El diablo encuentra trabajo - N°002

Bienvenidx, lector/x, a una nueva edición del semanario de la alegría.

De la miríada de acontecimientos poco felices que nos acosaron esta última semana, tomaré apenas tres, y los abordaré de la forma más geuina posible: Sin subirme a pedestales que no me correspondan, y sin pretender visiones menos ambiciosas que aquellas de las cuales, desde mi genialidad indiscutible, soy capaz.

Para comenzar,

Escrache

Recientemente, un joven esquizofrénico sobre quien pesaban muy cuestionables acusaciones de intento de secuestro, decidió tomar su propia vida. El muchacho, rosarino, era conocido como “El Dios Punk”. 

El Dios Punk era un artista sin hogar, padeciente de esquizofrenia, a quien se le atribuyó un muy dudoso intento de secuestro con burundanga. Sin prueba alguna, nunca tuvo que rendir cuentas ante aquello que, de tratarse esto de un informe periodístico, referiría como “la justicia” o “las autoridades”. De todas formas, fue escrachado. Más sobre el caso puede encontrarse en periódicos locales. 

Algunas feministas de Twitter pretendieron atribuírle su padecimiento final a su enfermedad, no al hostigamiento que estaba sufriendo. El comentario repugnante no tiene por fin empatizar con el fallecido, comprender mejor su dolor, concientizar sobre su enfermedad— sino no macular las ideas que enarbolaron quienes lo llevaron a la muerte. Pero no es la primera vez que una víctima de escrache decide tomar su propia vida. Véase, por ejemplo, el caso de la militante feminista chaqueña Luz Baravalle.

El escrache comenzó siendo un instrumento de resistencia ante la violencia institucional. Hoy en día, es una manera de acumular capital social más común en los sectores privilegiados que en aquellos a los que supo servir en sus inicios.

Por otra parte, el escrache no sería, quizás, tan nefasto, tan desafortunado, si no demandase lo que demanda. El escrachado debe ser “cancelado”, negado por su familia, traicionado por su pareja, echado de la esfera laboral, expulsado de instituciones académicas. El escrachado, en el ideal de este activismo patológico, narcisista y nocivo, debería perderlo todo. Que el escrachado se suicide no es un error, una consecuencia desafortunada, o el síntoma de un exceso, de una virulencia rara. Es el objetivo. 

Código

En EDET — N°1, referí muy brevemente a cierta lectura que se hizo de un tweet mío, condenándome por “defender a Laje”. Básicamente:

“La idea de que [mi crítica a quienes usan a Laje para burlarse de los hombres que viven con sus madres] no puede tratarse de los seguidores de Laje, o de cierto sector de la población, y que debe tratarse de Laje como individuo, responde a una tendencia a la política de personalidades. Pareciera que, en nuestras comunidades, el neoli██lismo triunfó hasta tal punto que ya no hay chance en el infierno de abordar asuntos en términos colectivos o siquiera de abordar sujetos otros que personajes mediáticos.”

Algo similar sucedió esta semana, tras el [velaré por la sensibilidad de cierto sector de la audiencia] g█lpe de Es██o evangelista en Bolivia. La manera en la que construímos discurso (o fallamos en hacerlo, mejor dicho) estuvo dada por nuestra imposibilidad de expresarnos por fuera de los códigos del neoliberalismo.

El discurso, incluso cuando acertado, fue fraccionario, no reconoció macros ni grandes narrativas, no fue ambicioso. Denunciatario, sí. Apenas lo suficiente como para que sus emisores y aplaudidores se posicionen del lado correcto del asunto.

Todo está atomizado y condicionado por métricas del mercado de las ideas. Todo debe ser de consumo rápido y fácil. Identificación sobre elaboración discursiva. Quizás esto se haya debido, también, a la naturaleza en la que la información es recibida: Fraccionada, diseñado en función de métricas del mercado de anuncios, de consumo rápido, fácil. Soporte de una narrativa unidimensional sobre fidelidad a los hechos. Quizás porque los hechos son desesperantes y podrían azuzar algún tipo de aspiración transformativa. No queremos eso, supongo.

Por otra parte,

Splinter

esta semana, Jim Spanfeller mató otra publicación maravillosa.

Splinter, una publicación de izquierda irreverente, hilarante, brillante, murió tras otro error administrativo por parte del tipo que convirtió a Forbes.com en una granja de contenido de dudosa calidad.

Antes de ahondar en el desguazamiento de las ex-propiedades de la difunta Gawker Media, me tomaré un momento para hacer catársis sobre Spanfeller y la empresa que lo contrató.

Jim Spanfeller solía ser CEO de Forbes.com. Como alguien que — tengo un non-disclosure, voy a hacer lo mejor que pueda — hizo extensas ediciones sobre textos de clientes que eventualmente fueron publicados en Forbes.com, tengo experiencia de primera mano con lo que es evidente para cualquiera que sepa leer: Reventaron la marca. O, si se me permite ser más específico: Spanfeller y su política de crear tantas “puertas de entrada” al sitio como fuera posible reventaron a Forbes como institución. Bajaron los estándars ridículamente, y en cierta época llegaron a publicar más de 5 mil nuevos posts por día. Por supuesto, la mayoría provenían de entrepreneurs impagos desesperados por “darse chapa”. 

Como fuese, este facilitador compulsivo de publinotas trasnochadas es ahora CEO de G/O Media, propiedad de una private equity firm. El hecho de que este tipo de entidad hubiese adquirido un montón de publicaciones ya daba un pésimo presagio. 

Las private equity firms son fondos desregulados administrados por financistas, que se dedican a comprar o invertir en empresas y “reestructurarlas”. Tienden a dedicarse a explotar compañías para hacer tanto dinero, tan rápido como sea posible. Sin “generar valor”, por supuesto. Sin “optimizar procesos”, es evidente. Sin “innovar”, “agilizar”, “disruptir”… ni lo sueñes. Como bien explicó Matt Stoller en cierta entrega de Big:

“El modelo private equity transforma a las corporaciones, de instituciones que albergan gente y capital con el propósito de producir a instituciones extractivas diseñadas sólo para mover el flujo de capital hacia los propietarios y dejarnos a todos detrás como basura. Como gran parte de nuestra economía política, las ideas detrás [de las private equity] fueron desarrolladas en los 1970s, y su implementación actual fue operacionalizada durante la era Reagan.”

Por supuesto, en este caso, las pésimas expectativas no fueron traicionadas.

Una publicación interesante no está dada tanto por el tratamiento exclusivo, obsesivo, de un único tema. Una publicación interesante avanza una cosmovisión, haciendose de ciertos tonos de voz. Es un mosaico, es una composición coherente pero con componentes diversos y fácilmente diferenciables, que sugieren una manera de entender cierta parte de la realidad. 

Hay una restricción temática, obvio. Pero los límites están trazados en la arena. Esto puede verse, por ejemplo, en la evolución del pasquín comunista Pravda Teens, anteriormente conocido como Teen Vogue. Spanfeller mató Deadspin cuando hizo promesas ridículas a los auspiciantes e intentó forzar a todo el staff editorial a sólo reportar sobre deportes.

Quienes sabían qué estaban haciendo, estaban al tanto de que sus artículos sobre asuntos sólo tangencialmente relacionados a los deportes eran mucho más exitosos que aquellos “puramente” deportivos. Sabiendo que en esos artículos sobre política y cultura estaba, no sólo lo que los lectores querían, sino también lo que hacía a Deadspin socialmente valioso, se negaron al cambio. Por supuesto. Renunciaron en masa, y un freelancer contratado para reemplazarlos siguió sus pasos tan fielmente que renunció también. 

Básicamente, gente que entra en los medios para hacer guita y nada más, arruinó dos publicaciones progresistas reactivas, inteligentes y populares, populares por “los motivos incorrectos”. Se necesitan más medios como estos, y quienes sentimos amor por esta manera estúpida de pasar el tiempo, y tenemos los conocimientos necesarios, tendríamos a bien de tomar la responsabilidad de crear, regentear y proteger publicaciones independientes. Sobretodo, si tienen una línea editorial “demasiado política”. La inclinación política de una publicación es como una muela del juicio, sólo la notas cuando te molesta.

Me voy a llorar. Feliz jueves, no se metan en el cuerpo muchas cosas raras.

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