Uno de mis trabajos de análisis literarios favoritos es la primera página y media de “Good-bye to Objects, or the Nabokovian in Nabokov” (“Adiós a los objetos, o lo Nabokoveano en Nabokov”), de Mikhail Epstein.

Epstein comienza proponiendo que la literatura sea estudiada, no bajo las categorías convencionales relativas más a la estructura que al contenido, sino en busca de características de una cosmovisión, y de un carácter estético y sentimental que más fuerte y puramente ha sido desarrollado por cierto autor. El nombre de este autor debería ser el rótulo asignado a este conjunto de características.

La mayoría de las categorías de la crítica literaria son expresadas en nociones comunes tales como “poesía”, “novela”, argumento”, o “metáfora”. Creo que categorías más importantes son designadas por nombres propios: lo Pushkineano, lo Gogoleano, lo Dostoevskeano, o lo Tostoiano. Si bien estas categorías se refieren a cualidades individuales, tienen significancia general, y no pueden ser reducidas a sus homónimos. Lo Pushkineano (pushkinskoe) no es idéntico a Pushkin, su significado es más amplio y más estrecho al mismo tiempo. El fenómeno de Pushkin es más amplio que lo Pushkineano porque uno puede encontrar en Pushkin algo Derzhaveano o Zhukovskeano. Pero lo Pushkineano es también más amplio que Pushkin y puede ser encontrado en Mandelstam o Nabokov.

Estas categorías teóricas derivadas de nombres propios tienen alguna ventaja sobre los conceptos abstractos que son aplicados a autores concretos. La discrepancia entre conceptos generales y trabajos individuales es un mal necesario de la crítica literaria; esta brecha entre la teoría y su sujeto, de todas maneras, puede ser punteada usándose conceptos imanentes a los nombres de los autores. Estas medias categorías, semi-términos y semi-nombres, no imponen un concepto general sobre la creación de un autor, sino que derivan este concepto de lo único de su personalidad.

Básicamente, Nabokov no es puramente Nabokoveano, pero nadie es tan Nabokoveano como Nabokov.

Unos párrafos luego, dedicado ahora a definir lo Nabokoveano, Epstein presenta una sentencia de ejemplo que, si bien no es una muestra particular de estilo, exhibe una de las más interesantes características Nabokoveanas. La oración en cuestión es el comienzo de “Primavera en Fialta” (“Vesna v Fial’te”).

De hecho, es raro encontrar a alguien que posea tantas perlas Nabokoveanas como el mismo Nabokov, incluso en las frases más triviales donde ninguna imagería específica es establecida. Por ejemplo, atestigüa el comienzo de “Primavera en Fialta”, tanto la historia como la colección: “La primavera en Fialta es nubosa y aburrida.”  (“Vesna v Fial’te oblachna I skuchna”) ¿Qué parece Nabokoveano aquí, más allá del hecho de que esta oración fue emitida por la pluma de Nabokov?

Primero, Nabokov presenta “La primavera en Fialta”. Epstein propone que Fialta es un nombre exótico que la realza la imagen vistosa que “primavera” azuza en la mente del lector, que no relaciona a la primavera con la nubosidad y el aburrimineto, sino con sus contrarios. Nabokov fija expectativas y luego las decepciona. Bien podríamos decir que Nabokov presenta una imagen y luego la estruja. Aquí estoy pensando en términos metafóricos, como si la imagen estuviese impresa. Nabokov presenta la imagen y luego la estruja, este estrujamiento de expectativas tiene un correlato melódico.

“Vesna v Fial’te” es amplio y relajado,“oblachna I skuchna” es estrecho, su pronunciación requiere que la boca se achique y que las filas de dientes se encuentren. Lo que Nabokov hace conceptualmente, también lo hace sonoramente. La imagería Nabokoveana tiene un correlato musical, la musicalidad de sus oraciones tiene un contenido conceptual.

En su trabajo norteamericano, Nabokov se aprovecha de las muy cacofónicas, onomatopeyísticas cualidades de algunas palabras inglesas.

Un adorable ejemplo puede extraerse de Lolita, de la pesadamente descriptiva última aparición de Jean Farlow, vecina y amiga de Charlotte Haze que estaba enamorada de Humbert Humbert a cierta distancia:

Her lips were like large crimson polyps, and when she emitted her special barking laugh, she showed large dull teeth and pale gums.

(Sus labios eran grandes pólipos bermellón, y cuando emitía su especial risa de ladrido, mostraba sus grandes dientes sosos y pálidas encías.)

El gran tamaño de los labios es expresado en palabras cortas con Os graves, y el “barking” tiene una similitud sonora con el ladrido.

Tras los labios y la risa, y los dientes y las encías, así es como continúa:

Era bastante alta, y usaba pantalones con sandalias o polleras acampanadas con zapatos de bailarina, bebía cualquier licor fuerte en cualquier cantidad, había tenido dos abortos espontáneos, escribía relatos sobre animales, pintaba, como el lector sabe, paisajes, ya estaba gestando el cáncer que la mataría a los treinta y tres años, y me resultaba desesperanzadamente poco atractiva.
Juzguese, entonces, mi alarma cuando, segundos antes de que me fuese (ella y yo estabamos parados en el pasillo), Jean, con sus siempre temblorosos dedos, me tomó por las sienes y, con lágrimas en sus brillantes ojos azules, intentó, sin éxito, adherirse a mis labios.
“Cuídate”, dijo, “besa a tu hija por mí.”
Un trueno reverberó por toda la casa, y ella añadió:
“Quizás, en algún lugar, algún día, en una época menos miserable, nos veamos otra vez.” (Jean, como fuese, donde sea que estés, menos tiempo-espacio o más alma-tiempo, discúlpame por todo esto, paréntesis incluídos).

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