Orgullo o Barbarie

Leí de alguien que para los putos, cada año es mejor. 
¿Puede uno estar totalmente seguro de que la tendencia no va a revertirse?

Yo no lo estoy. Cada vez que algún imbécil intenta minimizar el sufrimiento que nos causan los odiadores de siempre, remiten a “cuán mal la pasan los homosexuales en Rusia o en medio oriente”. Luego proceden a justificar el avance de figuras políticas que anhelan un Estado confesional. Luego adscriben a teorías conspirativas centradas en que nuestra existencia forma parte de un plan de “degeneración moral y cultural” que amenaza las bases mismas del sistema. Nuestra eliminación, tácita o explícita, vendría a resolverlo todo.

“Este, como los demás métodos propagandísticos totalitarios, sólo resulta seguro después que los movimientos se han apoderado del poder. Entonces, toda discusión acerca de lo acertado o erróneo de la predicción de un dictador totalitario resulta tan fantástica como discutir con un asesino potencial sobre si su futura víctima está muerta o viva, puesto que matando a la persona en cuestión el asesino puede proporcionar inmediatamente la prueba de la veracidad de su declaración. El único argumento válido en semejantes condiciones consiste en correr inmediatamente en ayuda de la persona cuya muerte ha sido predicha. Antes de que los líderes de masas se apoderen del poder para hacer encajar la realidad en sus mentiras, su propaganda se halla caracterizada por su extremado desprecio por los hechos como tales, porque en su opinión los hechos dependen enteramente del poder del hombre que pueda fabricarlos.”

Hannah Arendt, Los orígenes del totalitarismo, pag. 286

Se abrió un nuevo plano: el odio atomizado y ejercido silenciosamente hoy es parte motora de un discurso político.

Hace unos pocos días, el presidente de Brasil acusó a un grupo de personas homosexuales de conspirar contra su gobierno. La misma persona que le daría una golpiza a su hijo si se enterase de que es gay. ¿Por qué no haría lo mismo con sus gobernados?

Pero todavía más curioso es que crea que esos homosexuales no tienen motivos para querer dañar su imagen. El odio no es gratis. No lo fue para Marielle Franco, no lo fue para Jean Willys. No lo es para las miles de personas que sufren del odio aceptado e incentivado por el Estado.
Por quienes no pueden defenderse, quienes podemos luchamos contra los que odian. 

¿Por qué pensar que acá no puede ocurrir? ¿Por qué esperar a que caiga la espada sobre [email protected]?

A quienes nos odian les molesta lo que somos, pero mucho más les molesta cómo somos.

Molesta la irreverencia, molesta el instinto de preservación, que demos pelea.
Molesta el Orgullo.

Deja un comentario