Promesas rotas y una tragedia

“Judging me with no crime committed

reckless trigger finger itching to

prove your worth by disproving mine 

My life in your hands 

My life on the line.’’

– Reggie Green, Dear White People, Chapter VI (Vol. 1)


Hace 200 años, los arquitectos de nuestro país firmaron la Declaración de Independencia, la afirmación de voluntad de ‘’investirse del alto carácter de una nación libre e independiente’’. La independencia aparece asociada a una idea clave de la modernidad: la emancipación, que alude al momento en el que el sujeto es capaz de asumirse como tal ante sí y ante otros. Desde tradiciones inspiradas en el iluminismo, fuertemente ancladas a la noción de modernidad, no hay emancipación sin la transmisión de saberes y valores tendientes a la construcción de una ciudadanía responsable. 


Sostenemos que hay ciertas verdades que son evidentes por sí mismas, que todos los hombres son creados iguales, dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables, que con inspiración estadounidense se han universalizado en “la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad”. Quizás al mencionar esto, pueda apelar a los sectores centristas, y aquellos que abrazan a la derecha pero que están lo suficientemente cerca para comprender este mensaje. 


Anoche, en el marco de un reclamo que lleva ya tres meses sosteniéndose por las espaldas agotadas de los docentes de Chubut, un reclamo por condiciones de trabajo dignas y corespondientes, por los derechos del trabajador (derecho a un sueldo, derecho a la cobertura social); murieron dos docentes en la ruta a Comodoro Rivadavia. En el mismo vehículo iban tres docentes más quienes fueron hospitalizadas en la ciudad de Trelew, retornando de la Capital, donde se habían hecho presentes para exigir aquello que les corresponde.


Alrededor de las 23 horas, una multitud inmensa se reunió espontáneamente en las afueras del hospital para acompañar en espíritu a las víctimas de un gobierno que se enriquece constantemente a costas del bienestar de sus ciudadanos. Marcharon por el centro de la ciudad portando velas y cantando el Himno en susurros. La imagen fue descorazonadora. 


No me parece un error querer apelar a la humanidad de quienes mencioné anteriormente. Aunque se hayan dejado consumir de a poco por sectores más radicales, sectores que son lo suficientemente astutos para engatusar a quienes sí creen en la libertad de expresión y a los derechos mínimos que corresponden a todos, pero que se equivocan al esperarla siempre detrás de una fachada ‘’civilizada’’, siempre que no se sienta contestataria. 


Expresarte está bien, a menos que seas incorrecto y poseas una opinión. La narrativa que hemos recibido desde estos lugares es ‘’votó a X, ¿Qué esperaban?’’, ‘’deberían estar en las escuelas, los docentes son todos vagos’’, ‘’los niños tienen derecho a la educación y ellos se lo están negando’’, y tantas otras muletillas gorilezcas que podemos traducir, si las reducimos a su mismísimo núcleo: ‘’votaron a X, por lo tanto merecían morir’’, una afirmación monstruosa y sobre todo especulativa. 


Anoche, en la espontaneidad de quienes buscamos justicia, no hubo peronistas, kirchneristas, macristas o zurdos, hubo gente que entendió que nos estamos muriendo por pedir lo que nos corresponde por ser ciudadanos, por ser personas: vida, libertad y la búsqueda de felicidad. Anoche no hubo justicia, solo se hizo presente el silencio aturdidor de las promesas rotas de aquellos ideales que nuestros fundadores mencionaron. 

Para algunos de nosotros, quizás, no hay nada de evidente en esto.

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