Esta no pretende sino ser una respuesta corta a un post de Facebook, que, si bien ha tenido una difusión humilde, tomaré como una oportunidad para tratar argumentos contra el comercio sexual independiente, que lo exceden en popularidad.

En el post en cuestión, Varvara Fioletovi arguye que el trabajo sexual no debería ser considerado como trabajo, sino como abuso y explotación, incluso cuando es voluntario y autónomo. He seleccionado los pasajes que, consideré, mejor representaban su posición, en pos de responder a sus mayores preocupaciones.

Fioletovi comienza comparando la situación de un albañil, con aquella de una prostituta.

“… es preciso discernir entre la trabajadora, la mercancía y la fuerza de trabajo. El albañil no es albañil porque el patrón le agarra las manos y lo hace martillar, y el patrón no es tal por usar, manipular, el cuerpo del albañil. Este compra su energía — la del trabajador — y su habilidad para producir algo material: compra su fuerza de trabajo. El empleador, llamele burgués, llamele patrón, llamele empresario, tampoco pretende usar el cuerpo del albañil para golpearlo, insultarlo, estrangularlo, mearlo y hacerle cuánta cosa se nos pueda ocurrir, que es parte de lo que sucede en la industria sexual…”

Unos párrafos luego, Fioletovi plantea:

“ En la prostitución usan tu cuerpo como mercancía, lo que se compra es la persona misma. Esto implica que no se puede ser trabajador(a) y mercancía al mismo tiempo porque no se puede ser sujeto y objeto a la vez.”

Es cierto, el patrón compra la fuerza de trabajo del albañil, quien entonces llevará a cabo tareas, en su mayoría, físicamente riesgosas, en pos de la confección de una mercancía.

Según un estudio, entre 1992 y 2006, el 92% de quienes sufrieron accidentes de trabajo fatales, en suelo norteamericano, fueron hombres. Una gran mayoría de ellos, estaban empleados en la construcción.

Pero, no todo el mundo arriesga su vida en pos de la confección de una mercancía concreta, de un objeto. En Argentina, por ejemplo, la gran mayoría de la gente está empleada proveyendo servicios. Quienes trabajan en servicios, tienden a vender acciones. Venden acciones que, en muchas ocasiones, llevarán a cabo con sus cuerpos. Trabajadores de este estilo son los trabajadores sexuales. Que les paguen por hacer algo, y que en ese hacer esté el valor, no los convierte en objetos. Un trabajador sexual no vende su cuerpo como mercancía, sino sexo como un servicio.

Por otra parte, en algunas oportunidades, algunos trabajadores sexuales consienten a ser escupidos y estrangulados. Si estas acciones son llevadas a cabo contra su voluntad, un delito ha sido cometido. ¿Cómo es preferible ir a denunciar un delito? ¿Como una puta de mierda que va por ahí vendiendo su cuerpo, en lugar de estar en casa con sus hijos; o como una trabajadora registrada asociada a un sindicato, y cuya acitvidad de elección es considerada digna y válida? Los trabajadores de la industria sexual son abusados en numerosas ocasiones. Invisibilizarlos no resolverá el problema. Castigarlos no resolverá el problema. Tratarlos como si fuesen niños que no saben qué es mejor para ellos mismos, no resolverá el problema. Prohibir la producción de toda pornografía y todo comercio sexual, no sólo no resolverá el problema, sino que quizás vaya a agravarlo.

Fioletovi continúa:

“Fuera de las lógicas capitalistas donde el trabajo (asalariado) es trabajo dada la situación de explotación la prostitución tampoco constituye un trabajo (ni un servicio) porque de ninguna manera se constitiuye imprescindible para la reproducción de las condiciones de vida…”

Gentes cuyos trabajos son absolutamente prescindibles:

Los artistas, los curadores, los escritores, los deportistas, sus entrenadores, los modistos, los peluqueros, los diseñadores de moda, los depiladores, los manicuristas, los pasteleros, los paseadores de perros, los profesores de yoga, los baristas, los meseros, los artesanos que confeccionan objetos decorativos, los decoradores de interiores, los fotógrafos de bodas…

La lista continúa. El hecho de que una actividad no sea fundamental para el sustento de la vida, no imposibilita que sea un trabajo. Por otra parte, algunos trabajadores sexuales lidian sólo con clientes de mobilidad reducida, y, con sus servicios, hacen a su calidad de vida, funcionando no sólo como prostitutos, sino también, si se quiere, casi como asistentes terapéuticos.

“…Por otro lado, en la relacion trabajador — burgués existe plusvalía, no así estrés post traumático…”

¡Ningún trabajador padece estrés post traumático debido a su actividad de elección! ¡No, nadie, nunca! Nadie, sin contar a los periodistas de guerralos bomberoslos policíastrabajadores de servicios de salud, ni a aquellos empleados en posiciones de combate en las fuerzas armadas.

He fallado en encontrar un estudio metodológicamente transparente, sobre el Síndrome de Estrés Post-Traumático, que haya tomado como demográfica de interés a los trabajadores sexuales, en general. He encontrado estudios interesantes sobre niños abusados que crecieron para, al no conseguir otra fuente de ingresos, ejercer el trabajo sexual, y he encontrado estudios sobre la prostitución y el SEPT en comunidades aborígenes australianas. No he encontrado nada sobre las prostitutas y los prostitutos, en general, todos los estudios citados han involucrado otros factores que turban las aguas, y los hacen inválidos, si queremos dilucidar si existe una correlación entre trabajo sexual y SEPT.

“…Los objetos carecen de voluntad. Es por esto que a la persona TRATAda como objeto y mercancía (cosificación y mercantilización), en el caso de la prostitución, así como sucede en otras industrias como la reproductiva, el consumidor — violador, el prostituyente, pretende que la persona en situación de prostitución, de mercantilización de su cuerpo, anule su propia voluntad, sus deseos, sus opiniones, en función del beneficio de los de él como consumidor, esto es violencia y se agrava con agresiones específicas, tales como golpizas o estrangulamientos a las que son sometidas las personas en situación de prostitución por parte de “los clientes”…”

Las putas autónomas eligen a sus clientes, no han perdido la capacidad de consentir y negociar los términos del sexo que tendrán. Por otra parte, al consentir, el trabajador sexual, a la transacción, referirse a su cliente como su violador es absurdo.

“…Estas últimas son algunas de las prácticas normalizadas por la erotización de la violencia promovida en gran medida por la pornografía y amparadas, al igual que toda esta industria, en la cultura de la violación, la precariedad de las condiciones materiales de vida, y las relaciones sociales de explotación y dominación inherentes a este sistema…”

Una pantomima de la violencia, llevada a cabo por adultos que consienten, es un crímen sin víctimas, por lo que no es una preocupación social.

Muchos trabajadores sexuales eligen su actividad al no tener acceso a otras opciones de empleo. Otros, eligen el comercio sexual porque les funciona. Son trabajadores autónomos, que llevan a cabo actividades que, o disfrutan, o les son trámites poco engorrosos, y que pueden ensamblar sus agendas como deseen, y mantener todo el dinero que obtienen para su propio sustento.

“…De esta manera el opresor / agresor coloca a la mujer a disposición de él, la convierte y TRATA como objeto, la convierte en un bien comprable y utilizable como lo eran las personas negras cuando la esclavitud era legal y constituía una institución jurídica en el derecho del Imperio Romano, y una persona que no puede manifestar su voluntad y no es tratada como persona, ¿cómo será sujeto de derechos? Será TRATAda como objeto. Los esclavos, no obstante, eran considerados bienes parte del patrimonio, es decir, no eran considerados personas, sin embargo tenían derecho a recibir herencias o a ser juzgados desde el derecho penal, algo que solo es aplicable a las personas físicas…”

El hecho de que refiera a “el agresor” y a “la mujer” sugiere que está funcionando bajo las convicciones de que los servicios sexuales son sólo requeridos por varones, y sólo provistos por mujeres, o quizás, de ser pernicioso el trabajo sexual, sólo lo sea para las mujeres, o sólo importe si lo es para los mujeres.

Por otra parte, el ejercicio del trabajo sexual no lo reduce a uno a un subhumano. Un puto, o una puta, no tiene su valor humano negado en el ejercicio de su actividad. Oh, bueno, puede tener sus derechos y su decencia cuestionados, cuando se acerca a una comisaría a denunciar que ha sufrido abusos, puede tener su inteligencia cuestionada en diatribas paternalistas, puede tener su condición de trabajador merecedor de seguridad social, cuestionada; pero no hay un cuestionamiento a su condición de ser humano con derechos inherentes e inalienables, meramente, en el ejercicio de la prostitución.

Para algunas gentes, prostituírse sería sucio, indigno, y traumático. Es mi caso. Yo mismo no podría hacerlo, pero el estándar de comportamiento que mis sensiblidades me fijan, no tendría por qué extenderse a la sociedad toda. No todo el mundo es como yo, y puedo vivir con eso.

Si alguien ejerce alegre, voluntariosa, e independientemente, el comercio sexual, una increpación, de mi parte, sería indebida.

Obviamente, no estoy refiriendo aquí a las víctimas de TRATA de personas. Ese es un asunto otro. Aquí estamos TRATAndo el comercio sexual independiente, y las potenciales consecuencias perniciosas que la autora del post que respondo, percibe, en el comercio sexual voluntario. La prostitución autónoma y la TRATA son problemáticas distintas, a pesar de que se quiera insertar a esta segunda, oblicuamente, en el argumento, mediante CAPITALIZACIONES.

“…En relación a esto, la persona en situación de prostitución seguirá, o puede seguir, no siendo consciente de que es TRATAda como objeto. Porque de eso se trata también: no reconocer ni ser consciente de tu propia condición de oprimida…”

¿Cómo es, una trabajadora independiente, que elige a sus clientes, y realiza su trabajo en términos con los que se siente cómoda, una víctima?

A menudo se refiere a la prostitución como la profesión más vieja del mundo. Lo es, y es un sueño de industria, porque tiene un piso de demanda garantizado.

El comercio sexual no va a desaparecer. Puede ser que no nos guste, y tenemos derecho a que nos guste, pero, como sociedad, debemos a todo el mundo, ciertas protecciones. La elección de ejercer el trabajo sexual independientemente es personal, y no viola los derechos de nadie. Al tratarse, la decisión tomada, de una económica, le debemos a quienes lo hagan, su formalización. El trabajo sexual debe ser formalizado como una actividad económica. Quienes lo ejercen deben estar protegidos bajo la ley como todo trabajador, y deben estar sujetos a impuestos como todo trabajador.

La formalización, también, simplificará la distinción entre trabajo sexual voluntario e involuntario. Robaré un dicho anglosajón: El trabajo sexual involuntario, una vez su contraparte se haya blanqueado, va a sobresalir como un pulgar lastimado.

Fotografía: Prostitutas en Time Square, fotografiadas por Leland Bobbé, circa 1970.

Originalmente publicado en Medium, el 1 de Octubre de 2017

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