Por qué no soy peronista

Nota del editor: El siguiente ensayo es demasiado gorila. Sí, incluso para nosotros. De todas formas, decidimos darle un espacio. A pesar de ciertos puntos ciegos, observa agudamente las fallas del peronismo como partido dominante, y revisa su función social sin alejarse de los hechos – y con la cólera que algunos de ellos, razonablemente, provocan.

Publicando el siguiente, hacemos justicia a nuestra misión, “no clausurar conversaciones, sino hacer las preguntas correctas“.


El martes 10 de diciembre, asumió un nuevo presidente del PJ, partido que gobernó ininterrumpidamente el país desde que tengo casi 2 años hasta antes de que cumpla los 16.  

En este contexto, y alrededor de críticas hacia este nuevo presidente de parte de @NadaRespetable, surgió en Twitter una profunda discusión acerca del peronismo. Y entre los cuales había varios comentarios de gente (o similares) sorprendida de de que haya personas más escépticas con el nuevo gobierno, desde ingenuas sorpresas hasta virulentas y básicas agresiones. Entonces me interesó hablar de esto: ¿Por qué alguien (y más alguien que se considera progresista) no sería peronista? ¿Por qué no soy peronista? 

Ya suena feo tener que dar explicaciones (nadie te pregunto pelotudo, callate), pero lo voy a hacer porque lo considero necesario.  

Para la mayoría, puede parecer inentendible que una persona que se autodenomina socialdemócrataprogresista de izquierda, no apoye al peronismo, o al menos a su versión actual descafeinada, el kirchnerismo – ¿albertismo? -. Por eso voy a intentar, dentro de mis limitaciones y mi infinita subjetividad, explicar por qué es que no soy peronista, y por qué el peronismo es incompatible con mis ideas (además de porque soy gorila y odio a los pobres). 

Empecemos con el principal punto de la socialdemocracia, El Estado de Bienestar. Por más que se pueda confundir y pensar que esto es expresado, en mayor o menor medida por el peronismo, y que son defensores de lo público y del Estado, esto no es así. Si, el peronismo/kirchnerismo, defiende un Estado grande, pero que no brinda bienestar, ni una distribución correcta de las riquezas.  

El sistema de salud público, por ejemplo, es muy precario, pero el 60% tiene una obra social pública o semipública – manejada por la burocracia sindical, gracias al pacto Onganía-Vandor para derrocar a Illia. Es decir que todos, incluidos el 30% más pobre y sin cobertura y los jubilados, subsidiamos un sistema de salud paralelo, exclusivo para trabajadores de ciertos rubros, y controlado por neo-oligarcas mafiosos, que dicen defender a los trabajadores, pero usan gran parte de esa plata para enriquecerse ellos, mientras dan un servicio de baja calidad. Este sistema disfuncional beneficia también a las prepagas devoradas, y favorece una cobertura de salud inestable que queda en manos del empleador, y que excluye a los trabajadores en negro, que a la vez, gracias a esto, crece al convertirse en un costo para el empleador al contratar a alguien, y sobre todo afecta a la Pymes y los hogares. Si perdés el trabajo, cambias de trabajo, dejas el trabajo, trabajas por tu cuenta, te divorcias o cumplís los 21 años perdés la cobertura. Y lo que te cubre la prepaga también es limitado. 

Con la educación pública pasa algo parecido. Se mantiene un sistema muy precario y atrasado, mientras se subsidia escuelas privadas, en general, de un nivel no mucho mayor. Y los resultados están a la vista. En las últimas pruebas PISA ocupamos los puestos 63, 71 y 65, de 79 países, lo que muestra la pésima situación de nuestros niveles primario y secundario. Como una medida para resolver esto, el Gobierno de la Ciudad presentó el modelo de la UniCABA, que haría de la docencia una carrera universitaria, pero el peronismo se opone, para después decir que lo hace en defensa de la educación pública.   

Y con el modelo de asistencia social pasa lo mismo, tercerizándola (en vez de que se ocupe directamente el Estado), a empresarios prebendarios, “ONGs” amigas, iglesias católicas y evangélicas y “organizaciones sociales que la usan para hacer proselitismo, como si de damas de caridad modernas se tratasen (idea que se remonta a la Fundación Eva Perón). De esta forma, tienen una gran red clientelar, y literalmente una fábrica de pobres, que somete a sus voluntades políticas a una gran cantidad de gente a cambio de una limosna, y se quedan con el resto. Así los pobres nunca pueden integrarse a un modelo moderno, productivo e inclusivo, y continúan trabajando y viviendo en condiciones precarias, en sintonía con el pobrismo que comparten el clero, el PJ y las “organizaciones sociales”. Y replican un sistema feudal que criticaba Marx, cuando decía que el lumpenproletariado es funcional a la aristocracia. Y el nuevo “Plan Contra el Hambre” y la “Tarjeta alimentaria” van en ese sentido, basta con ver a quiénes sentaron a la mesa para decidirlo.  

Esto termina con un Estado ineficiente y gigante que perjudica más a los que más lo necesitan, y que genera costos extras a la ciudadanía.  

Y uno podría pensar que el problema de peronismo es la corrupción, y sí (no se puede redistribuir la riqueza si se roba), pero esta no es casualidad, es estructural, porque este sistema corporativista está intencionalmente pensado para robar al contribuyente y promover servicios caros y de mala calidad que pasan por muchas manos, en beneficio de empresarios prebendarios, burócratas sindicales, eclesiásticos y políticos lumpenizadores. Sin la parte que se llevan estos se podría brindar servicios públicos eficientes y para todos, con un gasto menor. Esa es la base de la socialdemocracia.  

En segundo lugar, el peronismo habla mucho de la intervención del Estado en la economía, lo cual apoyo. El tema es, ¿Qué tipo de intervención se pretende? ¿Tiene el Estado un rol socialdemócrata o progresista bajo el peronismo? La respuesta es no. 

Para empezar, no es progresista, porque se quedó estancado en el tiempo. Sigue insistiendo con un proteccionismo industrialista jurásico, del estilo que, lamentablemente, volvió a ponerse de moda en otros países en los últimos años. Esto, que falta al internacionalismo, es lo que causa que subsidiemos a empresarios ricos para que pongan ensambladoras y vendan bienes con poca variedad, de menor calidad y más caros, y esto perjudica a los que no pueden irse a otro país a hacer las compras al exterior, y a las mafias de la aduana.  

El peronismo dice que genera empleo y desarrollo, pero el aislacionismo genera todo lo contrario. Y no defiendo un modelo “agroexportador”, sino uno que promueva industrias modernas y competitivas (high-tech, industrias culturales, energías renovables) que generen ganancias, buenos sueldos y desarrollo real. El aislacionismo es incompatible con el mundo en el que vivimos, y el experimento trampista (aplicado en un país con nosecuantos portaaviones como dice Guillote Moreno), nos lo demuestra.  

Y no tenemos “industria nacional” porque no se invierte en R&D (research and development), no se invierte en infraestructura, se grava a la creación de empleo en blanco, se grava a la inversión, se grava al consumo y se grava la exportación, mientras se subsidia a muchas pymes improductivas, atrasadas y fugaces (con empleados en negro y condiciones precarias), grandes empresarios prebendarios, proteccionistas y oligopólicos, y la tarjeta de la clase media y media alta.  

El peronismo sigue teniendo una idea arcaica acerca de la matriz industrial y de consumo, estancada en el Siglo XX (sino antes) y centrada en el trabajo físico-repetitivo, y a corto plazo, y allí direccionan sus intervenciones. Esto es todo menos progresista.  

Mientras socialdemócratas, tanto en Estados Unidos como en Europa, hablan de Green New Deal, un proyecto que mezcla ecologismo con justicia social y crecimiento económico, el modelo peronista es totalmente opuesto.  

Mientras tanto, en el proyecto peronista, incluido el actual:  

  • Se desmantela el sistema ferroviario 
  • Se subsidia a los combustibles fósiles 
  • Se subsidia y fomenta a los autos particulares a nafta.  
  • Se subsidia y se le congelan las tarifas a la demanda energética. Medida que no sólo va en contra del ahorro de energía, sino que también beneficia a los que más consumen, lógicamente los que más tienen, no a los que más necesitan. Y sólo a quienes le llega esta red 
  • Se subsidia y fomenta, aún hoy, a los vehículos a nafta 
  • Incluso, Alberto Fernández, a los pocos días de asumir, anuncio junto a empresarios y sindicalistas, un “Plan Estratégico 2030(!)” para la industria automotriz. Si piensan que el futuro de la movilidad son los autos particulares con combustibles fósiles, están más perdidos que un libertario con un tweet de Solanopo 
  • Se incumplen las leyes de desmonte y de glaciares 
  • Se bajan los impuestos a las mineras y petroleras mientras se sube a todos los demás 
  • Se recortan los gastos en energías renovables. En esto parecen ser ultra-ortodoxos, intentando incluso gravar la generación de energías renovables como si de una actividad extractiva se tratase (el “Impuesto al Sol” en La Rioja y el “Impuesto al Viento” y en Chubut son ejemplos).  
  • Se continúa la masturbación con Vaca Muerta 

     Esto es, seguir fomentando el extractivismo y el cortoplacismo, en beneficio de una oligarquía de empresarios, políticos y burócratas sindicales y en pos del subsidio del consumo a corto plazo de la clase media y media-alta. Algunos se intentan defender mostrando al ecologismo, como opuesto al desarrollo económico y tecnólogico, argumento que ya quedo viejo, y como una preocupación elitista y del primer mundo, cuando afecta, aún más, a las personas, y a los países, más pobres y excluidos, y a los que basan sus principales actividades económicas en el uso de sus recursos naturales. Y eso lo explica muy bien la (¿neoliberal?) Alexandria Ocasio Cortez. 

Y la Economía Verde es un sector clave, en el que es más que necesario el rol del Estado, no solo como regulador, sino también como gran inversor y transformador, en un terreno en el que los privados no se animan a invertir. Pero no parece interesarles, es más, quieren recortarle subsidios, “para que sea competitiva”. Pero es que hasta tenemos una empresa de energía semi-pública, que en vez de usarse a favor de la transición energética, se usa para enriquecer a los empresarios socios del gobierno. Lo mismo pasa con Aerolíneas.  

Porque aunque se hagan los defensores del Estado y de las empresas públicas, en vez ponerlas en disposición de la eficiencia, del desarrollo y de la inclusión, las destruyen y las usan de caja de políticos, sindicalistas y empresarios prebendarios, mientras brindan servicios precarios, dejan al país sin infraestructura y subsidian a esa casta burocrática con impuestos regresivos que recaen más duramente sobre quienes muchas veces no acceden a esos servicios.  

Y por último lugar, el peronismo se presenta como el partido de “la ampliación de derechos” y la redistribución de la riqueza, pero partiendo de la base de un Estado grande a beneficio de unos pocos y de los que más tienen, no me parece muy realista.  

Construyeron un sistema sindical corporativista, atrasado y antidemocrático, dirigido como una serie de empresas personales que sólo beneficia a los burócratas sindicales, y gravan la contratación, la inversión y el consumo de forma regresiva en vez gravar progresivamente a la ganancia. 

Es decir, la redistribución, si ocurre, lo hace de abajo para arriba. Y, como producto de su industrialismo primitivo, ven al amplio sector agropecuario como su gran enemigo (tildándolo de oligárquico y atrasado) y gravan su actividad, la principal del país, en vez de sus ganancias, y sin realizar reformas de desarrollo inclusivo y moderno que el sector, y los otros sectores, necesitan. 

Y ahora también se atribuyen la bandera de la igualdad de género, pero el gobierno sigue asociándose a la Iglesia Católica, iglesias evangélicas y políticos afines. Incluso la Ministra de las Mujeres, Géneros y Diversidad, Elizabeth Gómez Alcorta, es la abogada de Milagro Salas, líder de la Tupac, que ejercía violencia contra mujeres y personas LGBT. 

En resumidas cuentas, es por todo esto que no soy peronista. Porque me considero socialdemócrataprogresista cosmopolita, y el peronismo, para mí (guien só?), es corporativistaautoritarioreaccionario nacionalista. Pero este es mi propio punto de vista, así que abro el debate: Ustedes, ¿Por qué son/no son peronistas? 

Ahora, quien les habla va a recibir los azotes correspondientes de parte de los editores por haber escrito este coso. Saludos. 

¿Te gustamos? Vos también nos gustas.

Si disfrutas lo que hacemos, considerá invitarnos un café.

Invitame un café en cafecito.app

2 comentarios en “Por qué no soy peronista”

  1. Me gustó mucho el texto. Quiero felicitar al autor y aprovechar la oportunidad para recordarle que se fue a la B, es de la B y siempre va a ser de la B.

    Responder

Deja un comentario