El diablo encuentra trabajo - N°006

La entrega anterior de esta pequeña serie fue escrita y publicada bajo el gobierno de Mauricio Macri. Su sucesor, el presente escrito, está siendo producido bajo un nuevo gobierno peronista, si esto no es oximorónico.

Entre EDET N°5 y esta pieza, publicamos la segunda entrega de nuestra serie sobre animé, así como un breve comunicado sobre qué significa este cambio de gobierno para nosotros, quienes hacemos Nada Respetable, y cómo vamos a posicionarnos. 

Parte de nuestra audiencia, una pequeña parte pero no por eso una despreciable, se sorprendió e indignó ante el hecho de que seamos opositores. Ya en ocasiones anteriores (véasen este artículo y este otro), nos habíamos posicionado como lo que vulgar, “chicaneramente” podría referirse como “gorilas de izquierda”. Si bien nuestra “propuesta política” — mejor dicho, nuestro gesto político, el Ciberiluminismo, algunos dirían, es compatible con ciertas lecturas del peronismo, no nació con esa impronta.

Más allá de nuestro desacuerdo general con el peronismo, publicamos y continuaremos publicando, así como contando en nuestras filas a algunos brillantes peronistas. Las camarillas, la cerrazón y la hostilidad son contraproducentes e incongruentes con el Ciberiluminismo. 

Podemos querer mucho a nuestros amigos y conocidos peronistas, pero, si nuestros amigos y conocidos peronistas no nos quieren — Oh, bueno, esa ya es cosa otra.

¿Qué pueden enseñarnos los neofascistas?

Alberto Fernández estaba a horas de asumir, y una compañera editora de este pasquín tuvo un intercambio de chicanas sobre la minería a cielo abierto con un militante del gobierno entrante bastante apasionado. Lo que más me llamó la atención y, ¿Por qué no asumirlo? ¡Carajo! Lo que más me dolió del asunto fue que mi compañera estaba poniendo sobre la mesa un asunto de gravedad innegable: el avance de la minería a cielo abierto y la falta de decisión real al respecto por parte de la ciudadanía.

Quienes hacen activismo anti-minería en Patagonia construyen su discurso alrededor de la certeza de que, no importa quién gane las elecciones, los emprendimientos nocivos para el medioambiente y para los habitantes de las zonas afectadas avanzarán.

Cuando alguien que vive en una zona afectada trae a colación el asunto de la megaminería, contestar con una chicana no sólo es “mala praxis política”, es una cretinada. La izquierda o pseudo-izquierda debería ser “clapbackera” con los libertarios que no entienden ni quieren entender teoría sociológica, no con quienes están proponiendo la discusión de problemáticas reales que impactan en su propia vida. 

Dos asuntos:

  1. El clapback fuera de lugar, la respuesta irónica y soberbia compulsiva, por deporte es un mecanismo maladaptativo al que los hombres queer tendemos. Nuestra masculinidad también tiene que ser problematizada en esos términos.
  2. Por cosas como esta los nazis nos ganan. 

Si la oposición de uno está siendo exitosa en algún aspecto, lo mejor que uno puede hacer es imitarlos. Por supuesto, esto sólo debe hacerse si la imitación no compromete la causa, sino que podría servir para potenciarla. 

El ex-neonazi Christian Picciolini suele contar que se sintió atraído por el fascismo, no porque tuviese sentido “intelectualmente”, no porque tuviese buenos argumentos, sino porque se sentía visto y escuchado en su célula neonazi, porque dentro del fascismo encontró una comunidad que lo contenía, porque le daba objetivos, porque le daba un propósito y una historia que contarse sobre sí mismo.

Incluso diría que el clapback en situaciones de pseudo-“debate” virtual no es siempre adecuado. Uno es un ser humano y no tiene por qué atender boludos irrespetuosos, esto es discrecional. Pero, cuando uno no entiende algo sobre El Gran Reemplazo, sobre La Cuestión Judía o sobre algún otro delirio facho, siempre va a encontrar a alguien dispuesto a explicárselo, a darle libros, a acercarle recursos, a contestar sus preguntas. 

Nosotros le pedimos a las vístimas de inseguridad que entiendan el gran contexto socioeconómico de lo que les sucedió, hacemos que la responsabilidad, que el peso de la situación caiga sobre ellos. Cuando expresan resentimiento, ira, y otras emociones que es normal albergar tras ser violentado, los acusamos de clasistas o de racistas. Mientras tanto, partidos neofascistas hacen su trabajo fino en villas y otras comunidades institucionalmente desatendidas, criminalizadas, y vulneradas por la delincuencia. 

Si no tenemos propuestas sensibles, si no nos callamos la puta boca y escuchamos por un rato, los nazis van a hacerlo, y van a vender como solución alguna locura terrible. 

Por otra parte, este “nosotros” que arrastré durante estos últimos párrafos es una extensión de mi solidaridad. La celebración de la pedantería obtusa es una de las razones por las que no comulgo con el gobierno entrante. Por cierto, tampoco comulgaba con el gobierno anterior. 

Como fuese, ahora pasaré a algo un poco menos cruento — Asumo. 

El cuerpo equivocado

Esta serie no se trata tanto de tópicos novedosos o particularmente importantes, como de tópicos “actuales” que llaman mi interés. Escribo en la intersección entre mis inquietudes y mis conocimientos, y los asuntos que se están discutiendo hoy en día, en X círculos.

Con esta vaguedad intento justificar abordar el asunto de la publicidad inclusiva de Sprite recién ahora. Oh, bueno — No trataré la publicidad en sí, sino que responderé a un comentario que un activista no-binario hizo al respecto.

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En una de sus gráficas para redes sociales, Sprite arrojó una cifra sobre la población transgénero, del estilo de “Somos X,XXX,XXX que nacimos en el cuerpo equivocado”. El activista en cuestión contestó que la gente trans no nacía en cuerpos equivocados y que el planteo era erróneo. Como un hombre trans binario, estoy en desacuerdo.

La idea de que el cuerpo sexuado está arbitrariamente sexuado, como se entiende hoy en día, proviene de la teoría performativa del género. La teoría performativa del género, explicada a los ponchazos, sugiere que el género es un hacer, que es, sobre todas las cosas, una performance regida, delimitada por códigos culturales.

En sus escritos, la filósofa fundacional de esta corriente, Judith Butler plantea que no hay tal cosa como una base biológica objetivamente sexuada, pre-cultural sobre la que actúa la cultura. Que no hay tal cosa como un sexo objetivo, que el sexo en sí, como lo entendemos, es una construcción. A menudo se pretende plantear al sexo como algo objetivo e indiscutible y al género como la construcción cultural que se hace en base al sexo. Butler no concuerda.

Como consecuencia, puede plantearse que el cuerpo masculino no es sino el cuerpo de alguien que hace la performance de la masculinidad. Por lo tanto, el cuerpo de una persona trans no es “equivocado” nunca, porque cualquier cuerpo puede interpretar la masculinidad… o debería poder. ¿No?

Para comenzar, si bien podría decirse que gente con cuerpos de ambos sexos debería poder interpretar la masculinidad como los hombres lo hacen, esto es imposible. Y la razón por la que es imposible es que dos cosas distintas no son iguales. El cuerpo de alguien que rotularíamos como “del sexo femenino”, sin intervenciones médicas en pos de ello, no va a verse como el del hombre estereotípico. No va a ser percibido, tampoco, como si estas diferencias no existieran. Y, muy probablemente, tampoco vaya a percibirse a sí mismo como si estas diferencias no existieran. 

Recuerdo sufrir disforia de género como una angustia y un sentido de asco íntimos, que me seguían incluso cuando estaba solo. Mi cuerpo era una cosa y no otra, las diferencias entre mi cuerpo y el de un varón de mi edad eran innegables. Plantear que esas diferencias no existen, que no importan, o negar la disforia consecuente es negar la experiencia de las personas trans binarias. 

¿Por qué estoy en terapia de hormonas desde hace tantos años, si mi cuerpo nunca estuvo mal? ¿Por qué mi relación conmigo mismo mejoró a medida que mi transición avanzaba? ¿Por qué mi emotividad se vio sesgada por las hormonas? ¿Por qué pude desarrollar mi personalidad en la dirección en la que quería hacerlo, recién en terapia de hormonas? ¿Por qué negar ese tipo de experiencia? Experiencia que, vale la pena recalcar, es muy común entre personas trans.

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