Las novias de los viejos

Primero debería hacer un mea culpa, además las anécdotas rompen el hielo. Éste mismo año, bajo la influencia del alcohol, sostuve que una persona que se pone en pareja con otra, habiendo una diferencia de diez años de edad, debería ser multada. Una amiga en igual condición de ebriedad (y feminista, no es menor el dato), me dijo “qué horror, sos el enemigo”. Hoy en día, nos reímos al respecto. Más me río yo, debido a la vergüenza que me produce.

Sin embargo, muchas personas, al parecer, sostienen firmemente esa postura, estando sobrias. Siempre es motivo de discusión el tema de que “los hombres salen con mujeres mucho menores a ellos”. Planteándolo, no como una problemática “a resolver”, sino como otro clavo en el ataúd de “los hombres”, en general. Se alinea con cierta rama del feminismo que ve a los hombres todos como antagonistas irredimibles en la narrativa social: “Son pedófilos, un día salen con una de veinte, mañana seguro con una de quince”. 

Como ejemplo siempre se utilizan hombres famosos (hombres a los que pudimos, a lo largo del tiempo, hacerles un historial de con quiénes salieron). El tema de la edad de Camila Canicoba (18 años) y de su pareja, Gastón Pauls (47), salió a la luz recientemente. Esta es la última manifestación de una discusión que, en realidad, nunca se fue. Esta gráfica sobre Leonardo Di Caprio es un ejemplo:

En promedio, en lo que se refiere a la población occidental, al menos, los hombres (en su mayoría, Not-all-men acá) eligen a su pareja heterosexual dentro de un rango de edad que no llega a superar los treinta años. Las mujeres, por otro lado, van eligiendo una pareja más o menos acorde a su edad a lo largo de su vida. Pero esperen, estamos hablando de parejas heterosexuales, ¿Ocurrirá lo mismo con otro tipo de parejas?

Al parecer, siguen el mismo patrón de comportamiento. Los hombres homosexuales tienden a casarse también en rangos de edad diferentes, aunque la diferencia de edad es menor. Las lesbianas suelen casarse con mujeres no muy lejos de su propia edad. Las personas no binarias podemos entrar en uno u otro campo, porque non-binary es un término paraguas, y además porque somos tramposes.

Pero, ¿Vieron? El problema son los hombres… o tal vez… sea una cuestión referida a los métodos de producción.

Ok, ok, ok. Primero, no hagan esa expresión, al menos déjenme plantear la idea. Segundo, el internet es un campo anárquico y puedo decir mi opinión, que, al fin y al cabo, será mía. Estoy dispueste a que me cancelen. Tercero, no soy la primera ni la última persona que lo dice. No voy a hondar en el análisis Freudiano que se podría hacer de tener relaciones sexuales con alguien que podría ser tu padre, o una figura a quien proteger, o ahondar en el mandato heterosexual que hay sobre eso.

Primero pensemos, ¿Por qué los hombres, mientras más mayores, prefieren más fuertemente a la gente joven? Miremos nuestra propia cultura, la cual está atravesada por productos audiovisuales, que son un perfecto “naturalizador” (quiero decir, presentan ciertas condiciones como “naturales”, y, por lo tanto, inescapables). Hay un sinfín de series, programas de televisión, películas, (y etc.) donde el protagonista, si es un varón, es heterosexual y además su interés romántico será la rubia despampanante pero graciosa y dulce. 

Incluso en los videojuegos, las co-protagonistas o las villanas deben tener un pronunciado escote y unas largas piernas. (A modo de pregunta, en comparación, ¿Cuantas mujeres en los videojuegos son final bosses? Y en el caso de serlo, ¿qué tanto podemos verles las tetas?) Sí, sí, es patriarcal, pero ligado íntimamente a la necesidad de vender. En éste caso, se trata de vender una idea, y deberíamos preguntarnos, ¿Quiénes se están beneficiando tanto de ésta idea? 

Concentrémonos ahora en la mujer. Ya hablaré de personas del mismo sexo. Los heteros van primero porque si no se enojan. No es tampoco sorprendente lo que diré, pero la imagen de un cuerpo juvenil en la mujer vende, y mucho. Las mujeres mayores inclusive, deben adquirir ciertos rasgos de elegancia para no estar “arruinadas”. ¿Tu tía Zulma que tiene ochenta, pero tiene que andar con un bastón para caminar? Asquito. ¿La madame que tiene sesenta, pero gastó gran parte de su fortuna en tratamientos cosméticos, abrigos de piel lujosos y cirugía para parecer, como mucho, de treinta? Sexy, hasta empoderante. ¿Vieron cómo traje a la luz, también, el poder adquisitivo? No es un dato menor tampoco.

Las empresas que se encargan de producir contenido audiovisual no están nada más ni nada menos que dirigidas por hombres con plata que tratan de mantenerse jóvenes. Seguro han escuchado de la crisis de los cuarenta, pero imagínenselo a un nivel donde el hombre en tal crisis tiene los medios de producción necesarios para que su crisis se globalice. Sí, estoy al tanto de que la crisis de los cuarenta también es un negocio, uno beneficioso donde al hombre se le llena de culpa por no cumplir todas sus expectativas al llegar a cierta edad, y en un intento de rejuvenecerse, consigue o un auto nuevo o una novia nueva  – la idea de arrepentimiento y culpa es un idea poderosa y muy redituable, y justo pasa que los que tienen el poder económico para cumplir sus fantasías de “volver a renacer” son hombres, pero, ¿no es acaso, el arrepentimiento, algo que le sucede a literalmente todo el mundo en cierta etapa de su vida? ¿No se han lucrado de esta idea también ciertos movimientos sociales?

Pero, como dije antes, está naturalizado. Está naturalizado también que debemos ser criaturas dispuestas al sexo en toda etapa de nuestra vida. No es solo la idea de que “el sexo vende”. 

El sexo, al estar vinculado a condiciones económicas, adquiere poder. Entonces el sexo se trata menos de sexo que de poder, a modo simbólico. Mientras más sexo puedas conseguir, más poder tienes. Gran parte del feminismo de la liberación se trató también de esto: la libertad de poder elegir con quién nos relacionamos sexual y/o afectivamente. El tema es que esa libertad está condicionada por un contexto definido de capital-sexo-poder. Si llegara a existir un mundo sin patriarcado, pero donde siguiese predominando el capitalismo, seguramente otro eje de poder se implantaría para retomar ese vacío.

No diré que las empresas audiovisuales son las responsables de esto, pero sí han sabido beneficiarse de ello, y, por lo tanto, lo han ido reproduciendo, utilizando cualquier medio a su disposición para seguir vendiendo su idea.

Volvamos al problema inicial, pero al revés, y esto es solo una pregunta hecha para pensar, ¿Por qué nos parece problemático que un hombre de cincuenta salga con una de veinticinco, pero no nos parece problemático que una mujer de cincuenta salga con una de esa edad? Recordemos que, en toda relación, no solo en las sexoafectivas, hay una relación de poder. Sea reconocida o no, existe. Tal vez no sea fija, tal vez un día una persona tiene el poder y al otro la tiene la otra persona, pero sigue existiendo. ¿Realmente es un argumento decir “que un hombre de cincuenta tiene más poder”? Adquisitivo tal vez, y si ese es el caso, entonces la discusión es claramente otra, y la edad no es realmente lo que está molestándote. Además, no creamos que porque un hombre es mayor tiene todo el poder, hasta a los hombres mayores heterosexuales les gusta estar abajo.

Después podemos utilizar otros argumentos, pero entran ya en el plano filosófico. ¿Madurez? Me da risa la idea de que alguien esté midiendo la madurez, siendo que es un término que se origina ante la idea de que abandonas tu hogar de la infancia, trabajas, te casas y luego tenés hijos. Deformen la idea tanto como quieran, que es “saber lo que querés”, “dejar de ver caricaturas”, hace rato que dejó de ser relevante.

¿Control emocional? ¿Quién dice que una mujer de cincuenta está más en control de sus emociones que una mujer de veinticinco? Digo, en el plano colectivo tal vez sea así, pero, realmente, ¿hay alguna evidencia para ello que no sea puramente anecdótica? ¿Hay acaso un ente regulador que va sacando estadísticas de cuánto control emocional tiene cada individuo? ¿Acaso estamos diciendo que las personas de veinticinco años no deberían ser consideradas mayores de edad? ¿No deberíamos tal vez preocuparnos de que las personas sean educadas, tal vez, en este tema? ¿Debería modificarse la mayoría de edad? ¿No están acaso los individuos en pleno derecho de ejercer su ciudadanía, y que el individuo pueda tomar sus propias decisiones, y que las consecuencias puedan ser suyas? Y si eso incluye salir con alguien de cuarenta años, aunque a mí personalmente me parezca un horror, para otra persona será, o una lección, o una felicidad. 

¿Acaso es libertad que, en promedio, una mujer salga con alguien de su edad? ¿O acaso no salen con gente menor por miedo a ser juzgadas? Y si así fuera el caso, ¿Dónde está el feminismo diciendo “si ella quiere salir con un potro de veinticinco años, puede hacerlo”? Bromeo un poco, porque sé que cierta parte del feminismo sí defiende tales ideas.

En lo que se refiere a los promedios, ¿deberíamos apuntar a que, no importa tu edad o género, deberías sí o sí salir con una persona que tenga tu misma edad, o al menos sin mucha diferencia? ¿O deberíamos apuntar a una anarquía sexo-afectiva, donde no importa cuánto se esfuercen en calcular, las computadoras de la gente que trabaja en estadísticas explotan, porque todo el mundo está cogiendo con todo el mundo?Una pareciera requerir más la presencia del estado, (vuelvo a mi anécdota del principio). Pero, de todas formas, sea cual sea la posible “solución”, no ocurrirá si no se genera más contenido cultural diferente. Mayor número de realidad, mayor elección para sus consumidores, y no naturalizarían tanto una sola narrativa, sino que serían expuestos a una multiplicidad. Y el mercado, tratando de adecuarse a este estallido de contenido donde “lo que se desea” ya no es la pareja heterosexual de él, con plata y arrugas y ella, toda graciosa y con las tetas operadas, sino otra cosa. Quién sabe, tal vez en el futuro, si todo sale bien y no se duermen, sea visto como “lo natural” que te guste el gordo Žižek. Miles de revistas con modelos de diferentes tamaños, género, color de piel, y lo que les hace lo suficientemente sexies para aparecer en una revista sea que estén leyendo En defensa de las causas perdidas.

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