro de la norma, tiene que intentar serlo. Acá vienen los problemas. Ay mamita… que si te tenés que hormonar, que si te tenés que poner tetas, que si tenés que ser deseada por hombres o por mujeres porque capaz sos heterosexual o bisexual o gay o lesbiana – qué te tenés que poner, qué tenés que decir, en qué tono decirlo, que no te alcanza la plata, que te echó papá porque te gastaste toda la plata en estrógenos y ni siquiera eran los correctos porque el médico no te quiso ver porque no está especializado y ahora te estás convirtiendo lentamente en una mandarina…. ¡UF! Me cansé. Es cansador. 

Sin embargo, todo el mundo lo hace, no sólo las personas trans. Todo el mundo tiene un conflicto interno constante con el exterior para encajar. El tema de las personas trans es que la sociedad no sabe dónde encajarlas, y, por lo tanto, es mejor que no existan. Obviamente, las personas trans, inteligentes en el arte de sobrevivir (bueno, no miren las cifras de asesinatos y suicidios, digamos que sí), entienden que deben comenzar un ejercicio de militancia por los crueles roles de género que oprimen a una sociedad desigual, y a la vez asimilarse dentro de la misma.  

Las personas trans no solo se transforman a sí mismas, sino que su presencia va transformando el mundo a largo plazo. Con cada una ayudando a la otra, o al otro, o a le otre. 

La pregunta “Quién soy” es universal, no le pertenece a un grupo o persona particular, se la hará todo el mundo. Y tenemos que permitirlo, sino, vamos a tapar el sol con un paraguas gigante para que la gente use energía nuclear en todo momento, haciéndote más rico, para que luego te dispare una bebé en un estacionamiento. 

Representación gráfica de lo que pasa cuando no le permitís al resto tener dudas espirituales sólo porque tienen pija. 

En todo proceso de transformación, habrá instancias en las que no todo se verá muy claro. En esto debo hacer énfasis: depende mucho del contexto de la persona. Cómo sabemos, no todo el mundo tiene los mismos recursos materiales (ni el mismo metabolismo) para generar exitosamente la imagen que desea exteriorizar. Por eso, una persona con vagina de clase baja, de color, que va a cierta escuela, tiene ciertos intereses, etc. tendrá otras experiencias que una persona con pene de clase media, obesa, con distinta ubicación geográfica, distinto sistema educativo, distinto país, etc. al momento de comenzar el acto performativo de “ser trans”. Salirte de las categorías duras “hombre”/ “mujer” es un trabajo, y ni siquiera se nos está pagando, maldita sea. 

Entonces, comienzan procesos diferentes. Debido a nuestra cultura sudamericana, todo cuerpo masculino que manifiesta varias señales de feminización es denominado coloquialmente como travesti. Si bien ésta categoría no existe en el origen del LGBTQ+, se la añadió entiendo que cualquiera que transita por ese proceso y lo continuará haciendo durante toda su vida, es trans. Travesti trans. Sin embargo, debemos entender también que dentro de la categoría “travesti” existen diferentes fenómenos. Muchas travestis dicen no ser hombres ni mujeres. Otras dicen que son mujeres travestis. Entonces tenemos un contexto donde co-existen mujeres cis, mujeres trans, mujeres travestis y travestis. Es entonces que lo “mujer” aparece más como un proyecto que como una vivencia propia que ya está experimentando la persona. “Seré mujer, si tengo tal apariencia”, pero también tenemos experiencias donde gente trans dice “ya soy mujer, siempre fui mujer”. También debemos añadir concepciones como “se és mujer cuando se menstrúa” y “me siento realizada cómo mujer al tener un bebé”.  

Nadie va a decir “me siento mujer al reparar el motor de mi auto”, aunque sí hay hombres que dicen “me sentí hombre al tener sexo”. Bueno, querido, eso es realizarse como escorpiano, no cómo hombre. ¿Malisimo el chiste?  

Redoblamos la apuesta: Existen mujeres no binarias o personas no binarias que primariamente muestran una codificación femenina – normalmente las personas con pene hacen esto, las personas con vagina deben verse obligadas a “masculinizarse”. 

¿Qué ocurre entonces? Que se está creando un espectro entre hombre y mujer que antes no existía, un largo camino pavimentado por cada persona trans que lo transita. Él genero se difumina. De lejos pareces hombre, pero de cerca pareces mujer. Hoy tu maquillaje (o no tenerlo) te hace “parecer” un género que no sos. Tu forma de hablar, tu forma de mirar, todo en una búsqueda por la androginia. 

Es en este lugar, ésta búsqueda, que puede existir una forma “performativa” de ser una persona trans no binaria, en todos los sentidos posibles que la persona empiece esa búsqueda. Una persona que el sistema no pudo adoctrinar para categorizar exitosamente cosas como de hombres y mujeres y/o tomarlas como propias. Teniendo que “ser trans” desde el momento en que se da cuenta que no es de su género asignado al nacer, pero en un proceso distinto para expresarlo en su performatividad. Si fuera acaso “hegemónico” que los hombres usasen vestidos, entonces las personas que quieren usar vestidos y no son hombres lo tendrían más fácil, simplemente porque los hombres tienen más peso social. 

Es por eso que hay que tener precaución al hablar de todas las personas trans como “un solo grupo”, y tal vez no necesariamente seguir a rajatabla denominaciones extranjeras que sirven como escalón, pero no son la escalera. Tal vez hay muchas formas de nombrar lo mismo, y algunas son más preferibles que otras en ciertos contextos y por distintos motivos. Lo que entendemos como trans no-binario puede ser puede ser referido con otras palabras que ya existen desde otro lugar, tal vez más apropiadas. Lo importante, de todas formas, es qué se quiere conseguir con ese reconocimiento político.  

Como sea, he dicho demasiado, y de todas formas, sólo es mi visión, y cada persona trans tiene la suya, también, porque se trata de sus vivencias, las cuales exteriorizamos para que se nos entienda, se nos reconozca como personas, y no seamos condenados a la desigualdad sistemática. 

Así que abracémonos, porque se nos viene cruda. 

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