Varones nuevos

Como muchos hombres, hace muchos años que vengo pensando mi masculinidad, en mayor o menor profundidad. Hace poco escribí un largo comentario sobre ese tema en un video de Aaron Marcos Arias para Nada Respetable*. A partir de él es que desarrollaré este artículo. Reformularé varias ideas que considero que expresé mal y corregiré otras. Pero por sobre todo, desarrollaré unas nuevas. Quiero presentar algunas conclusiones generales que sirvan a otros para organizar algo de esa masa algo amorfa de sentidos que engloba la expresión de “nueva masculinidad”, tan usada en estos días y tan buscada por muchos varones.

  1. No hay un movimiento de hombres que se aborde a sí mismo en su propia subjetividad, ni que reconstruya la historia personal para alcanzar una nueva sensibilidad masculina. En el único caso en el que se ve es desde la perspectiva de la “deconstrucción” (a partir de la cual surge algo importante que voy a decir después) o de los movimientos reaccionarios al feminismo. O sea: de manera positiva o negativa, los varones hablamos de nosotros mismos desde los discursos feministas.
  2. Creo que en general se considera que la nueva feminidad es una liberación, mientras que la nueva masculinidad es una especie de limpieza o depuración, a veces de auto negación desesperada. No es muy raro encontrar hombres que digan que los hombres son seres horribles [con un énfasis, por omisión de otra variable, en el ser. ¿O sea que lo son por naturaleza?], lo que deriva en una cosa que no sé si es autocastración o búsqueda de feminización (o sea, liberación).
  3. Quizás haya que poner el eje, en parte para ir a fondo y en parte para facilitar la comunicación y difusión efectiva de la idea, en analizar cuál es la metáfora con la que se identifica al hombre. Veamos la de “macho alfa”. Es una idea potente porque sitúa al hombre en la posición del dominio cultural, sexual y de agente de la violencia y la normalidad (el macho alfa es el que impone las reglas). Paul Preciado dijo una vez que “la sexualidad es como las lenguas: todos podemos aprender varias”. Estemos de acuerdo o no, ahí hay otra metáfora.
  4. Pensarnos a nosotros mismos necesita de un abordaje amplio tanto en cuanto a quiénes pensamos como hombres así como quiénes participan de esa construcción.
  5. Sería bueno invitar amistosamente a que cada grupo de hombres (grupo de amigos, conocidos, me refiero a cada pequeña comunidad) aborde de la manera más autónoma posible su propio proceso de “reescritura” a partir de la historia personal y siempre en comunicación con otros. Y asumir desde el principio que esa renovación va a ser necesariamente parcial, porque nuestra libertad no es absoluta sino histórica.
  6. Propongo sustraerse de esa voz que dice que los hombres son horribles. Creo que hay que bajarle un cambio a la culpa. Suelo ver a muchos hombres que cuando piensan en ciertas cosas que hicieron o pensaron, tienden a sentirse muy mal. Arrepentidos, diríase. No creo que sea malo sentirse así, creo que es un síntoma del cuestionamiento. Pero sí creo que pensarse como un pecador en busca de una especie de “redención” no es campo fértil para un pensamiento profundo. Evadir un poco esa mecánica es el primer paso para reflexionar seriamente.
  7. La construcción de hombre como regente y norma de la cultura lo aísla, porque no le permite apelar a otros y siempre carga con el imperativo de defender su posición predominante. Es urgente que se abra y se encuentre con los demás y consigo mismo, o mejor dicho, de sus propias emociones y deseos más profundos. El descubrimiento de la horizontalidad y del llanto.
    7.bis. En el comentario que motivó este artículo, planteaba a la hermandad como metáfora que reemplace a la de macho alfa. Pero después pensé que esa idea remite a la de fraternidad (hermandad entre hombres), que es otra forma de marcar cancha respecto de niños, mujeres y “masculinidades secundarias” como homosexuales. Por ende, la idea de hermandad como superadora de la vieja masculinidad pierde poder retórico. Sin embargo, la idea de hermandad sí goza de un elemento clave: la solidaridad. Las mujeres tienen redes de solidaridad entre ellas, todo el tiempo se ayudan mutuamente. Nosotros tenemos que organizar también las nuestras. Tanto para compensar necesidades materiales como contenernos unos a otros cuando lo necesitamos.
  8. Siguiendo el punto anterior, la masculinidad debe revisar la conformación de su identidad como oposición a y negación de otras identidades. No debe haber jerarquías entre hombres ni entre hombres y otras identidades. No somos radicalmente opuestos a ellas.
  9. Creo que el masculinismo, de germinar, no necesita de la organicidad político-teórica del feminismo. Podemos articular ideas y prácticas sin la necesidad de un movimiento concreto. Podemos generar cambios desde intercambios entre nosotros, en nuestras comunidades. No necesitamos enarbolar una bandera masculinista (yo ni siquiera me identifico como tal). Y si bien soy firme en cuanto a la defensa de una autonomía necesaria en el cambio particular de cada uno (“un Buda no salva a otro Buda”), sí creo positivo dialogar con los movimientos de disidencias ya conformados, y con una teoría y práctica desarrolladas.
  10. No hablo desde la superación. Personalmente, no puedo llorar, por ejemplo. Hablo desde mi posición de persona que todavía no se arregló y es consciente de su eterna imperfección. Y está bien así. Porque somos seres humanos.

El punto clave de la crisis de la masculinidad, y fuente de angustia para muchos varones, es la enorme distancia entre el imperativo vital de ser Hombre por un lado y la dilución de esa identidad frente a las nuevas dinámicas de género (tanto con mujeres como con gays, trans, etcétera). Entonces, al mismo tiempo que nuestra identidad se ve diluida (cosa que me encanta), seguimos cargando con el mandato de ser algo que ya no es tan sólido como solía ser, y que incluso es desaprobado en el marco de algunas comunidades. Mi propuesta para los hombres es tomar estos cambios con calma, conectar con las demás personas, crear redes de solidaridad entre nosotros y esperar, o bien a que una nueva y sólida identidad llegue, o bien a no necesitar una tan acotada como la que veníamos manejando hasta ahora. Lo que sea primero.

*El video en cuestión

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