Quizás esto se deba a que soy joven, pero me es costoso recordar exhibición de estupidez tan vergonzante como la votación de la madrugada del jueves, en la Cámara de Senadores de la República Argentina. Los motivos por los que quienes se negaron a apoyar la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo, lo hicieron, son vergonzantes. El nivel discursivo general fue vergonzante.

De mi primer escrito sobre la Interrupción Voluntaria del Embarazo, se desprende esta observación:

“ Recientemente, se ha dotado a [la cuestión del aborto] de la relevancia política que amerita. Oh, bueno, podría decirse que el presidente dio el visto bueno a un debate legislativo al respecto, porque mientras se hable del aborto no se hablará sobre el desempleo, la inflación, o el hecho de que los mismos pobres que nos indignan llevando camisetas Lacoste por las que no pueden pagar, estén pagando por una crisis económica. Como fuese, digamos que el asunto de la legalización del aborto es un blindaje: Estaremos tratando el estado de nuestro sistema de adopciones, el estado de nuestro sistema de salud, la autonomía corporal, y el cumplimiento de la Ley Nacional de Educación Sexual. No es un tópico irrelevante, y en su discusión estaremos tratando problemáticas importantes. Sea cual sea el motivo por el que el gobierno esté empujando esta conversación, será una edificante.”

Este debate no sólo trajo a la mesa los temas que mencioné en el anterior párrafo, sino que, por primera vez, sentó a gente de mi generación frente a televisores, para ver un debate parlamentario. Algunos, quizás muchos de nosotros, en estos últimos meses, nos dimos cuenta, tuvimos la chance de darnos cuenta, de que votamos a gente que no sabe muy bien qué está haciendo.

La disyuntiva en la que nos encontramos no es aborto sí-aborto no, como algunos diputados, al parecer, creen. No estamos cuestionando si una mujer debería practicarse un aborto, sino si debería morir por ello.

Quienes aspiran a “salvar las dos vidas”, o al menos, eso profesan, no han comprendido que, en cada aborto clandestino en el que muere una mujer, se pierden dos vidas. La clandestinidad falla al feto y falla a la madre, no evita el aborto.

Bien podría aceptarse esta derrota, porque “el que mata tiene que morir”, o alguna otra formulación moderna de la Ley del Talión, pero eso sería incongruente con el objetivo de “salvar las dos vidas”. La noción del embarazo como primer punición a la “negra puta de mierda, promiscua e ignorante”, y de la muerte por aborto como punición segunda es barbárica, es grotesca, es anticristiana y merece ser punida, no por el Estado, sino por la sociedad toda.

Legalizar algo no es decir que es bueno. Algunas gentes parecen funcionar bajo la creencia de que legalizar el aborto es decir que el aborto es bueno. Esta no es una lección de ética, esto es pragmático, este es un asunto de políticas públicas, de reducción de daños, de evitar muertes evitables. Continúo escribiendo los mismos siete términos que he estado explicando durante meses, y realizo que no sirve, que no funciona, que no importa cuánta gente comprenda lo que quiero decir, y lo comparta, y lo diga mejor que yo, demasiados, entre quienes tienen que tomar decisiones al respecto son muy toscos, muy brutos como para intentar entender cuál es el punto de la legalización.

En pos de la disminución del número de abortos que toma lugar hoy en día (se estima, el número ronda los cientos de miles), bien podrían implementarse campañas de educación sexual, como las que la Iglesia trunca en Salta. La propuesta de establecer un programa de ayudas económicas a madres adolescentes en situación de vulnerabilidad suena gracioso, viniendo de parte de quienes a menudo acusan a mujeres pobres de “embarazarse por un plan”. Intentar doblegar la voluntad de alguien mediante el dinero, sobornandolo para que de a luz es poco ético, es ridículo, y como política estatal, sería vergonzante.

Algunos de los Senadores que se probaron indignos del lugar que ocupan (intentando darle lecciones a un científico sobre su propia especialidad, presentando argumentos irrelevantes, haciendo apología de la violación incestuosa, etcétera) no han hecho, desde que la Ley de IVE comenzó a tratarse, más que manifestar verbalmente la negligencia, la ignorancia, y la imbecilidad autoindulgente que hacen de sus provincias catástrofes con índices de pobreza aproximadamente diez puntos sobre el promedio país.

No tengo demasiado que decir. No tengo mis pensamientos ordenados en este momento, y no creo que vaya a tenerlos. Las posiciones que deberían ser ocupadas por los más inteligentes, rigurosos y honorables entre nosotros, están siendo ocupadas por eunucos que no comprenden sobre qué están hablando — Y no estoy planteando esto porque el proyecto haya sufrido este pequeño retroceso, este retraso (no gustaría de llamar a esto un fracaso, no lo es, a Uruguay le tomó diez años legalizar el aborto), sino porque fue retrasado por siete personajes simiescos que no propusieron ninguna alternativa de valor, ni articularon nada inteligentemente.

Hoy, mañana, y el día siguiente, las mujeres seguirán abortando en la clandestinidad. Las mujeres continuarán abortando, sea por no saber cómo prevenir un embarazo; por temor a enojar a su pareja, a quien “no le gustan los condones”; por tener impedido el acceso a métodos anticonceptivos que les sean convenientes, que se adapten a sus necesidades, a su temperamento y a su estilo de vida (no es lo mismo tener un DIU que la obligación de tomar anticonceptivos); o por cualquier otra potencial causa. Las mujeres seguirán abortando. Aquellas que tengan recursos económicos, lo harán, quizás, en clínicas privadas, quizás, en su casa, con píldoras y sin seguimiento ginecológico. Aquella que carezcan de los recursos necesarios, consumirán tés tóxicos o tendrán un alambre inserto en su vagina, acuclilladas sobre un balde, en un galpón polvoriento. ¿Quién sabe? Seguirá sucediendo. ¿Cuántas veces al año? Sólo tendremos un estimativo, una orden de magnitud. No sabremos si sucederá medio millón o doscientos mil veces, y quienes lanzaron las sombras se quejarán de que está oscuro.

Advertisements

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out /  Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out /  Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out /  Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out /  Change )

Connecting to %s