Algunas aclaraciones preliminares

 Esta no es una historia del Movimiento de los Hombres, y no creo que sirva como texto introductorio. A los lectores que nunca hayan escuchado hablar sobre estas causas insipientes, recomiendo revisar cuatro enlaces: a,b,c y d.  Por otra parte, si bien se aludirá a los movimientos masculinistas anglosajones, este análisis pretende servir, particularmente,  a los masculinismos sudamericanos.

Al parecer, sólo puede tratarse al masculinismo burlona o indulgentemente. O se presenta al masculinismo como un movimiento ejemplar, que no tiene nada que corregir y cuyos críticos están ebrios de mentiras misándricas ; o se va a preguntarle a masculinistas qué opinan sobre una polémica, para ridiculizarlos y presentar sus experiencias de abuso como “anecdotas no verificadas”, cuando, de ser ellos del sexo opuesto, sus testimonios tendrían, de por sí, un status de verdad cuyo cuestionamiento sería inmoral. 

Uno de los objetivos de esta pieza es señalar falencias en el movimiento sin ridiculizarlo, ni deshumanizar a quienes padecen las injusticias que el movimiento aspira a erradicar.

Escribo desde un país cuya tasa de suicidios es desproporcionalmente masculina. Según un estudio de la Asociación para Polítcas Públicas, basado en cifras del Ministerio de Salud, entre 1997 y 2012, el 79% de quienes cometieron suicidio fueron hombres. Si consideramos cifras similares a nivel mundial, esta desproporción no es una rareza.

Mientras las mujeres son más propensas que los hombres a ser asesinadas por sus parejas, en general, los hombres son significativamente más propensos a ser asesinados.

El 86% de las víctimas de homicidio en el período comprendido, fueron hombres.

homicidiossuicidios

Esto puede deberse a una miríada de factores.

En lo relativo al suicidio:

Nuestro sistema de salud mental es profundamente deficiente. Entre las deficiencias más graves está la imperancia de las prácticas psicoanaláticas y de “psiquiatría cosmética”; entre las de menor impacto directo sobre el paciente, está la escacez de data estadística clara sobre el acceso a los servicios de salud mental.

Si tomamos  los estudios irlandeses y australianos al respecto, como representativos de todo Occidente, podemos inferir que la alta tasa de suicidios se relaciona, para comenzar, con la baja propensión de los hombres a buscar asistencia psicológica.

Con respecto a la tasa de homicidio, se puede especular ampliamente. Ahora, en particular, inferiría los siguientes posibles factores:

  • Los hombres son más propensos a ponerse en situaciones de riesgo que las mujeres (lo cual tiene cierta base biológica, y es sólo vigorizado por el contexto, no establecido).
  • Relacionado a esto está el hecho de que los hombres son, por lo general, más propensos que las mujeres a resolver conflictos violentamente.
  • Considerando que la mayoría de los homicidas son hombres – Puede que, independientemente de si existe o no tal diferencia, la manera en la que los hombres se violentan mutuamente sea más propensa a ser letal, que la manera en la que las mujeres se violentan mutuamente.
  • Los hombres son más propensos que las mujeres a sufrir robos violentos. La mayoría de las muertes por armas de fuego en el período en cuestión, se dieron en ocasiones de robo y tuvieron a hombres como víctimas.

Históricamente, las vidas de los hombres han sido percibidas como descartables. Como dijo Warren Farrell,  “Toda sociedad sobrevivió  gracias a su habilidad de enseñarle a sus hijos [y, en particular, agregaría, a sus hijos pobres], a ser descartables.”

Por lo tanto, está acendrada una mayor propensión a violentar letalmente a hombres, al percibírselos como menos valiosos. Los cuerpos de las mujeres son “preciosos”, son “fuente de vida”. Los cuerpos de los hombres rara vez son condecorados con tales calificativos.

Obviamente, estas no son sino especulaciones. Este es el tipo de asuntos que uno percibe en la cultura, y que parecen tener sentido, pero que son difíciles de probar científicamente. Por otra parte, hay otros factores a considerar. Por ejemplo, nuestro contexto sociopolítico, nuestras altas tasas de delincuencia, y las condiciones de vida de la mayoría de las víctimas. Pero, ¿Por qué nuestras altas tasas de delincuencia se llevan más vidas de hombres que de mujeres?

La mayor propensión a sufrir violencia letal y la mayor propensión al suicidio son sólo dos inequidades en una lista extensa:

  • La mayoría de las víctimas fatales de accidentes de trabajo son hombres. Según la OIT, “…A excepción de la agricultura, los sectores y empleos más peligrosos del mundo ocupan una mano de obra predominantemente masculina. La OIT estima que, mundialmente, alrededor del 80 por ciento de los accidentes relacionados con el trabajo afectan a los hombres. En países de altos ingresos, esta cifra es del 86 por ciento…”
  • Mientras la ONU lucha por erradicar la circuncisión femenina, presentándola como una violación de la integridad corporal de las mujeres, la circunsición de infantes varones no está siendo condenada más que en Islandia. Se trata de una violación del consentimiento y de la integridad corporal equivalente, aunque, por lo general, no sea una intervención tan riesgosa e invalidante como la circunsición femenina.
  • La población indigente occidental está, mayoritariamente compuesta por hombres. Se ha estimado que el 85% de los indigentes españoles son hombres, mientras que, en Norteamérica, se estima un piso de indigencia masculina del 75%.
  • Los refugios para hombres víctimas de violencia doméstica son escasísimos y, en algunos países, ni siquiera existen. Todos los refugios para víctimas de violencia doméstica del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires son refugios para mujeres y sus hijos.
  • Las redes de contención para víctimas de violencia de género son establecidas teniendo a las mujeres en mente. Son programas destinados a mujeres, no a víctimas independientemente de su género. Cuando de violencia doméstica se trata, se presenta a las mujeres como víctimas y a los hombres como victimarios, cuando bien podría darse lo contrario.
  • Se cree absurdo que a alguien pueda provocársele una erección sin su consentimiento y que, por lo tanto, un hombre pueda ser físicamente reducido y forzado a penetrar. Uno restringe el flujo sanguíneo en la base del pene, y el pene se erecta. Un hombre que es estimulado analmente sin su consentimiento, podría tener una erección y eyacular. ¿Evidenciaría eso goce? No, en absoluto. Los cuerpos funcionan. En conversación con la psiquiatra forense Anne Salter, un pederasta serial mencionó que uno de los mantras justificativos del abuso, que se repetía para poder tolerar lo que estaba haciendo, involucraba el hecho de que sus víctimas  tenían erecciones durante la violación.
  • Se felicita a las víctimas masculinas de abuso infantil, que fueron victimizadas por mujeres. Sus experiencias son deformadas en fantasías masturbatorias. Este será el caso, particularmente, si fueron victimizados por mujeres atractivas. (Ver, por ejemplo, los comentarios en las siguientes publicaciones: e,f,g)
  • Los tribunales de familia tienden a estar sesgados a favor de las mujeres y de las madres, funcionando sobre la creencia de que las mujeres están mejor calificadas que los hombres para cuidar de niños, incluso de niños que ya han superado la etapa de lactancia, por lo que no dependen del cuerpo de su madre para su alimentación.
  • Mientras se está luchando por el derecho de una mujer a decidir sobre si continuar o finalizar un embarazo, nada se está diciendo sobre el derecho de un hombre a optar fuera de la paternidad, tras la concepción. El hombre que “se borra” es “una rata”, que debe “hacerse cargo”. Este doble estándar es sufrido, incluso, en nuestros bastiones de progresismo occidental.
  • Es tremendamente fácil para una mujer, destrozar la vida de un hombre con una denuncia de abuso falsa. En lugar de suspenderse el juicio cuando la evidencia es insuficiente, y dejar que el sistema judicial decida, se condena al presunto abusador, y se beatifica a la presunta víctima. Esto, por supuesto, no es virtuoso sino estúpido. Esa manera de tratar acusaciones de abuso sexual, se llevó la vida de esclavos negros inocentes, en los Estados Unidos esclavistas. Es más, hoy en día, en ciertos nichos sueños, “Niggers are raping our women” continúa siendo un punto propagandístico venenoso y peligrosísimo. (Léase h)

Como, a comienzos del Siglo XX, algunas mujeres se agremiaron en pos de la resolución de ciertas inequidades, (en un movimiento que fue, parcialmente, clasista y racista – léase); los hombres han intentado agruparse entorno a estos asuntos.

El Movimiento por los derechos de los hombres tiene una historia de cuarenta años. Si bien existe acotadamente en India y Latinoamérica, se desarrolló mayoritariamente en el mundo anglosajón, y gracias a internet.

Además de las problemáticas anteriormente mencionadas, conciernen al Men’s Rights Movement (MRM) aquello a lo que podemos referir como brecha penal de género (la tendencia a punir más levemente a mujeres que a hombres, por un mismo delito); y, en Estados Unidos, el hecho de que el derecho a voto de la población masculina esté condicionado por la conscripción. Votar, para los hombres norteamericanos, tiene un costo, deben dar su consentimiento previo para ser arrojados dentro de la máquina de picar carne de la guerra, si la superpotencia lo necesita.

Tal costo no existe para las mujeres, y el movimiento sufragista se aseguró de que no existiese.

Es menester acotar: El Southern Poverty Law Center (SPLC) ha declarado a los grupos pertenecientes al MRM, grupos de odio.

Considerando que los reclamos son acertados, que las problemáticas sobre las que se reclama existen, y que la preocupación por la igualdad de género está creciendo en popularidad: ¿Por qué la mayoría de la gente no ha escuchado hablar del Movimiento por los Derechos de los Hombres? y ¿Por qué, quienes están involucrados en activismo por los derechos humanos lo vilifican o desprecian?

Algunos motivos son internos, otros externos.

Como el feminismo, el masculinismo no es monolítico. Cuando se refiere a “el feminismo”, se refiere a tendencias mayoritarias dentro del movimiento. A eso me referiré cuando me refiera al masculinismo.

Y esta no será más que la explicación de una serie de conclusiones a las que he arribado, estando involucrado en el MRM, y sugerencias.

Entre los factores externos (aquellos a los que referiré en el apartado “Masculinismo y feminismo”), están la noción de los hombres como entes opresivos de un sistema diseñado por y para ellos; y entre los factores internos al movimiento están cierta ineptitud óptica, y bolsones de misoginia y homofobia.

Oh, bueno:

¿Qué se está comiendo al Movimiento por los Derechos de los Hombres?

( o Por qué abandonar el tradicionalismo)

Para comenzar, una sociedad que le dice a los muchachos víctimas de violación que “se relajen y disfruten”, y enseña a “poner huevos” y “no quejarse”.

Es costumbre forzar a los hombres a tolerar lo inhumano. Durante el Siglo XX, se  fortaleció la tradición de enviar a niños a morir en túneles de barro infestados de ratas, por ideales que podían ser irrelevancias crípticas en la vida de una mujer.

Las mujeres eran estúpidas, inútiles, pero valiosas, así que a la mujer de clase media se le demandaban banalidades, y, si las cumplía, su vida sería un extenso letargo interrumpido, cada manojo de años, por el destripamiento de un parto.

Sólo la pasabas mal si necesitabas abortar, trabajar, o tenías un espíritu. Pero, como dijo Joyce Carol Oates, estúpida y horriblemente, mientras los hombres guerreaban, las mujeres estaban en casa tejiendo y enviándoles cartas románticas. Es un horror. El lugar de la mujer como proveedora de comfort y formadora del hogar durante una crisis es un lugar de privilegio.  Hay algo que celebrar en la inserción de las mujeres a las fuerzas armadas, desde la Segunda Guerra Mundial en adelante.

Un activista por los derechos de los hombres tiene que esforzarse mucho más que una feminista. Al menos, ese es el caso hoy en día. Es fácil concebir a las mujeres como víctimas. Las mujeres son víctimas, pero qué bonitas cuando luchan <3, hay que apoyarlas, hay que protegerlas, hay que servirlas.

Una buena porción de la variante latinoamericana del movimiento convalida a hómofobos y a sus teorías conspirativas sobre ” la ideología de género”, haciendo con las minorías sexuales lo mismo que quienes se oponen al masculinismo tienden a hacer: Incurrir en la burla y la vilificación,  haciendo presunciones con escasos conocimientos, en lugar de intentar comprender y tender puentes. No saben hacer política. Saben “provocar”, antagonizar, “ofender a las feminazis”, pero un movimiento cuyos beneficiarios serían los hombres que padecen enfermedades mentales, o que fueron víctimas de violación, o los padres cuyos hijos son rehenes de sus madres, es demasiado valioso, es demasiado necesario como para ser desperdiciado en narcisismo y fantasías persecutorias.

Algunos miembros del movimiento, honestamente resienten a las mujeres como categoría, por las fallas de algunas mujeres en su vida. No hay forma de activismo más impopular que aquella que consiste en la proyección de resentimientos personales sobre la sociedad entera, en la formulación de teorías e intentos de principios generales histéricos.

Cierto artículo publicado en el Intelligence Report del SPLC, en 2012, contiene algunos señalamientos interesantes, sobre las falencias del movimiento, pero en esos señalamientos, se pierde la causa:

“…un submundo de misóginos que detestan a las mujeres y cuya furia va más allá de la crítica de los tribunales de familia, las leyes sobre violencia doméstica, y las acusaciones de violación falsas. Hay, literalmente, cientos de sitios, blogs y foros dedicados a atacar, virtualmente, a todas las mujeres (o, al menos, a las Occidentalizadas) (…) Mientras algunos de ellos expresan preocupaciones legítimas y a veces perturbadoras, sobre el trato a los hombres, lo que es más llamativo es el tono misógino que prevade tantas de estas. Las mujeres son rutinariamente injuriadas como putas, arribistas (…) y hombres hombres demasiado simpatéticos [a la causa feminista] son apodados ‘manginas’; y se dice que los policías y otros oficiales son sus habilitadores armados. Incluso [Andrew] Ball – que no culpaba directamente a su ex-esposa por sus problemas, sino que presentaba a ella y a sus tres hijos como otras víctimas de las autoridades -vilificaba a las ‘feministas misándricas’ como viles destructoras de todo lo bueno…”

Esta pieza es deficiente, como la mayoría de las piezas izquierdistas sobre el MRM lo son. El tono es “Oh, bueno, estos hombres tienen algunas perturbadoras denuncias sobre trato sexista, pero son anti-feministas y resienten a las mujeres. Rescatemos lo importante del asunto: Los chistes sobre ‘manginas’ que hacen en sus foros.”

Parte del MRM devino en una serie de grupos de MGTOW: Men going their own way (Hombres tomando su propio camino).

El sitio web del movimiento, lo presenta como:

“…una declaración de posesión de uno mismo, en la que el hombre moderno preserva y protege su propia soberanía sobre cualquier otra cosa. Es la manifestación de la palabra ‘No’. Rechazando tontas percepciones y definiciones culturales de lo que un ‘hombre’ es. (…) Negándose a postrarse, servir y arrodillarse por la oportunidad de ser tratado como un bien descartable…”

 Los MGTOW protestan que las dinámicas romántico-sexuales actuales están sesgadas a favor de las mujeres, y arguyen que es preferible para los hombres abstenerse de participar en ellas. De hecho, grandes hombres a los que Occidente se debe, nunca se casaron. A estos grandes hombres se le ha dedicado una sección en el hermosamente diseñado sitio web del movimiento. Ignórese el hecho de que algunas de las figuras loadas tuvieron sus intentos románticos frustrados por padecimientos psiquiátricos (este fue el caso de Vincent Van Gogh)  o eran homosexuales (Ludwig Wittgenstein).

Una subsección de MGTOW, está compuesta por Incels, hombres jóvenes “involuntariamente célibes”, que son vulnerables, se odian a sí mismos, a las mujeres que los rechazan, y a los hombres con los que estas salen.

El activismo masculinista que un Incel puede hacer, va a estar contaminado por su misoginia y su odio hacia los hombres que cumplen con las expectativas sociales de masculinidad. Será lo que es al feminismo el activismo de una mujer “disidente” de los cánones de belleza, incapaz de encontrar un novio.

Es importante comprender el componente patológico de tal grado de alienación, y el clima sociocultural que lo condiciona; pero debe trazarse la línea.

No tenemos lo que permite al feminismo lidiar con sus elementos tóxicos: Una larga historia de victorias palpables, más de un siglo de influencia en la cultura, que alzó a las mujeres burguesas y, por derrame, también a las pobres; y no tenemos las voces que el feminismo tuvo. Paul Elam, líder de A Voice for Men, y una de las mayores figuras del masculinismo anglosajón puede parecer más una feminista de campus con problemas de regulación del humor no tratados, que Virginia Woolf. Ha escrito un artículo culpabilizando a las víctimas de violación, ha creado un registro público escrachoso de mujeres que “arruinaron la vida hombres inocentes”, y ha hecho chistes sexistas y humillantes sobre su oposición, en un contexto de camaradería masculina etílica, como si eso ayudase.

Nosotros no tenemos a Virginia Woolf. Si bien el feminismo académico es una máquina de producir pseudociencia, a lo largo de la historia, ha sido esposado racionalmente por gente a la que se reconoce como de intelecto loable. El masculinismo carece de estas cucardas. El masculinismo carece de cuadros respetables. Elam explica brillantemente las bases de la causa, pero, como dicen los anglosajones, no para de meterse el pie en la boca.

Oh, a mediados del párrafo anterior, aludí a la inequidad entre potenciales beneficiarios de la solución de brechas de género:

Hay asuntos que exceden la dimensión de género. Como las mujeres son tratadas como ganado, los hombres lo son. Me corrijo: Como las mujeres pobres son tratadas como ganado, los hombres pobres lo son.

Términos que a menudo son asociados con pseudociencia feminista y victimización táctica, representan marcos teóricos que necesitamos tener en cuenta, porque hacen a una visión más amplia de una realidad compleja.

El activismo efectivo y realista, es interseccional. Mientras algunos de estos problemas recaen sobre todos los hombres, afectan más profundamente a hombres pobres.

 

Por otra parte, hay algo inherentemente contradictorio en el discurso de algunos nichos masculinistas contemporáneos, particularmente de aquellos que crecieron entorno al discurso motivacional de Jordan Peterson, que es de cepa tradicionalista.

Hace algunos párrafos, cuando traté la obligación bélica masculina en contraste con la apacibilidad doméstica de las mujeres burguesas, aludí a una estructura de género tradicional. El hombre es fuerte, el hombre es capaz, el hombre puede y en consecuencia está obligado a cargar el peso del mundo. La mujer es una niña pos-pubescente, es incapaz, fue hecha para fundar a su alrededor un hogar, y para cuidar de niños. No puede ni debe hacer mucho más. No habrá para ella (sea quien sea), felicidad mayor que aquella de ser madre.

Esta estructura no sólo oprime a las mujeres, sino también a los hombres. Las mujeres son capaces. Los hombres no tienen que tolerar solos y servir a las mujeres como si fuesen niñas. La noción de los hombres como tutores de las mujeres tiene como eventual consecuencia la justificación de la violencia doméstica, porque a las mujeres “hay que tenerlas cortitas y educarlas”.

La fantasía tradicionalista de la familia nuclear cuyo lider carga todo el peso del mundo, es parte del problema. Y este problema se agrava, en añadidura a la noción de la heterosexualidad que profesa el tradicionalismo: Aquella de la heterosexualidad no como una orientación sexual, sino como una obligación moral.

La causa masculinista bien podría sintetizarse de la manera siguiente: Los hombres son personas, por lo tanto tienen ciertas vulnerabilidades para las que hay que hacer concesiones. No merecen menos ni más derechos que las mujeres. Si son viles, peligrosos, o violentos, lo son en cuanto a individuos, no en cuanto a hombres, como las mujeres que exhiben estas características lo son.

En pos de cambiar esto, deben cambiarse imaginarios sociales con respecto a la masculinidad, para luego cambiar la ley. Parafraseando a Andrew Breitbart, que entendía una cosa u otra, como la política fluye desde la cultura, también lo hace la ley.

La Cuestión Homosexual

La relación de algunos sectores del masculinismo con las personas LGBT es ambigua.

Los Varones Unidos uruguayos que condenan acertadamente la bienvenida a su país de un representante del gobierno iraní, acusándolo de homófobo y transfóbico, presentan como críticos lúcidos de la estupidez izquierdista a Nicolás Márquez y Agustín Laje, quienes no han expresado más que repugnancia hacia los homosexuales y los transexuales. En particular, recuerdo una, francamente, deprimente diatriba homófoba , escrita por Nicolás Márquez. Es una suerte de breve historia del movimiento LGBT en Argentina, narrada por alguien que odia a los homosexuales y a los transexuales. Es un ejercicio despreciativo. Destila veneno. No es políticamente constructivo, no es serio, y carece del poder de convencer a alguien que no esté ya convencido. A menudo se critica, acertadamente, al feminismo, por su bajísima calidad argumentativa. Márquez dista de fijar un estándar.

Gustaría de ahorrarle la lectura de la pieza entera a quienes no estén muy interesados en ella. Me es complicado hacer una selección de citas particularmente oproviosas. Sintetizándola: La homosexualidad debe desarrollarse sólo en la esfera privada. No hay nada que celebrar en el activismo LGBT anti-estatista, no existió. Todos los putos quieren un Estado grande que celebre su locura anal. Nada en público. Sé puto, pero que yo no lo sepa. Muchos homosexuales tienen VIH, son drogadictos y se esfuerzan en morir jóvenes. Buenas tardes.

Las feministas occidentales, por razones que no comprendo, tienden a ser apologistas de los régimenes islámicos. Yo mismo cuestiono esta evidente contradicción, y tiendo a apoyar a quienes lo hacen. Pero, en casos como estos, el cuestionamiento no es consecuente con las convicciones de quienes lo emiten.

Varones Unidos no es pro-LGBT, un grupo pro-LGBT no brinda plataformas celebratorias a homófobos, y un grupo pro-LGBT no se opone a los derechos de la gente trans, alimentando la teoría conspirativa de la “ideología de género”.

¿Qué está sucediendo aquí? Varones Unidos, como muchos otros actores masculinistas, está funcionando bajo dos líneas discursivas contradictorias. Una, se plantea en pos de colisionar con el feminismo, la otra es la que fomentan cuando no están participando de un juego oportunista de oposiciones: Las feministas avalan al islamismo. El islamismo condena a los homosexuales. ¡¿Cómo se atreven a avalar al islamismo homófobo?! / La teoría de género está presentando la homosexualidad y la transexualidad como naturales. ¡Son, cuando no una grave enfermedad mental, una farsa posmoderna para destruír Occidente!

Los derechos de los hombres son también los derechos de los hombres homosexuales y transexuales. Un Movimiento por los Derechos de los Hombres heteronormativo, será deficiente. Para tratar asuntos tales como la tasa de suicidios masculinizada, debemos tener en consideración el estrés que padecen hombres homo y transexuales. Y para cambiar creencias misándricas que han sido naturalizadas, tales como aquella de que los hombres no pueden controlar su deseo sexual y es un peligro dejarlos solos con niños; debe tratarse también la creencia de que todos los hombres homosexuales padecemos un líbido incontrolable que nos haría inviables como padres.

Masculinismo y feminismo

La hostilidad infantil contra el feminismo, corroe el movimiento. ¿Es el feminismo perfecto? En absoluto, y dedicaré este apartado a explicar por qué no soy feminista. Pero intentar intimidar con ataques personales a las feministas, o referirse a ellas como “feminazis” es estúpido e inútil.

Me es gracioso, además, que agrupaciones que utilizan imágenes que han sido cooptadas por el neo-nazismo dapper (El emoji de la rana Pepe, esculturas grecoromanas…), y cuyos portavoces están obsesionados con “preservar la civilización occidental”, se refieran a sus opositores como nazis. Es un término peligroso que arrojar allí afuera, porque enrarece el ambiente y trunca conversaciones.

Las causas masculinistas van a fortalecerse, en cuanto el movimiento que las profesa gane un peso propio, y deje de desperdiciarse en estupideces reactivas. No deberíamos ser, meramente, una respuesta opositora al feminismo, sino un eventual aliado, que funcione como filtro de malas ideas y contrapunto discursivo.

Ciertas ramas del feminismo son explícitamente misándricas. Es más, la dialéctica inspirada en el marxismo bajo la que opera actualmente el feminismo, es factualmente errónea y perniciosa.

La dicotomía entre burguesía y proletariado es clarísima. Es irrevocable. Yo mismo no soy marxista, y menos que menos comunista, al no ser colectivista, para comenzar. Pero no puedo negar la relevancia y el poder explicativo de la teoría marxista.

No hay ocasión, no hay contexto en el que un burgués preferiría ser proletario. El privilegio de clase es total, toca toda faceta de la vida de un individuo. No hay ganancia en ser pobre, y no hay pérdida proporcional en ser rico.

Frente a un tribunal, con una acusación de violación pendiéndole a uno sobre la cabeza, le sería preferible ser una mujer. Tras haber golpeado gravemente a una pareja, es más conveniente ser una mujer. Reclamando derechos parentales, es mejor ser una mujer. Tras haber sufrido violación, es mejor ser una mujer. Retornando a casa de noche y a pie, es técnicamente mejor ser una mujer. Si bien una mujer estará más asustada que un hombre, sus chances de ser víctima de un crimen violento son mucho más escuetas.

Un hombre que fue abusado por una mujer, por ejemplo, está lidiando con una pesadísima batería de problemas. Para comenzar, será complicado que le crean que lo que le sucedió fue una vejación. Esto, probablemente lo haga aún menos propenso a recibir ayuda profesional, si está lidiando con patologías consecuentes con el trauma.

El único movimiento cultural relevante que está tratando el abuso sexual e intentando reinvindicar a las víctimas, es uno que lo considera un opresor y un cerdo, que, de ser acusado de abuso él mismo, debería ser automáticamente condenado como culpable.

Algunos pequeños grupos dentro del movimiento feminista, se dedican a advocar no por los hombres, sino entre los hombres (Véanse, los grupos de Varones Antipatriarcales). El varón, más que la mujer, debe “deconstruírse”, “cuestionar sus privilegios”, y desmasculinizarse.  La masculinidad es presentada como peligrosa, violenta, e indeseable. Comportamientos patológicos son presentados como formas “tóxicas” de la masculinidad, y reducidos a fallas de carácter o meramente, a falencias culturales, no a síntomas de desequilibrios químicos.

Un enfermo psiquiátrico que quedó a cuidados de su madre tras la desmanicomización de nuestro sistema de salud, y que fue encontrado masturbándose en un subte, es un hijo sano del patiarcado.

El feminismo contemporáneo es factualmente deficiente y estratégicamente inepto. Su marco teórico es una simplificación tan brusca de los hechos que es inútil. Su diagnóstico de la realidad social es errado. Aquí ni siquiera estoy involucrando otras dos grandes fallas: La negación de la base neurológica de tendencias generales en el  comportamiento de hombres y mujeres (que es también la negación de la base neurológica de la transexualidad); y sus tendencias al autoritarismo  y la censura.

Por otra parte, no se puede advocar por la igualdad, vilificando a la mitad de la humanidad, y arrojándole luego un huesillo de empatía, cuando señalan el carácter nefasto de lo que estás haciendo.

El masculinismo contemporáneo no es meramente antifeminista, es antimujer. Y, sí, se puede estar a favor de la igualdad de los géneros, sin ser feminista.

Algunas problemáticas femeninas, como aquella del derecho a la terminación del embarazado, tienen una dimensión que involucra a los hombres, y que sería debido tratar.

Si una mujer tendrá derecho a un aborto, un hombre debería tener derecho a optar fuera de la paternidad. Si una mujer tiene derecho a negarse a la maternidad, previniendo el desarrollo y nacimiento de un niño, un hombre debería tener derecho a negarse a la paternidad y a los compromisos financieros que la paternidad involucra.

Algunos masculinistas tradicionalistas no quieren vivir en una sociedad en la que esas sean opciones legalmente reconocidas. Consideran al aborto un delito repulsivo, y a optar fuera de la paternidad, una muestra de cobardía.

Por mi parte, creo debido proteger los proyectos, esperanzas, y recursos de un hombre de ser vulnerados por la decisión de una mujer a no tener un aborto, como debemos proteger el cuerpo, los proyectos, y las esperanzas de una mujer, del deseo paternal de un hombre. No entiendo cómo “Cogiste, hacete cargo” es algo indecente que decirle a una mujer embarazada, pero debido que decirle a un hombre que consintió a la relación sexual, pero no a la concepción.

¿En qué podríamos convertirnos?

Como las feministas, los masculinistas podrían, eventualmente, comenzar a proponer la censura de contenido que perciban como sexista.  Estamos lidiando con creencias, la creencia de que los hombres son x, o que se comportan/quieren x, y la legislación que les es consecuente. Quizás los inicios del MRM como un nicho marginal, ridiculizado y censurado, podrían prevenir la eventual censura e invalidación burlona de la oposición, pero uno no tendría por qué estar seguro de ello.

Pero, una vez ciertos objetivos sean alcanzados, quizás suceda lo mismo que le sucedió al feminismo, cuando su activismo comenzó a ocuparse obsesivamente por detectar sutilezas discriminatorias, para, tarde o temprano, comenzar a reconocerlas donde no existen. Esta preocupación por lo opresivo en lo banal, va mano en mano con la mercantilización de la causa. Eso es, la reducción del movimiento a un manojo de lemas “copados” que no significan nada, pero quedan bien en camisetas (“Ni tuya ni yuta”, por ejemplo). Creo que, en el caso del feminismo, este vaciamiento político culminará tras la legalización del aborto.

Básicamente,

un movimiento que vele por los derechos de los hombres, reconociendo las condiciones dificultosas que afrontamos, es necesario. Quienes utilizan la causa masculinista para parapetarse contra toda propuesta feminista o reclamo LGBT y defender una fantasía suburbana de familia nuclear de estructura piramidal, no están ayudando.

Muchas de las dificultades que las mujeres afrontaron tienen un correlato de dificultades que los hombres afrontaron. Negar los problemas de las mujeres en un intento de redirigir la atención pública hacia las causas masculinas, no funciona. Al público general parece importarle más la negación de las dificultades femeninas, que aquellas dificultades masculinas que vayan a señalarse.

Por otra parte, como un feminismo excluyente de las minorías sexuales es un feminismo deficiente, un masculinismo excluyente de las minorías sexuales es deficiente. Nos repugna la idea de que toda persona que porte un pene, desde la pubertad en adelante, tiene deseos sexuales casi incontrolables que la hace peligrosa. No podemos intentar vender la idea de que a las mujeres transgénero no debería permitírseles usar baños femeninos porque podrían poner en riesgo la integridad sexual de otras mujeres. Si un pene no hace a un violador, tampoco hace a una violadora.

La vilificación del sexo opuesto y de las minorías sexuales no sólo es factualmente feble, sino también políticamente estúpida. Al menos, en lo que a dinámica de género refiere, no hay un grupo de opresores y un grupo de oprimidos. Debemos hermanarnos en pos de la resolución de una miríada de problemáticas que, de alguna u otra manera, nos afectan a todos.

 

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2 thoughts on “ El Otro Oprimido: Sugerencias para un masculinismo progresista ”

  1. Muy buen artículo pero hay ciertos puntos en los que me parece que no estás en lo correcto, o de alguna forma no consideras la realidad pura. Primer punto, estaría bueno que aclares o justifiquen con algunos casos los ejemplos de asesinatos según el genero, si bien hay una mayoría masculina en los asesinatos muy pocos deben ser por el simple hecho de ser hombres, como pasa con las mujeres. Puede ocurrir, como dijiste, que en robos suceda eso, en peleas con finales trágicos, pero es que viene un hombre y dice “¡Oh un hombre! Pienso que es inferior entonces voy a violarlo y asesinarlo”, eso justamente es lo que sucede con los homicidios a mujeres que hay, por eso es que se lucha. Segundo punto, las mujeres sufrimos de forma constante el dolor de caminar por la calle con el miedo de que un hombre nos acose, y en el peor de los casos, que nos violen. A mi como mujer me ha tocado vivir situaciones realmente desagradables, desde el acoso hasta situaciones sexuales no deseadas. Algo con lo que las mujeres debemos vivir es con el temor de que una camioneta se frene bruscamente al lado nuestro y nos lleve a la trata. Si bien existe la trata masculina y no le quito importancia, en el caso de las mujeres es mucho mayor, no creo que haga falta aclarar el porqué. Tercer punto, es el aborto, una mujer debería tener todo el derecho de abortar porque ¿qué sucede? En muchos casos los padres del hijo abandonan a la madre dejándola sola para la crianza y todos los gastos, y NADIE hace nada con respecto a eso. Un hombre puede irse tranquilamente a vivir su vida pero la mujer debe tener al hijo por “abrir las piernas”. Si bien estoy de acuerdo con que si una parte de los padres no quiere tener al hijo y la otra si debería existir el derecho de abandonar al hijo una vez nacido con la parte que si lo desea; pero si se encuentra todavía en el vientre materno y esta decide no querer tenerlo, debería estar en todo el derecho de abortarlo.
    No me identifico como una feminista moderna, pero si como feminista. Apoyo las lucha que se está llevando a cabo pero sin la connotación meramente política que predican estás, y considero que algunas acciones que realizaron en nombres de las feministas son aborrecibles, como por ejemplo la ruptura de objetos estatales y patrimonios nacionales. Considero que todo puede lograrse de una forma pacifica y con eficacia.

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    1. Buenas. Aprecio tu comentario y concordamos en el asunto de la destrucción de patrimonio estatal.

      Por otra parte:

      Argüiría que los hombres que violentan a mujeres no lo hacen porque son mujeres. Su género es accidental. Lo hacen porque tienen una relación disfuncional para con el objeto de su deseo. Son heterosexuales, entonces son violentos con las mujeres, pero esa violencia no es consecuente con una noción de las mujeres como cosas, sino de aquel a quien se desea como una cosa, y del deseo sexual como posesivo.

      Podría señalarse que la mayoría de las víctimas de violación son mujeres. Esto no es cierto. Si sólo consideramos la población en libertad, las mujeres son violadas más a menudo que los hombres, pero si consideramos la población carcelaria también, la mayoría de las víctimas de violación son hombres.

      Con respecto al acoso callejero: Soy amigo de mujeres jóvenes que constantemente reciben atención sexual indeseada en la vía pública. A pesar de esto, la posibilidad de que esa atención sexual escale hasta convertirse en violencia física, es escueta. O, al menos, más escueta que la posibilidad que tiene un hombre de sufrir un robo violento. Las mujeres tienen más miedo pero la vía pública no les es más peligrosa. Aquí se está lidiando, a mi parecer, con una brecha entre el peligro que se percibe y el que existe realmente. No estoy diciendo que estas cosas no pasen, ni quiero justificar el abuso verbal. Justamente, el abuso verbal constante es el que le da a las mujeres esta sensación de que la violencia es inminente.

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