Astrología feminista [EDET N°010]

Esta es la décima entrega de El diablo encuentra trabajo, semanario en el que Aaron Marco Arias (quien escribe ahora en tercera persona) analiza algunos hitos del discurso online que le llamaron la atención durante la semana concluyente. Su entrega anterior está disponible acá.


Anteriormente, en piezas como esta, nuestra publicación problematizó el feminismo blanco de “La Revolución de Las Hijas”.

Esta no es una diatriba antifeminista. Con la excepción de ciertas piezas que escribí durante mi adolescencia libtard, ningún artículo crítico que yo haya producido o ayudado a producir es una diatriba antifeminista. 

Los conservadores explican la banalización del movimiento por parte del Feminismo Pop diciendo que el feminismo se volvió inútil y que sólo mediante política de la banalidad puede justificar su existencia. El equipo editorial de este mal pasquín disiente.

Creemos lo contrario: El feminismo tiene un larguísimo camino que recorrer todavía, así como el masculinismo. Pero ese camino debe ser uno de cuestionamiento y replanteo de las relaciones de clase y de raza. No puede hacerse feminismo (o masculinismo) sin interseccionalidad. El masculinismo sólo es un movimiento inútil si falla en cuestionar las falencias de la masculinidad tradicional y se embriaga con caricaturas naif y protofascistas. El feminismo sólo es un movimiento inútil si se plantea como objetivo la celebración de la sexualidad de las mujeres ricas y de clase media-alta. 

La exclusión de narrativas de clase y de etnia de eventos feministas debe ser leída cínicamente. Se está estancando al feminismo en un punto pésimo para la praxis pero ideal para el lucro. 

Camping Feminista: Fogones.
Itinerario.

Actualmente, está tomando lugar una discusión un tanto acalorada, a raíz del cronograma de actividades del campamento feminista de la revista LatFem, el cual incluye actividades tales como talleres de twerk a los que los hombres cishet no son bienvenidos, y fogones en los que discutir “astrología queer”. 

En esta pieza, pretendo abordar ambas micropolémicas. 

“No soy TERF, pero pronto voy a serlo”

Hace años, comencé a cuestionar el discurso preponderante en mis círculos sociales, cuando un youtuber que admiraba publicó un video titulado “I’m not alt-right, but soon I’m gonna be” (“no soy alt-right, pero pronto voy a serlo”). En este video, criticaba a “la izquierda” por no querer poner sobre la mesa cuestiones de “realismo racial”. 

Básicamente, criticaba a la izquierda por no ser racialista, y planteaba que, al considerar imperiosa la legitimación de estas teorías pseudocientíficas, iba a volverse alt-right. Iba a volverse alt-right porque nadie en otro punto del espectro político trazaría una correlación entre la pobreza de África y la frenología. 

El feminismo radical transexcluyente tiene como piedra fundacional de su discurso político, la idea de que los hombres son peligrosos. Y, por supuesto, plantea el ser hombre o mujer como una condición meramente fisiológica. 

El radfeminismo, en su cepa preponderante actualmente, se niega a darle una dimensión más profunda a la condición femenina o masculina. Además, el radfeminsimo se dice “gender-critical” (“crítico del género”), mientras refuerza constantemente estereotipos y nociones restrictivas de la sexualidad que no son para nada progresistas y para nada radicales. 

No puede sorprenderlo a uno el hecho de que haya un nexo claro entre radfeministas celebradas e instituciones reaccionarias. 

Pero, más allá de eso, la idea de excluír a hombres cishet de actividades siempre “me hizo ruido”. No puedo sino verlo como una etapa de transición a la transfobia rad. 

Se excluye a los hombres cishet porque se los considera peligrosos. ¿Por qué no a los hombres trans? Si los hombres son peligrosos porque su sexualidad es peligrosa, también debería excluírsenos a nosotros. ¡Carajo! ¡Tengo los niveles de testosterona de un hombre cis! Tengo la sexualidad de un hombre cis. 

Oh, bueno – no era el caso cuando apenas comenzaba a hormonarme. ¿En qué punto de la terapia de reemplazo hormonal pasamos a ser peligrosos?

Más allá de las dificultades de facto de diferenciar entre hombres cishet, hombres cis gays o bisexuales, y hombres trans de cualquier orientación, la diferenciación discursiva entre hombres cis y hombres trans me hace ruido.

Comencé a transicionar a los 16 años, y ya llegué a un punto en el que puedo sacarme la camiseta y sigo pasando como un hombre biológico. Endocrinológicamente soy un hombre, en mi función social soy un hombre — lo que me diferencia de un hombre, dentro del plano de lo perceptible, es un pene. Lo que es peligroso es el pene. Lo que tiene el potencial de intimidar y abusar es el pene. ¿Por qué las radfeministas no quieren dejar a las mujeres trans ingresar a los baños de mujeres? 

Boss Babe Astrofeminista

No es de mi interés ahora argumentar por qué la astrología es una pseudociencia. Pero, a quienes no estén convencidos, no puedo sino referirlos a dos excelentes artículos escritos por especialistas y disponibles aquí y aquí.

La astrología, como se vive hoy, no es sólo una pseudociencia, sino también una identidad cultivada. El creer en la astrología lo hace a uno audiencia target de una serie de productos y servicios que prometen un mayor autoconocimiento. Quienes toman en serio a la astrología, la viven como una suerte de autoayuda con componentes místicos. 

Considerando esto, no creo que la astrología deba tener un lugar en el feminismo o en espacios de construcción política queer. “Astrología” no es meramente una disciplina pseudocientífica, sino también una categoría de consumo, y tanto el feminismo como el activismo queer deberían tratarse de otra cosa.

Si la homofobia y la misoginia persisten, esto no se debe meramente a que “la gente es mala”. Alguien los está azuzando, y ese alguien quiere tenerlos ocupados en odiar a los putos o en reprimir a las mujeres, y no en otras cosas. Hay que empezar a hablar sobre qué son esas “otras cosas”. 

Los Lajes del mundo venden la idea de que la aceptación de la homosexualidad es una agenda impulsada por elites en pos de la perversión de Occidente. Esto es ridículo. No hay un compromiso real del sistema de producción con las minorías. 

No hay un compromiso real del sistema de producción con nadie. Pero, una vez el capitalismo entra en crisis, las minorías sexuales y raciales son culpadas por lo que el sistema de producción causó, y masacradas. 

Lo que está sucediendo ahora no es que el homosexual es aceptado o celebrado en cuanto homosexual. El homosexual es aceptado y celebrado en cuanto consumidor. Y, cuando las cosas se pongan ásperas y tengamos que decidir qué cabezas ruedan, rodarán las nuestras, no las de quienes realmente serán culpables.

El capitalismo no es pro-diversidad, porque quienes formamos parte de “la diversidad” pasamos de consumidores a piojos tan pronto como las contradicciones se vuelven insostenibles. 

Por lo tanto, que nuestros espacios de construcción política estén consumidos por dispositivos discursivos que tienen como sustento y como objetivo final el lucro es, al menos, problemático.

Por otra parte, la astrología no está arribando a los espacios feministas sola. Viene de la mano de un sinfín de prácticas peligrosas y profundamente relacionadas a la sacralización de la vagina, a la creencia de que la vagina es un órgano mágico que conecta a su portadorA a otro plano de la existencia. 

Me refiero a prácticas como introducirse piedras e incluso material biodegradable en la vagina en pos de “limpiarla de energías negativas” no son meramente pasatiempos inocuos que deben ser respetados bajo la bandera de la libertad individual: Son prácticas peligrosas. Por supuesto, quien quiera introducirse piedras en la vagina tiene todo el derecho a hacerlo — pero, como colectivo que se pretende transformador, el feminismo no debería darle apoyo institucional a eso.

El problema no es meramente la astrología, el problema es el esquema de pensamiento que lo hace a uno más propenso a creer en la astrología. Las mujeres tienen una más pronunciada tendencia a la religiosidad que los hombres. Algunos especulan que eso se debe a la falta de poder sobre sus propias vidas que las mujeres tuvieron históricamente. Si se le enseña a alguien que la dependencia y la pasividad son virtuosas, va a delegarle al plano místico su destino, e incluso va a atribuirle su carácter. La autoexploración que promete la astrología es falsa.

Pero, más allá de esto, más allá de que la astrología carezca de rigor científico y de que pertenezca a una esfera de consumos que pueden volverse nocivos para la salud: Recursos gastados en astrología queer son recursos no-gastados en discutir la situación de las mujeres trans en las provincias. Recursos gastados en, ya que estamos, talleres de twerking lésbico son recursos no-gastados en explorar la relación entre crisis económica y desersión escolar femenina. Recursos gastos en “brujería feminista” son recursos no-gastados en abordar problemas más concretos.

Pero, por supuesto, un taller de astrología queer es mucho más llevadero que una charla-debate en la que pensar sobre las villas miseria. Un workshop de diseño de pancartas es mucho más divertido que escuchar hablar a alguien que come salteado y que fue echado de su casa por ser “puto”. 

El debate real ni siquiera es si “astrología queer sí” o “astrología queer no”, el debate es si el feminismo y el activismo LGBT deberían ser espacios para que la clase media-alta y la clase alta lucren y la pasen bien, o si deberían ser espacios transformadores de la realidad.

Y, si consideramos a qué se dedican quienes impulsan eventos como este, parecería ser que, sí, son cuestiones mutuamente excluyentes. Y si no lo son, pido disculpas, pero no se nota.

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