Notas sobre Ciberiluminismo

La fase del capitalismo que atravesamos no solo se presenta plagada de contradicciones sino de irracionalidades. Hoy, sus mismos defensores, los ideólogos mas radicales del capitalismo, son de los primeros en levantarse en protesta contra el mismo sistema, “el mejor de los sistemas posibles”. Las acusaciones hacia un totalmente ficcionado Soros financiando movimientos izquierdistas alrededor del globo es clara señal de esto. Algunos tienen un poco menos de recaudo y plasman más claramente su antisemitismo en estas operaciones. La salida de la derecha históricamente parece ser la búsqueda del enemigo interno, corruptor del sistema. 

Si analizamos a sus figuras (nacionales o internacionales), encontramos muy presente el chivo expiatorio en donde depositar las culpas de la actual corrupción del sacrosanto status quo. Y es que la operación persecutoria siempre es preferible a la crítica incómoda al orden que permite a determinado tipo de personas una acumulación demencial y profundamente nociva para el resto de la sociedad. La denuncia de la corrupción de las instituciones democráticas siempre parece un lapsus sintomático de las personas que, siguiendo su mas sádica codicia prefieren ver al mundo arder antes que ceder un mínimo centímetro de sus privilegios.

La propiedad es sagrada, con toda esa específica carga de sentido. La comunidad LGBT es un constante foco de ataques, acusados de adoctrinamiento y se homologa muchas veces su accionar (si es que este existe) al de las grandes corporaciones, en donde se construye un simpático mito de difusión lenta del discurso de la diversidad a través de las mas grandes plataformas de capital. La discursividad reaccionaria busca también ocupar el papel del oprimido, al verse victimas de este fenómeno y de la “censura” hacia sus ideas y actitudes conservadoras. 

El capitalismo requiere de la constante expansión territorial, económica, social: más mercados, más consumidores. Para esto la persecución de determinadas personas siempre tendió a reducirse hasta el margen de lo tolerable para que sean incluidos en el circuito. No es entonces que el “lobby” LGBT permea en los grandes capitales para imponer su agenda, es la agenda misma del capitalismo desplegándose.

El capitalismo dio sus primeros pasos junto con el movimiento Ilustrado, los promotores de la idea de que el Progreso era lo que liberaría a la humanidad, esto es parte misma de la idiosincrasia capitalista y es lógico argüir que el sistema tendera a ser cada vez mas inclusivo y dar mas “permisos” (mas no, derechos) a las personas. Nuestros reaccionarios modernos no pueden conciliar estas ideas y claman el retorno a las “buenas costumbres”. 


La lucha contra la irracionalidad se ha dado previamente en la historia occidental y su desarrollo ha dejado a su paso las herramientas potenciales para su utilización hoy en día de nuestros propios nuevos avatares perversos de irracionalidad capitalista conservadora. Irracionalidad tal que ha corrido de eje totalmente los mapas políticos: nuevas olas de ideólogos derechistas reivindican la vuelta a modelos cameralistas monárquicos (Curtis Yarvin con la Ilustración Oscura o Patri Friedman, nieto de Milton Friedman, con su instituto para crear micro-naciones en el océano) mientras que la izquierda más radicalizada no ocupa otro lugar más que el de apologetas del propio capitalismo que buscan derrocar a través de fórmulas de dudosa efectividad. 


Ya no podemos esperar demasiado de una izquierda vernácula y primitivista, que no ha sido capaz de ponerse a la altura de los debates y conflictos de la ultima época, todavía presa del localismo y las parciales victorias territoriales en sindicatos y asociaciones civiles. Ante este panorama, crece el discurso reaccionario, sin un movimiento que pueda accionar como contrapeso.

En nuestro país, luego del impulso de la ola verde pro aborto, le siguió una organización de grupos de presión conservadores, estructurados muchas veces alrededor de instituciones eclesiásticas que lograron impulsar un candidato presidencial, mientras se comienza a estructurar un liberalismo cada vez mas decimonónico (es decir, cada vez menos democráticos, recordemos que los partidos liberales, hasta el momento del sufragio universal, eran terminantemente anti-democráticos) con modelos políticos y económicos hoy en día solo aplicables a un gobierno de facto. Mientras tanto, el feminismo se diluye en cientos de movimientos enemistados entre si y la izquierda sigue promoviendo consignas que no traen resultados ni electorales ni propulsores de medidas políticas de acción directa, esto debido a una escasa capacidad de interpelación y a un fuerte dogmatismo que no permite abrir el campo de discusión.


Y es que quizá ya no se trate de la eliminación del capitalismo como tal. Esto requeriría una operación de proporciones tan masivas, que cualquier persona con los pies sobre la tierra hoy en día no es capaz de imaginar el nivel de catástrofe tecnosocial para que la infraestructura del capitalismo globalizado caiga por su propio peso. Incluso el mismo Marx tuvo una actitud profundamente progresista hacia el capitalismo, considerándolo, a pesar de sus elementos enajenantes y contradictorios, el estado más avanzado de organización social existente. Afirmaba en la Ideología Alemana que un proyecto socialista no se podía realizar en las condiciones precarias en las que se desato en Rusia o China, en donde no se podía distribuir equitativamente una riqueza que ya era casi inexistente. Afirmaba que estas condiciones provocarían que “el viejo negocio inmundo” reapareciera, y lo hizo junto con increíbles dosis de represión.  Dice Eagleton:

“Al final, los bolcheviques tenían que conducir hacia la modernidad a gente hambrienta, desanimada y cansada de la guerra a punta de pistola”.


En la retórica anticapitalista y todas sus colindantes aún se piensa posible una vuelta a un estadio primigenio de organización social pura. Este deseo es la gran deuda de estos proyectos desde al menos la década de los 60: ¿Cómo pensar una alternativa sin caer en el autoritarismo?


Nuestra vía es la de pensar que la superación será dentro de los mismos términos que el capitalismo plantea. Porque no queremos volver a descubrir la pólvora, queremos encontrar las nuevas formas de energía que nos impulsen hacia el futuro que nos ha sido arrebatado. Buscamos que lo primero en la agenda de la civilización humana sea la humanidad misma y la Razón que hizo posible la salida del oscurantismo medieval. Eliminar del capitalismo la tendencia anti-social mientras esta sea rentable, para poner por delante el bienestar y desarrollo de nuestra especie a partir de los logros de la misma. La Razón que llevada a su extremo produjo los horrores del siglo XX de los cuales debemos aprender y para eso debemos también recuperar la Historia, que ha devenido un pasado lejano en forma de pastiche o moda consumista.

 
El debate entre modernos y posmodernos ha envejecido pésimamente, pero proponemos una síntesis: entre la virtualidad de los simulacros y la actitud activa y comprometida con la realidad que nos toca, no rendirse ante la pasividad de un futuro catastrófico y un pasado fetichizado, aceptando las posibilidades del desarrollo tecnológico como un posible salto a una humanidad en red.

Ebrio ilustrado sureño. Aceleración, dialectica y musica fuerte.

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