Cómo el socialismo argentino puede negociar una hipotética reforma laboral

Desde que el macriísmo se encuentra en el oficialismo se viene planteando todos los años la llamada “reforma laboral”, un paquete de medidas que apunta, al menos en teoría, a desregular el mercado laboral, aflojar la presión sobre los empleadores, reducir los costos de contratar a alguien y promover el empleo en blanco.

La reforma encompasa diferentes medidas como la baja de las indemnizaciones en los despidos sin causa, la suba de la edad jubilatoria, blanqueo de empleados informales sin reconocer la totalidad de su antigüedad en el puesto y la reducción tanto de aportes tanto por parte del patrón como de sus empleados.

Existe una razón lógica para todas estas medidas, principalmente la de formalizar el empleo de un sector enorme de la población que aún se encuentra trabajando en negro y sin representación sindical. 

Por ponerlo en contexto, el empleo informal llega al 32% de los asalariados de la Argentina. De los formalmente registrados, un 39% de los trabajadores se encuentra representado por algún sindicato pero cuando analizamos ese número sobre el total de trabajadores (tanto en blanco como en negro) esa tasa baja al 25% de los empleados en relación de dependencia.

Es necesario salir urgentemente del status quo que excluye del sistema a millones de trabajadores, para poder garantizarles no solo empleo formal y todos los beneficios que trae consigo, sino también incorporarlos a los sindicatos que les corresponden y poder incrementar los ingresos del Estado gracias a los aportes patronales que se pierden a causa del trabajo informal.

Nos encontramos en la actualidad en un sistema que perjudica a empleadores y al Estado, pero que en mayor medida perjudica a los trabajadores, obligándolos a trabajar sin aportes y a resignar su derecho a representación sindical. 

Ante esta actualidad adversa a los trabajadores, resulta extraña la postura del socialismo argentino de plantarse y no resignar nada a coste del lugar cómodo en el que se encuentra.

Lejos de sostener que deberíamos aceptar las reformas laborales como se nos presentan y resignarnos a la desregulación del mercado, desde este espacio buscamos explicar los motivos por los cuales el socialismo es el agente indicado para negociar una reforma laboral en conjunto con los partidos de derecha, resignando los derechos que perderían los trabajadores a cambio de otros derechos más importantes que no afectan directamente el costo laboral para los empleadores.

Para empezar, a cambio de una baja considerable en las indemnizaciones laborales se puede negociar que el Estado cree un considerable seguro al desempleo como el que tiene Noruega, donde el empleador que pierde su trabajo recibe una pensión por un valor del 65% de su sueldo por los próximos 12 meses, sin importar la antigüedad del trabajador ni su puesto. Además se pueden negociar también aumentos en la Asignación Universal por Hijo y en las pensiones por discapacidad.

A cambio de subir la edad jubilatoria en diferentes sectores, se pueden negociar varias cosas, entre ellas nosotros planteamos una suba de la Pensión Universal para el Adulto Mayor que pase de corresponder el 80% al 100% de la jubilación mínima. Otros cambios importantes serían también la creación de una licencia por paternidad y la extensión de la licencia por maternidad, ambas pasando a ser de 4 meses.

Por otro lado, el Estado podría negociar la eliminación de los aportes salariales dedicados a otorgar cobertura médica al empleado, creando en su lugar un sistema de Single Payer financiado por el Estado en base a impuestos y a contribuciones universales, como los que se dan en Canadá, Noruega y el Reino Unido, y como el que propone el compañero Bernie Sanders actualmente en EEUU. 

Esto culminaría en un sistema mucho más eficiente y con mayor cobertura, que además de eliminar costos laborales le quitaría poder al empleador al dejar éste de controlar la cobertura médica de todos sus empleados.

Por último, resulta importante copiar al sistema noruego en una última cosa, que es la creación de una ley que otorgue a todos los empleados de empresas grandes (con más de 150 empleados) el derecho a la representación en al menos un tercio de las bancas directivas de la empresa. A cambio de esta medida se podría negociar un acuerdo temporal para mantener las paritarias por un 50% debajo de la inflación (a inflación de 30%, paritarias de 15% y así) por 2 años, para poder terminar con la crisis inflacionaria actual.

La creación de dicha ley sería el mayor logro del socialismo argentino en mucho, mucho tiempo y volvería a poner a la Argentina en un camino a democratizar cada vez más los medios de producción.
Este debería ser el mayor foco de la retórica socialista argentina, en lugar de repetir incesantemente discursos de orígen antisemita, de hace exactamente un siglo, sobre nacionalizar los bancos y negarnos a pagar la deuda externa.

El punto que queremos hacer no es que deberían seguir las medidas previamente detalladas al pie de la letra, sino que el Partido Socialista tiene que repensar la manera en la que enfrenta los conflictos y las propuestas de otros partidos. 

La falta de creatividad y la negación al cambio llevaron al socialismo a la intrascendencia política. No hay tampoco que reinventar la rueda, muchos países ya han pasado por los problemas por los que pasamos nosotros actualmente, es cuestión de leerlos y analizar las soluciones que encontraron. 

Muchos otros socialistas alrededor del mundo ya marcaron el camino, caminaron para que nosotros podamos correr y aún así, los socialistas argentinos se quedan parados mirando al piso. Resulta, francamente, frustrante.

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