Cancelame, cancelate

Natalie Wynn, alias “ContraPoints”, tiene uno de los canales de Youtube más especiales que podemos encontrar en dicha plataforma. Compuesto por vídeos de diversa índole, desde ensayos sobre aristas del Capitalismo hasta estudios de Género (muchas veces apelando a su propia historia de transición). Muchos de ellos con una ostentosa y exquisita estética, en un ser discursivo que mezcla humor, ironía y unas notables dosis de honestidad y alcohol, creando una contradicción entre lo genuino y cierta teatralidad. Natalie, quien estudió filosofía en las universidades de Georgetown y Northwestern, explica temas tan relevantes y complejos con una claridad envidiable, en un intento de hacer reflexionar al espectador sumamente palpable.

Por ejemplo, uno de mis videos favoritos trata sobre los Incels (INvoluntary CELibate”, personas que no tienen relaciones sexuales “porque no los dejan”). Allí no busca demonizar ni atacar a estos grupos, los cuales pueden ser extremadamente peligrosos, misóginos y autolesivos, sino tratar de entender y poder empatizar con qué les ocurre a estos sujetos.    

¿Qué tiene que ver la anterior introducción con el título de este artículo? Pues, el “cancelar” y la “cancel culture” fueron el tema de su último video. Tema que la interpela especialmente ya que ella misma fue “cancelada” en más de una ocasión. Si te interesa conocer los motivos y su propia respuesta a esas situaciones, en el minuto 21:35 comienza esa sección del video. El presente escrito se agarrará de cierto desarrollo argumentativo del principio para ver a qué preguntas y planteos podemos llegar. 

En el caso de que no sepas a qué se hace referencia cuando se dice que un sujeto es “cancelado” o se llama a “cancelarlo”, podemos empezar diciendo que es una especie de “escrache virtual”. Cierta persona tuiteó algo sumamente racista con total soltura y alegría; desde nuestro claro lugar de superioridad moral, vamos a citarlo y explicar por qué este sujeto es una basura y debe tener su cuenta cerrada, no sin antes recibir una gran cantidad de insultos, amenazas de muerte y denuncias. Si el objetivo se cumple y, por ejemplo, la persona decide cerrar su cuenta, podemos decir que ha sido cancelada

Se ha popularizado mucho el término en el surgimiento del movimiento #MeToo, aquel que en primera instancia buscaba denunciar y dejar en evidencia figuras masculinas famosas que habían acosado, abusado o violado mujeres y quedaron inimputables. Harvey Weinstein fue quizás el denunciado más relevante del movimiento, con acusaciones por parte de más de setenta (!) mujeres. Actualmente, está siendo juzgado por apenas un puñado de esos casos. 

Cancelar pareciera una “herramienta útil y bondadosa”, ya que permite a víctimas de estas situaciones ser escuchadas, hecho “simple” que no suele ocurrir, des-subjetivizando aún más a estos sujetos. Ya veremos que las posibles razones para cancelar a alguien son muchas, no solo relacionadas con lo sexual, y tampoco con tan nobles intenciones.   

Una de las grandes problemáticas de este “sistema punitivo” es sencillamente explicada por Natalie. Mientras que en la búsqueda tradicional de justicia se suele escuchar dos relatos de un hecho -del acusado y del acusador-, al cancelar se suele prestar foco solo en la acusación. Es decir, adiós a la presunción de inocencia. Importa la acusación por sí sola, no hay derecho a réplica y comienza el ataque. Luego de ello, suele suceder un paso que Natalie denomina “abstracción”, en el cual se realiza una afirmación/juicio de valor a partir de la acusación. Esta abstracción suele obviar detalles y puede tranquilamente clasificar al acusado de algo que no hizo o no “es”.

Para clarificar, imaginemos que tuve una conversación con nuestro querido Editor, en la cual discutimos sobre cierto razonamiento de una amiga en común (llamémosle Carla). Luego de la conversación, el Editor tranquilamente podría acusarme de “haber menospreciado los pensamientos de Carla” en un tuit. Sus seguidores y cualquiera que pase cerca del mensaje podría levantarlo y empezar a afirmar que “Axel menospreció a Carla”, pasando de acusación a verdad incuestionable. No hay pruebas de que le haya hecho eso a Carla, ni siquiera de haber hablado con el Editor, pero ustedes lo creen (“presunción de ser culpable”). Yendo aún más profundo, alguien podría agarrar la afirmación anterior y decir “Axel es un misógino” (“abstracción”), pegando un salto cualitativo bastante importante, pero que pasa todo el tiempo en esta aventura de cancelar. A su vez, ocurre un cambio de enfoque en la crítica hacia mi persona. Una cosa es criticar/atacar una acción que hice –“menospreciar”-, otra es ir contra algo que supuestamente soy –“es un misógino”. Quizás parezca una pavada la observación, pero en ella empezamos a atacarme específicamente a mí, como sujeto.

¿A qué se debe este fenómeno de cancelar? A la razón mencionada antes sobre el movimiento enfocado a escuchar a las víctimas, hay que sumarle otras posibles causas. Para empezar, puede ser un espectáculo y un goce, digamos, sádico. He leído muchas veces usuarios pidiendo que “X haya hecho algo terrible así lo podemos cancelar”. Resentimiento y bronca hacia figuras que no bancamos por cualquiera estúpida razón pueden ser un cóctel poderoso para subirse a la ola masiva de mensajes, y así desahogarnos un poco. Incluso en casos “legítimos” -permítanme esta trampa– cabe preguntarse cuántas personas realmente se suman a cancelar por empatía a la víctima o a los grupos oprimidos o solo por puro entretenimiento. Citar algo que consideramos estúpido y/o ofensivo y poner un one liner cool para cosechar un par de corazoncitos por ahí. Nos da gracia, nos hace sentir bien, pensamos que no hacemos mal a nadie. Salvando las enormes distancias, podemos trazar un paralelo con un “linchamiento”, en el cual todas las partes ponen su granito de arena y la situación se extiende hasta que hay una muerte. Muerte que quizás nadie quería en un primer momento, solo sacar su bronca y un poco de goce sádico. 

¿La facilidad con la que nos dejamos llevar en el frenesí del cancelamiento podría también estar relacionada con haber padecido una serie de abusos de poder, por ejemplo, por fuerzas de seguridad como la policía? Es una hipótesis que voy a tirar al aire y no hacerme cargo, ya que no he encontrado evidencia ni cuerpo teórico como para poder trabajar con ella. Pero me hace rascar la cabeza como para no compartirla.

Otro aspecto a tener en cuenta en las causalidades es el “absoluto”. Todas las respuestas que damos en redes sociales tienen que tender a ser con una postura tomada, con pocas chances a la duda y siempre demostrando un claro mensaje. No nos interesa que quieras pensar cinco minutos antes de decidir a fulano hay que cancelarlo o no por su tuit de astrología. Es más, si no decís nada -o nada que no sea “apoyar la acusación”, claramente sos cómplice y estás evitando el problema. ¿Sabes qué? Cancelado por encubridor. Y si el acusado se disculpa inmediatamente, pensamos que no es honesto, no se tomó su tiempo. Pero mientras no se disculpe, vamos a hostigarlo para que lo haga. Y si nunca termina haciéndolo, es un cobarde que ha decidido darnos la razón mediante su silencio.

Lo que juega mucho aquí, nuevamente, es el tiempo. Ese viejo bastardo que no muere. Somos exigidos posturas y respuestas rápidas porque las redes sociales se manejan a sus propias velocidades, exigiéndonos un ritmo de pensamiento y respuesta casi inmediatos, similar a la rapidez con la que podemos googlear algo. No te des tiempo para pensar, para reflexionar sobre lo que estás leyendo y viendo. A nadie le sirven los tiempos que tengas para procesar, necesitamos respuestas y las necesitamos ahora.  

No hay que dejar de destacar que Twitter en sí tiene lo suyo. Su propia infraestructura permite que estos hechos sucedan con suma facilidad. Si compartimos noticias falsas con excelsa simpleza, o criticamos titulares click-baiteros cuando sus textos van para otro lado, ¿qué tanto más análisis le dedicamos a acusaciones que muchas veces nos va a ser imposible chequear por nuestra parte? Además, pensamos en las comunidades que realizan los ataques en esta red ¿Son “comunidades”? ¿Les podemos llamar así a conglomerados formados en gran parte por algoritmos y likes

Y yendo directamente a todo aquel que esté detrás del funcionamiento de Twitter: ¿cómo puede ser que leamos sobre los misiles y las amenazas entre Trump e Iraníes como si nada? Las guerras del mañana serán streameadas o no serán.

Podríamos llevar la temática a una cuestión de clases, aunque sea de manera burda. ¿Acaso sirve cancelar celebridades? El caso antes mencionado de Weinstein podría denominarse, si se quiere la hipérbole, un caso de justicia.  Habrá que ver qué sucede en los días sucesivos. Mientras tanto, personajes como Woody Allen siguen lo más bien, haciendo películas. Ni hablar de Kevin Spacey, quien protagoniza una seguidilla de hechos irrisorios. De haber sido plasmados en una serie, ésta hubiese sido infinitamente más atrapante que la paupérrima última temporada de House of Cards. Me acuerdo que no hace demasiado, medio que se erradicó el Rock nacional. ¿Qué se hace con estos “supuestos monstruos? Alguien podría sutilmente decir “lo que se me cante el orto”. Personalmente, por más que creo fuertemente que no se puede separar al arte de la persona y sus ideologías, convengamos que ciertas piezas -como canciones- pueden encapsular momentos y estados que no tienen por qué estar manchados por un error u horror cometido. Eso sí, se me prende la “moralina” y me da rechazo darle ingresos de cualquier forma.

Y vos podrías preguntarme: “¿No estamos dándole demasiada importancia a este fenómeno si apenas algún caso avanza a la justicia? Que la persona cancelada ignore los malos comentarios y siga con su vida”. Primero habría que delimitar qué recursos psíquicos, humanos y materiales tiene esta persona para que le afecte en mayor o menor medida. Segundo, lamentablemente suena más sencillo de lo que es: resulta que el ciberacoso puede ser más perjudicial que el propio acoso o bullying “tradicional”, con indicadores de pensamientos suicidas. Es decir, tranquilamente se nos matan personas por el constante hostigamiento que reciben. El asunto es que no buscamos criticar de manera constructiva o que haya un diálogo entre las posturas disidentes, que pueda haber un crecimiento, un cambio de pensamientos. Es un proceso que puede llevar mucho tiempo, meses o incluso más, y como ya dije, no nos permiten -o permitimos- esas velocidades. Directamente se busca la aniquilación – Y ojo, no digo que en casos no haya ningún tipo de opción para “las buenas formas”. Muchas veces parece la única opción. 

Por otro lado, si uno que ha evitado meter más leña al fuego trata de ser más crítico y comprensivo con algún mensaje, lo más probable es que no haga la diferencia entre el mar de mierda y acoso. Es más, termine sumando a esa montaña, aunque no sea la intención. Mark Fisher habla de lo irracional de los ataques de manera sublime en este escrito. Necesitamos buscar otras formas, desde la solidaridad y la camaradería para resolver estas situaciones. 

Hay casos que no nacen de una cultura de cancelar, ya que no han dicho “nada polémico” que los ponga en ese lugar de tiro, pero terminan teniendo resultados similares. Se me ocurren como ejemplos cercanos en el tiempo los de las actrices Daisy Ridley y Kelly Marie Tran, quienes cerraron todas sus cuentas en redes sociales debido a, básicamente, ser mujeres y tener roles importantes en Star Wars – Un personaje mucho más copado que otro, por supuesto. No justifica nada. 

Sin embargo, las situaciones y los atravesamientos pueden ser muy disímiles cuando estamos comparando personas exitosas y con claros recursos económicos, con otras que tengan menos redes de apoyo y sean “menos populares”. Ambas podrán caer en pensamientos suicidas, pero quizás unas tengan más respaldo que otras. Natalie relata su propia experiencia en esta parte

Para intentar cerrar estos párrafos, mi idea no es profesar un moralismo barato ni ponerme la gorra porque sí, sobre cómo usamos nuestros espacios internauticos. Tampoco estoy diciendo que haya que dejar pasar afirmaciones que consideremos dañinas o hirientes para terceros por más que vengan de personas que normalmente cumplen con nuestros falsos ideales de conductas intachables. 

¿Pero posta vamos a cancelar a las pocas voces de izquierda importantes que tenemos, por estas situaciones? ¿Al final consumimos y alabamos videos como los de Contra y después los desechamos y obviamos todo lo que quizás hayamos adquirido? Agrupaciones de derecha y derivados se nos cagan de risa en la cara. Lo que han intentado hacer por años y no han podido, lo hemos hecho nosotros mismos. Muchas de las canceladas nacerán “genuinamente” desde personalidades zurdas y demás, pero los de arriba aprovecharán el chispazo. Los Lajes del mundo seguirán tirando mierda y propagando sus mensajes de odio contra minorías oprimidas. Nos agarramos entre nosotros y erradicamos a personas que han trabajado en intentar hacer algo, al menos mejorar de algún modo las discusiones sobre problemáticas sociales urgentes. Todo por un tuit.  

Por favor, les estamos haciendo un gran favor. Y gratis.

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