Chicas lindas en tu área quieren hablar de ciberiluminismo

A los bifes: en relación al escrito de @altrightar en respuesta a mi ensayo sobre ciberiluminismo, siento que el intercambio se avisora fructífero, innovador, y obviamente me genera una incomodidad sana, un desafío. También me interesaría abordar de forma tangencial algunas preguntas que surgieron de otros lectores respecto a mi texto inicial. No hay demasiadas discrepancias de diagnóstico entre el NRx (Neoreaccionarismo) y el C-Eg (Ciberiluminismo), pocas pero ciertamente marcadas respecto a posibles soluciones. 

“Apenas hace una diferencia quién vaya a ser el próximo presidente. El mundo está gobernado por fuerzas de mercado.”

– Alan Greenspan, ex Presidente de la Reserva Federal de los Estados Unidos, 2007


La posición del C-Eg respecto al futuro dista de ser optimista. De hecho, es pesimista respecto a las prospecciones democráticas de un país que ya condena a la mitad de sus futuros habitantes a la miseria, y no ahondemos en las consecuentes dificultades para su integración a la sociedad. Un país donde efectivamente a la mayoría de la sociedad la democracia entendida como lo que realmente es, le importa un pepino.

Es jodido defender una democracia en esas condiciones.  Hay que tener mucho que perder para aferrarse a una farsa de este calibre. ¿Verdad? Una revolución jacobina para restaurar los valores de libertad, igualdad y fraternidad cuya erosión nos dejó acá, suena muy estúpido, es cierto. Pero hay dos cosas que deben ponderarse cuando se habla del iluminismo, y por extensión, de la reivindicación que hacemos: el primero es que el terror jacobino resultó en su propia extinción, y la posterior reacción termidoriana. Falla por la pérdida de su propio norte moral, por la degradación humana, pero las condiciones sobre las que surge la insurrección son, en algún que otro aspecto, similares. ¿Había una forma “moderada” de romper el status quo del absolutismo? Doy por sentado que al igual que ahora, el status quo era insostenible.   

“Hay una lucha de clases, bien, pero es mi clase, la clase rica, la que está haciendo la guerra. Y estamos ganando.”

– Warren Buffett, citado por Ben Stein en “In Class Warfare, Guess Which Class is Winning”, New York Times, 26 de Noviembre del 2006

Es necesaria la incorporación a posteriori de un elemento de análisis invaluable para entender la relación entre democracia y el sistema productivo. Con un poco de creatividad podríamos imaginar una serie de modificaciones a los principios políticos y éticos de la ilustración si sus representantes hubieran podido leer a Marx. Pero las subsiguientes expresiones “reformadoras” o antisistema han cometido la atrocidad de querer crear algo que se eleve por encima del derecho y del hombre. That’s why no one wants another Hitler/Stalin. 


Tampoco hay que olvidar que los reclamos de la Revolución están hoy más vigentes que nunca. Puede verse, por ejemplo, en éste escrito de Maximilien Robespierre sobre el sufragio universal de Abril de 1791: 


“Creéis de buena fe que una vida dura y laboriosa produce más vicios que la indolencia, el lujo y la ambición? ¿Y tenéis menos fe en la probidad de nuestros artesanos y labradores, que según vuestras disposiciones no serán casi nunca ciudadanos activos, que en los recaudadores de impuestos, en los cortesanos y grandes señores, que según ese criterio lo serían 600 veces? (…) Ya es hora de hablar con mayor precisión, recordando que el sistema al que nos oponemos proscribe a nueve décimas partes de la nación y que incluso aparta de la lista de los que llama ciudadanos activos a una innumerable multitud de personas a las que incluso los prejuicios de la arrogancia habían respetado.”  

Lo que se devela como inviable, a la luz de los hechos, no es la democracia en sí. Lo que parece verdaderamente incompatible es esa democracia en un sistema capitalista-corporativista. ¿De cuántos problemas nos ahorraríamos hoy si no le concedieramos un lugar privilegiado en las decisiones de Estado a aquéllos que acumulan enormes fortunas?  

Mi postura respecto a la violencia política está directamente ligada al hecho de que no existe otra forma, en mi opinión, de romper el esquema que retroalimenta la perversión de los valores democráticos y su inminente mutación a una tiranía.   Creo obvio que, por mucho que discutamos sobre qué vía garantiza más estabilidad, derecha o izquierda, pretender que la violencia puede evitarse suena un poco voluntarista. Incluso un sistema que de algún modo restrinja las pocas libertades civiles de las cuales hoy gozamos requerirá de terror más que de virtud, y de la aplicación del primero por la vía estatal y tecnológica. Sino vean a China, Singapur, etc., etc.  

Como sea, con el correr de los días se torna más difícil para mí juzgar a quienes proponen esa vía como un futuro posible. El nivel de frustración que genera vivir en un sistema corrupto que además logra validarse moralmente en función de una narrativa ya vacía y obsoleta puede vencer la mente de cualquiera, la realidad es un mejor argumento que cualquier libro.  

Pero el Ciberiluminismo se sitúa en la frontera entre la urgencia de actuar para prevenir el inminente desastre, y la posibilidad de construir virtuosamente si queda algo en pie. Somos de algún modo postapocalípticos, porque ya se siente tarde para un movimiento de reacción y respuesta, y porque, de conformarlo, tampoco tenemos mucha idea de qué hacer.  

Si hay todavía un poco de fé en la democracia y en los principios de la ilustración, es porque todavía puede tener una posibilidad en una escala más reducida físicamente; y porque quizás podamos reveer de una forma más específica qué aspectos de la gestión de un Estado deben estar sujetos a la praxis democrática y cuáles no. Ahí resulta relevante la idea del “patchwork” y también cierta lógica conservadora que apela a valores eternos, comunitarios. Un poder concentrado o totalmente distribuido (a la usanza de la democracia directa) sólo es practicable en un territorio chico. Y no hay, en mi opinión, mejor institución garante de la cohesión que una comunidad bien definida. Es complicado que una democracia funcione en un lugar donde nadie es capaz de hablarle al vecino para ver qué necesita.  

Si hay una constante reivindicación al avance tecnológico es (además de porque estaría re piola crear IA o viajar fuera del sistema solar) porque de alguna forma, debe buscarse aquello que tal vez permita a nuestra especie dar el salto a otra fase histórica y política. Las capacidades que considero más fascinantes de la especie humana son la de poder concebir la idea de Dios y racionalizar la Naturaleza, y la de, en consecuencia de ello,  modificar a placer la materia.


En éste sentido, difícilmente logremos despojarnos de la Humanidad por mucho que desarrollemos al extremo de cualquiera de esas capacidades. Si algo nos muestra ésta fase de la historia, es que no es exactamente la ciencia sino otra cosa lo que amenaza nuestras raíces más humanas.  

No es menos relevante señalar que incluso el propio Moldbug contempla (al menos de forma utópica) una tecnología de extrema complejidad para resolver los posibles conflictos que surgirían en un modelo neocameralista. Porque además, yo sería muy cauta respecto a un sistema donde la ganancia es el principio rector de un modelo de sociedad. Por mucha estabilidad que garantice también puede dejarnos de vuelta en éste mismo punto: sin moral, sin arraigo, sin libertad. De hecho, el ideal Moldbugiano contempla la posibilidad de que el experimento salga mal (y no lo juzgo, riesgos se corren siempre). 


¿No es ésta democracia pervertida una forma de neocameralismo, en donde la ganancia personal de quienes intervienen en la gestión estatal y de los grupos de interés está por encima de los derechos y libertades de los gobernados?  

Igual, más que una superdesarrollada sociedad tecnológica, resulta más factible que pasemos a una nueva meseta o incluso regresión, a la usanza de la caída del Imperio Romano. Los Católicos podrán alegrarse si logran restituír la gloria perdida, o triunfará el Islam como en Dune, o surgirá una nueva religión, quién sabe.  

Nuestra idea es construir un posible refugio de eso, si no se rompe absolutamente todo. 

Androide con escasa formación académica y agudo sentido de la intuición. Mis intereses son tan diversos como mis contradicciones; World War II Nerd. Asesora de asuntos aleatorios.

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