Jesús me conoce

Qué cosa pésima, pésima que las religiones se involucren donde no les corresponde. Proveen los argumentos más absurdos y difíciles de refutar posibles, para convertir los disgustos íntimos en políticas de Estado. Son el nexo necesario para volcar el asco en las vidas de los demás, sin tener que razonar al respecto. Enrarecen toda conversación, ya no se trata de derechos o de conveniencias, sino de fantasmas y adivinanzas místicas. 


El blacklash reaccionario de “Con mis hijos de no te metas”, sobre el que hablé y escribí tanto aquí como para un medio extranjero, está siendo fogoneado por tres fuerzas: La Iglesia Católica, un rizoma de iglesias evangélicas, y el nazismo criollo. 
En esta pieza, trataré específicamente a estos segundos actores, las iglesias evangélicas. Si bien tengo experiencias personales con una en particular, de la que mi madre formaba parte, esto no servirá más que para colorear con algunos ejemplos. Le doy especial entidad e esto, sabiendo que suele acusarse a los críticos de estas agrupaciones de no tener experiencia directa con ellas, como si esto invalidase la crítica.


Me interesa abordar esto problematizando las bases del discurso evangelista, para luego indagar en cómo estas se traducen en una praxis nociva, en la vulneración de las minorías sexuales y la debilitación de las instituciones de las que depende el estado de derecho. 

El Señor es mi pastor, SRL

No hay barrera de entrada alguna para ser pastor evangelista. No es mi intención defender a los sacerdotes católicos o a líderes de otras religiones (no pertenezco a ninguna, y me opongo a la intervención de cualquiera en asuntos de Estado o derechos humanos); pero al menos, para llamarse uno un sacerdote católico, debe recibir instrucción formal, depende de un organismo centralizado, hay alguien a quien responsabilizar en caso de abusos, y el mismo credo plantea como pilares de la vida de sus representantes la pobreza, la castidad y la obediencia. 


Cualquiera lo suficientemente carismático, independientemente de sus antecedentes penales o de su formación, puede convertirse en un pastor evangélico. De allí en adelante, comenzará a vender La Salvación en sus distintos sabores, significada en amuletos (el aceite sagrado, la paja en el ojo ajeno, la viga en el propio, lo que fuese), y cobrar un pequeño “diezmo” para cruzar El Arco de la Bondad Eterna o algo por el estilo.

Retorno de la Inversión en el Reino de los Cielos

El Dios evangelista es un Dios capitalista, es un Dios que, prometen, lo ayudará a uno a “conquistar  empresas, vehículos, casas…” a cambio de un breve sacrificio en la Hoguera Santa. Si el Dios cristiano es siempre el Dios de la desesperación, el evangelista lo es desembozadamente, y no propone apoyo moral silencioso, como el Dios católico, si no un intercambio. 


El tiempo y dinero que uno dedica a su congregación son planteados como una inversión. Dándole uno tiempo y rezos, y acercándole un dinero a sus representantes, Dios le dará a uno empresas, casas y vehículos… Es un Dios que promete soluciones y considera el éxito económico no sólo un logro profesional, sino también un logro moral. Ser rico, en el imaginario evangélico, es tener una buena relación con Dios. Esto hace del estilo de vida del pastor, consecuente con la manipulación emocional de los fieles, no algo problemático, sino una evidencia de su superioridad espiritual. El pastor rico es una figura aspiracional.


Si uno está satisfecho con su vida económica, pero enfermo, Dios curará sus enfermedades. Esta promesa de curar a los enfermos es tácita en el accionar católico actual. En el evangelismo, la promesa es presentada como la garantía de calidad de un negocio, con testimonios (casos de éxito). Propongo que se apode esta teología como “Espiritualidad de Mercado”. 

El Diablo 

Hace un tiempo, manipulando un control remoto, en casa de mi padre, encontré el programa vespertino de la Iglesia de la Ciudad, agrupación evangelista con sede en la región con el mayor índice de pobreza e indigencia del país. Este grupo, (como muchos de su estilo), fue fundado por un matrimonio, compuesto por un abogado y una sexóloga. 


La Iglesia de la Ciudad, como la mayoría de los cultos evangélicos, alude constantemente al anticristo y al diablo, refiriendo al diablo como una presencia cotidiana, y a individuos que rodean al oyente como “las armas del diablo”. Basta con revisar su canal de YouTube. 


La referencia constante a “fuerzas oscuras” como influencias reales en el día a día de la gente, con representantes individualizables, es peligrosa. Provee las bases retóricas necesarias para la vilificación caricaturesca de la oposición. Por otra parte, propagar este tipo de retórica, con sus componentes místicos y su maniqueísmo, desde una posición de autoridad, en lugar donde los recursos son escasos y, por lo tanto, la contención social es feble, puede alimentar la paranoia de individuos psicológicamente inestables.


El matrimonio fundador de este proveedor de material fuente para paranoias místicas, opera también una “fundación” llamada Placeres Perfectos. Es, básicamente, su subdivisión de propaganda homófoba y transfóbica. 

La Cuestión Homosexual

Más allá de tres o cuatro características centrales del modelo de negocios, es difícil tratar al evangelismo como un monolito. Justamente, debido a esta barrera de entrada nula, está atomizado en expresiones que surgen cancerígenamente, como objetos en una obra de Ionesco. Pero podría decirse que hay dos narrativas con respecto a lo queer, en el mundo evangelista. Una hostil, vilificante, á la Bolsonaro, y otra pasivo-agresiva, manipulativa e infantilizante que plantea a los homosexuales y transexuales como víctimas de sus propios deseos o de su propia identidad. 
Entre los textos sobre orientación e identidad sexual del sitio web de Placeres Perfectos, puede encontrarse uno donde se pregunta: 

“¿Eres de los que dicen la verdad con amor o eres de los que abofetean a la gente con la verdad? ¿Acaso es lo mismo decir con enojo:’todos los homosexuales se van al infierno’, a decir: ‘aunque la homosexualidad no agrada a Dios, él nos ofrece una salida por medio de su hijo Jesucristo’? El primer discurso condena y genera culpa; el segundo, ofrece una opción y trae esperanza. La diferencia es tan enorme, como lo es el cielo del infierno.”


Lo que este matiz del evangelismo propone no es hostilidad, no es darle a una persona queer una señal clara de que no es respetada en ese contexto. Incluso eso demandaría dignidad. Decir que Dios Odia a los Maricas antes de que se convierta en el discurso del Estado demanda dignidad, demanda pelotas. Por supuesto, es repulsivo, pero demanda bravura.


En otros escritos, esta gente propone, al contrario, hacerle creer a las personas trans que son aceptadas, con esperanzas de que, una vez hundidas en la cofradía, se den cuenta por sí mismas de que padecen “una enfermedad en lo sexual”, y comiencen a reprimirse. Consideran virtuosa la autocensura, y celebran la posibilidad de que una persona trans les permita que la llamen por su “nombre de nacimiento”. 


Esto es más perverso y potencialmente pernicioso que el odio. Primero, debe hacérsele creer a la persona trans que se la ama y se la acepta, y luego, debe esperarse que cambie, cuando no hacerlo tendría un costo social enorme. Hay que ponerlas en una posición en la que no cambiar vaya dolerles, al significar perder una red de contención. No puedo sino recordar una interacción extrañísima que tuve hace un tiempo, con quien solía ser mi endocrinóloga:

El Reino de los Cielos: Corrupción, milicias y limpieza étnica

La relación entre el evangelismo, Bolsonaro en particular y la política brasileña en general, fue brillantemente resumida por Guillermo Barón y Ana Carolina Luz, en un reciente artículo en el que explican:

“En elecciones anteriores las iglesias divergían en relación a los candidatos. Actualmente todas se han unido en el antipetismo, adhiriendo consecuentemente a Bolsonaro que ‘por suerte’ es también evangélico, bautizado en el Río Jordán. Si con eso no bastara, el segundo nombre de Bolsonaro es ‘Messias’, lo que hace que muchos fieles crean que se trata de un‘hombre predestinado’.
La vinculación del candidato con las iglesias evangélicas es claramente instrumental. Otro de los principales líderes religiosos en Brasil es el tele-evangelista Edir Macedo, fundador de la Iglesia Universal del Reino de Dios y propietario del Grupo Record, un conglomerado de medios de comunicación del cual es parte el tercer más grande e influyente canal de televisión del país, Record TV. Controlar un medio de comunicación es tener el poder y Macedo lo sabe. Tanto sabe de poder que en 2008 publicó su ‘proyecto divino de nación’ en el libro intitulado Plano de poder. Es autor también de Orixás, caboclos y guías: ¿dioses o demonios? en el cual acusa las religiones de matriz africana y afro-brasileña de maniobras satánicas responsables por los males de la humanidad. El discurso de Edir Macedo es violentamente racista y coincide con el de Jair Bolsonaro. Concuerdan también en la homofobia, la misoginia, el machismo y todo lo que es anti-derechos humanos. Es más: coinciden en una clase de anti-dignidad humana.
Es importante señalar que el Congreso Nacional de Brasil cuenta con un Frente Parlamentar Evangélico que en el campo moral tiene fuerza e influencia de forma general, es decir, independiente de la religión.”


El gobierno anti-corrupción de Bolsonaro ha sido un tristísimo espectáculo de corrupción (Véanse 1, 2 y 3), homofobia desembozada (Véanse 1, 2 y 3), el genocidio (Véase) y el sexismo (Véase), con un triste telón de fondo. Esto es el evangelismo en el poder.


Por otra parte, no hay contradicción entre la idea de que el diablo es una fuerza activa que influencia y emplea a individuos, y la fundación de una milicia. La Iglesia Universal, el mayor donante de campaña de Jair Bolsonaro, tiene una división llamada “Gladiadores del Altar”. Es una pandilla paraestatal, “una nueva generación de pastores guerreros, determinados a hacer la obra de Dios y deshacer las obras del mal.” y “harán que el Infierno tiemble…”


Si usted, lector/x no encuentra problemático que una iglesia evangélica tenga un grupo de choque, no sé qué decirle.


Básicamente, el evangelismo es todo lo que siempre estuvo mal con la Iglesia Católica, fortalecido por una pobreza intelectual y discursiva desorbitante, la indulgencia de la avaricia y una narrativa maniquea que es tierra fértil para la conspiranoia y el montaje de una retórica vacía cuyo único objetivo es el poder por el poder mismo. Eso es el evangelismo: El poder por el poder mismo. Su ideal de éxito es el despilfarro y su demográfica target es quien lo anhela. Las pasiones que lo sustentan son la avaricia y el miedo. 

Ciberiluminista, Nabokoviano recuperado.

Post a Comment